‘A casa no regresan’. Por Amparo Montejano

A casa no regresan

“Al pasar la barca / me dijo el barquero / las niñas bonitas / no pagan dinero…”
<< Y ¿con qué pagan?… >>

Al palomar del pecho le hago siempre esa pregunta, y nunca sé qué responderme.

“Yo no soy bonita / ni lo quiero ser / tome usted los cuartos / y a pasarlo bien…”
<< ¿Lo pasa mal el barquero si pago?… >>

Y siento que mis dedos rebuscan, por entre la faltriquera, los reales que me urgen para cruzar el río.

<< ¡Yo los tengo! >>

Y los pongo apiladitos (uno encima del otro, para que le sea accesorio el contarlos) sobre la mano huesuda del anciano negro, que arrastra, con su inmensa espadilla, el verdín del río que una vez fue rojo y carecía de fondo…
El viejo que va velado, con su capirote en punta, cubierto con una extensa túnica de color metálico; el que boga, sin descanso, desde una orilla a la otra, recorriendo las agrias y espesas lindes que deja el Córneas sobre la tierra cerosa.
Y aunque nunca me habla ni pide dinero, la encomienda de Madre (cuando era madre) siempre fue la misma: <<¡No rechistes con él!, meniña¹, porque ese hombre ya era viejo siendo la abuela chica; dale los cuartos y arréate hasta el extremo opuesto del esquife; no lo mires ni requiebres ni tampoco ofendas. Y cuando te llegues al espigón, bájate en marcha del bote, porque el viejo ni lo amarra ni detiene. Ándate con ojo, filliña², que las mozas bonitas a casa no regresan.>>
Y eso hago, pues ni de reojo me atrevo a mirarle…

Porque, dicen las de aquí, que sólo es niebla de humo, que no es humano (aunque a nosotras se aparenta) y que, si acaso hubo un tiempo en que lo fue, mucha y muy grande tuvo que ser la ofensa para que El Maligno lo llamara por siempre— a servirle; cinglando silencioso (astil en popa) la funesta galera que cruza al Córneas; río que, mientras la Guerra³, se hizo bermellón para adoptar el color de lo que en su tiro flotaba: las retinas invertidas, sobre los iris acuosos, de los cientos de almas que a la aldea arrebataron…

Ni los unos ni los otros, ni los buenos ni los malos: ¡todos ellos culpables!, porque el odio se cebó con la tierra del hombre haciendo que, entre hermanos (como hojarasca fresca) prendiera la ojeriza; malquerencia que los llevó al rapto y al estupro de niñas y de mujeres: cuñadas, primas o sobrinas, que de un reborde eran rojas, y del otro, falangistas, y a las que, y después de forzarlas, les quemaban los pezones y las lenguas (como si fueran ganado en tiempo de marca). Y luego, y porque las más de ellas imploraban —sin lengua ni pecho— no contemplar el suplicio de las que eran más pequeñas, les arrancaban los ojos, que al río oscuro (de antiguo, llamado El Mirador) vertían.

“Al volver la barca / me volvió a decir / las niñas bonitas / no pagan aquí…”
<< ¿Cómo no han de hacerlo si todas quieren cruzar?… >>

Por eso yo ni le atiendo; monto en el bote, con los reales contados, y una prisa miedosa dentro del pecho; la cérvix gacha (como cuando Madre al hórreo entraba), y la ropa fría (por el gélido cierzo que abatana los huesos y descalza nieblas). Porque, cuando el infortunio es frecuente y las sombras zumban (como lo hace Madre), llegarse hasta el batel del viejo —del capirote— es la única salida… el único modo de encontrar a Luisa: la hermana chica que extravié en la noche, y que de seguro me espera en alguna de las vueltas que da el riacho.

Y él lo sabe, porque lo huele; porque inteligente y fiel —a su Amo—, bajo la capucha en punta oculta su larga trompa de perro, y los canes, por todos es sabido, olisquean el dolor, la oscuridad y la muerte; y yo huelo a tristeza (que desprende tufo a rancio) por haber soltado de la mano a Luisa (la noche en que vino Madre y la fileteó en el suelo).

“Yo no soy bonita / ni lo quiero ser / las niñas bonitas / …

Por eso a la balandra del viejo me llego cada día, rebuscando, por entre la faltriquera, los reales que preciso para cruzar el río.

<< ¡Yo los tengo! >>

Alejándome así de las que, como Madre, destripadas y sin cuartos —entre sus bordes— hostigan al que eternamente boga.
Y los pongo apiladitos, sobre la mano enjuta del Barquero, que arrastra, con su ingente remo, el verdín de un río que mana del fondo: de las negras esferas de las que somos malas y nos quedamos para siempre.

… se echan a perder.”
<< Y ¿yo? >>

Al nidal del pecho le hago esa pregunta, y no sé qué responderme.


¹ Término gallego para designar: “mi niña”.
² Término gallego para designar: “Hijita”.
³ La autora se refiere a la Guerra civil española (1936-1939).

©Todos los derechos de Amparo Montejano.

A casa no regresan amparo montejano

Amparo Montejano

Escritora de terror y ciencia ficción, nacida en el año 1975 en Castilla-La Mancha. Cursó estudios de Arte y Educación Infantil.

Tras dedicarse al costumbrismo, encontró en el revés del espejo de la literatura de género sobre todo de terrorel lienzo idóneo para expresar, a través de relatos y novelas cortas, lo más aciago y lóbrego inmerso dentro de la cotidianidad; una cotidianidad que encierra para la autora, el verdadero germen del terror.

Además, desde septiembre del 2016, ostenta exitosamente el cargo de directora de la plataforma web Círculo de Lovecraft destinada a la difusión gratuita y activa de la literatura de género. Es, igualmente, directora de la revista de descarga gratuita Círculo de Lovecraft. A su vez, colabora en el periódico digital El Magacín.

Es coordinadora y autora en la antología I am Providence, homenaje a H.P. Lovecraft, editada por Círculo de Lovecraft, cuyo relato El retorno de la bruja ha sido radioficcionado por el programa de podcast Noviembre Nocturno.

Algunos relatos suyos como El fútil vuelo del colibrí, A las ricas golosinas, Narcosis de un chiflado, Ardiendo a 113º Fahrenheit, Y la muerte los seguía, Una historia cósmica o el poema de horror Tambores, han sido publicados en revistas de género como Insomnia (Revista especializada en el universo de Stephen King), Penumbria, Revista Aeternum (Edición Peluches Malditos), NGC 3660 y Nictofilia.

Ha colaborado en las antologías Eliza, que ya no está y 14 relatos más de fantasmas (Grupo Amanecer editorial) con el cuento Tienes ojos y no los ves, y en Monstruosas (Tinta Púrpura Ediciones) con La envainadora de carne.

Finalista en el II Premio Ripley (2018) con el relato El monstruo de las galletas.

Finalista en Visiones 2019 (AEFCFT) con el relato El poeta de Hierro.

Enlaces

Entrevista de CosmoVersus a Amparo Montejano

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Un comentario sobre «‘A casa no regresan’. Por Amparo Montejano»

  1. Excelente metáfora de la violencia cotidiana ejercida por costumbre, como la sufrida tanto en la guerra como en la paz por las grandes victimas colaterales de todo conflicto: niños, niñas… mujeres. Felicidades.

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