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Revista de ciencia ficción y cultura

‘Azazel’ (1988), el diablillo de Isaac Asimov

Entre las novelas y sagas de ciencia ficción, cuentos de robots, misterio, ensayos… que Isaac Asimov escribió, también hay hueco para la fantasía. Prueba de ello es este libro, Azazel, que cuenta las fechorías de un diablillo de dos centímetros de estatura. Un ser entre la mitología y la hechicería que llega a este mundo a hacer el bien a través de su invocador.

Hay que probar de todo, y si no, que se lo digan al increíble Isaac Asimov, que se atrevió no solo a divulgar la ciencia y la historia y sus sagas de ciencia ficción. También se asomó al relato de fantasía y misterio. En esta ocasión me he acercado con prudencia a una novela, Azazel, donde el protagonista es un diminuto demonio. El libro forma un conjunto de diferentes historias unidas todas ellas por los mismos personajes clave: el narrador, un Asimov henchido de humor; George, un espontáneo colega del escritor, y Azazel, el demonio que éste ha invocado con los conjuros de un antiguo libro.

A pesar de que los capítulos se organizan según un esquema predeterminado y fácilmente identificable, resultan divertidos, y en su conjunto están narrados en un estilo más fresco que de costumbre en Asimov, repleto de humor, chistes -malos y verdes, algunos-, anécdotas y una dura crítica de Asimov a sí mismo en boca de su interlocutor, George Bitternut.

George Bitternut narra primero su historia, la historia de su linaje y apellido, lo cual no deja de ser curioso y educativo. Posiblemente este señor, de profesión lingüista, tenga algún cable suelto. Le confiesa a Asimov que ha invocado a Azazel -él lo llama así, pero en realidad su nombre es impronunciable para nuestras cuerdas vocales-, un demonio de tan solo dos centímetros de altura, y de color rojo. Al contrario de lo que podamos imaginar, Azazel no es maligno y hará lo posible por cumplir los deseos de su amo. Pero George no emplea los poderes de Azazel para su provecho, sino que cualquier persona con la que se cruce y necesite una ayuda, será motivo para que Azazel haga de las suyas.

El problema es que las veces que George intercede para que Azazel ponga en marcha sus poderes, el resultado no es todo lo correcto que debería ser. A causa de la poca comprensión acerca de las situaciones humanas que tiene el demonio, termina ocurriendo o bien lo contrario, o bien algo que provoca algún final inesperado y no siempre halagüeño para la “víctima” o para el propio George, quien aún así continúa con su intención de buen samaritano.

Los capítulos no pueden ser más cotidianos. Basados principalmente en problemas un tanto absurdos y rebuscados, transcurren principalmente en la ciudad, con gente corriente. En todas las narraciones, donde la historia de amistades y familiares de George es el centro de atención realmente, éste humilla y anula las virtudes de Asimov -entiéndase el Asimov de esta historia, no el real-. El desprecio es tangible, pero George no solo ataca a la menor ocasión la personalidad y trabajo de Asimov, sino que se aprovecha de las invitaciones, casi siempre obligadas, a desayunar o cenar, o cualquier otra comida del día, de las que Asimov debe hacerse cargo. Este aspecto hace sobresalir el tono humorístico del libro. Porque George es un cretino, un mentiroso y prepotente que pretende ocultar su complejo de fracasado.

Sobre Azazel, a veces hay dudas sobre su verdadera naturaleza. No cabe duda de que es un demonio, pero en ocasiones se le nombra como “extraterrestre”, o bien como “un ser de otro tiempo y lugar”. Él mismo habla de su “raza” o su “mundo”. También habla un idioma muy diferente y comenta costumbres propias de sus semejantes. A la hora de conjugar sus poderes emplea términos físicos y astronómicos, por lo que podría pensarse que incluso posee una cultura científica. Así que ahí se queda la duda.

Después de leer el final… poco puedo decir. Me esperaba algo más original porque realmente no existe como tal. Tan sencillo como que tras la última historia… no hay más. En este aspecto creo que Asimov se equivocó. Con un capítulo más a modo de epílogo podría haber rematado a George y a Azazel con algo inesperado, por decir algo. Pero se termina como empieza. No es que la narración siguiera un ritmo o argumento precisos, solo que se echa de menos el detalle de saber, por ejemplo, ¿qué pasa si Azazel se cansa de ser invocado por George? ¿Y si alguien descubre al pequeño ser? Como yo no soy el autor, dejemos que la imaginación de todos vaya más allá.


BIBLIOGRAFÍA

‘Azazel’, de Isaac Asimov. Plaza & Janés editores, S.A. 1989.

Traducción de Adolfo Marín.

Tapa blanda, 258 páginas.

ISBN: 84-01-32299-5

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