‘Como un gato comiendo una raspa’. Un relato de Edu Melero Verdú

A veces la niebla no nos deja ver el monte. Eso o algo parