Cómo escribir con estilo. Kurt Vonnegut

Cómo escribir con estilo. Kurt Vonnegut regresa para continuar sus consejos de escritura. Esta semana se centra en el estilo de la narrativa. Y tiene mucho que decir.

Cómo escribir con estilo

La semana pasada Vonnegut nos planteaba consejos para crear y desarrollar una historia de la forma más auténtica y precisa posible: cómo escribir con estilo. En la segunda parte que os mostramos hoy, habla de una serie de planteamientos para crear estilo en la narrativa. Para ello, publicó en 1980 los siguientes consejos.

Kurt Vonnegut. Más consejos de escritura

International Paper pidió a Kurt Vonnegut, autor de novelas como Matadero Cinco, Pájaro de celda y Cuna de gato que contara cómo poner tu estilo y personalidad en todo lo que escribes: (a continuación, habla Kurt Vonnegut)

«Los periodistas y escritores técnicos son entrenados para no revelar prácticamente nada sobre ellos mismos en lo que escriben. Esto los hace unos raritos en el mundo de los escritores, puesto que casi todo el resto de infelices manchados de tinta de ese mundo revelan mucho sobre ellos mismos a los lectores. Llamamos a esa serie de revelaciones  ─sean  accidentales o intencionadas─, elementos de estilo.

»Estas revelaciones nos cuentan a los lectores qué tipo de persona es esta con la que estamos pasando nuestro tiempo. ¿Suena el escritor ignorante o culto? ¿Estúpido o inteligente? ¿Crápula u honesto? ¿Serio o juguetón? Y así indefinidamente.

»¿Por qué deberíamos examinar nuestro estilo de escritura con la intención de mejorarlo? Hazlo como una marca de respeto para con tus lectores, escribas lo que escribas. Si garabateas tus pensamientos de cualquier manera, tus lectores probablemente pensarán que ellos no te importan en absoluto. Te marcarán como un ególatra o un cabeza de chorlito; o peor, dejarán de leerte.

»La peor revelación que puedes hacer sobre ti mismo es que desconoces qué es interesante y qué no lo es. ¿No te pasa que te puedan gustar o no los escritores en función de lo que te muestran o aquello en lo que te hacen pensar? ¿Alguna vez has admirado a un escritor descerebrado tan sólo por su maestría del lenguaje? No.

»Así que tu mejor estilo personal debe empezar con las ideas de tu cabeza

1. Encuentra un tema que te importe.

Encuentra un tema que te preocupe y por el que, en tu corazón, sientas que los demás deberían interesarse. Es este genuino cariño, y no tus juegos con el lenguaje, lo que se convertirá en el elemento más llamativo y seductor en tu estilo.

No te estoy pidiendo que escribas una novela, por cierto ─aunque no me sentiría mal si escribieras una, siempre que te interese algo de verdad. Una petición al alcalde sobre el bache enfrente de tu casa o una carta a aquella chica de la puerta de al lado servirán.

2. No divagues, no obstante. No divagaré sobre este punto.

3. Escribe sencillo.

En  cuanto  a  tu  uso  del  lenguaje:  recuerda  que  dos  grandes  maestros  del  lenguaje,  William Shakespeare  y James  Joyce,  escribieron  frases  casi  infantiles  cuando  sus  temas  tenían  mayor profundidad. «¿Ser o no ser?», pregunta el Hamlet de Shakespeare. La palabra más larga tiene tres letras. Joyce, cuando se sentía ingenioso, podía armar una frase tan intrincada y reluciente como un collar de Cleopatra, pero mi frase favorita de su relato Eveline es esta: «Estaba cansada». En ese punto de la historia, ninguna otra palabra es capaz de romper el corazón del lector de la manera en la que esas tres lo hacen.

La simplicidad en el lenguaje no es tan sólo encomiable, sino tal vez sagrada. La Biblia abre con una frase que estaría perfectamente entre las habilidades de un adolescente: «En el principio, Dios creó el cielo y la tierra.»

4. Ten el valor de recortar.

Podría ser que, también, seas capaz de hacer collares para Cleopatra (en cierto modo). Pero tu elocuencia debe servir a tus ideas. Tu regla podría ser ésta: si una frase, sin importar cuán excelente sea, no ilumina tu tema de una forma novedosa y útil, táchala.

5. Suena como tú mismo.

El estilo de escritura que es el más natural para ti está destinado a replicar aquellas palabras que escuchaste en tu infancia. El inglés era el tercer idioma del novelista Joseph Conrad, y mucho de lo que suena «picante» en su uso había sido, sin duda, coloreado por su lengua materna, que era el polaco. Y es también afortunado el escritor que haya crecido en Irlanda, pues el inglés hablado  allí  es  muy divertido  y  musical.  Yo mismo  crecí  en  Indianápolis, donde  el  lenguaje coloquial  suena  como  una  sierra de cinta  cortando  estaño  galvanizado,  y  donde  se  usa  un vocabulario tan poco adornado como una llave inglesa.

En algunos de los valles más remotos de los Apalaches, los niños todavía crecen escuchando canciones y expresiones de tiempos isabelinos. Sí, y muchos americanos crecen escuchando otro lenguaje aparte del inglés, o un dialecto que la mayoría de los americanos no pueden entender.

Todas estas variedades en el habla son bellas, así como las distintas variedades de mariposas lo son. No importa cuál sea tu primera lengua, debes guardarla como un tesoro para toda la vida. Si resulta no ser inglés estándar, el resultado es normalmente delicioso, como una chica hermosa con un ojo de color verde y otro azul.

Yo mismo encuentro que confío más en mi propia escritura, y otros parecen confiar más en la suya también, cuando sueno como una persona de Indianápolis, que es de donde soy. ¿Qué alternativas tengo?  Aquella  que  con más  vehemencia recomiendan los profesores, indudablemente te ha sido inducida también: escribir como cultos caballeros ingleses de hace un siglo o más.

6. Di lo que quieres decir.

Es lo que solían decirme los profesores, pero ahora ya no. Entiendo ahora que todas esas antiguas composiciones e historias que yo había de comparar con mi propio trabajo no eran magníficas por su fecha o su exotismo, sino por decir exactamente lo que sus autores querían que dijeran. Mis profesores querían que escribiera de forma más precisa, siempre seleccionando las palabras más efectivas, y relacionando unas con otras palabras sin ambigüedades, rígidamente, como partes de una máquina.

Los profesores no querían convertirme en un caballero inglés, después de todo. Lo que esperaban es que fuera entendible ─y, por extensión, entendido. Adiós a mi sueño de hacer con las palabras lo que Pablo Picasso hacía con la pintura o lo que cualquier ídolo del jazz hacía con la música. Si rompiera todas las reglas de puntuación, diera a las palabras cualquier significado que yo quisiera que tuvieran, y las uniera a trochemoche, simplemente no sería entendido. Así que tú, también, deberías evitar un estilo picassiano o jazzístico si tienes algo que merezca la pena ser dicho y quieres que se te entienda.

Los lectores quieren que nuestras páginas se parezcan mucho a páginas que han visto anteriormente. ¿Por qué? Esto es porque ellos mismos tienen un duro trabajo por delante, y necesitan toda la ayuda que podamos darles.

7. Compadécete de los lectores.

Tienen que identificar cientos de pequeñas marcas sobre un papel, y darles sentido inmediatamente. Tienen que leer, un arte tan difícil que mucha gente no llega a dominarlo aun habiéndolo estudiado durante toda la primaria y la secundaria ─doce largos años.

Así pues, esta discusión debe, finalmente, reconocer que nuestras opciones estilísticas como escritores no son ni numerosas ni glamurosas, puesto que nuestros lectores están encaminados a ser tan imperfectos artistas. Nuestra audiencia requiere que seamos unos escritores comprensivos y pacientes, siempre dispuestos a simplificar y clarificar ─mientras que preferiríamos elevarnos entre la multitud, cantando cuales ruiseñores.

Esas son las malas noticias. Las buenas noticias es que nosotros, los americanos, estamos gobernados por una Constitución única, que nos permite escribir aquello que deseemos sin temer cualquier castigo. Así que el aspecto más significativo de nuestro estilo, que es aquello sobre lo que decidimos escribir, es tremendamente ilimitado.

Para un enfoque más centrado.

Para una discusión del estilo literario con un enfoque más centrado, de forma más técnica, recomiendo leer The Elements of Style, por William Strunk, Jr. y E.B. White (Macmillan, 1979.) E.B. White es, por supuesto, uno de los estilistas literarios más admirables que nuestro país ha producido hasta ahora. Dénse cuenta, no obstante, de que a nadie le importaría lo bien o mal que se expresara el sr. White si no tuviera cosas perfectamente encantadoras que decir.

©De la traducción íntegra del inglés: Eduardo Melero Verdú.

Fuente del texto: recorte del International Paper Company (Fotografías)

©Del artículo y el esquema: Marcos A. Palacios.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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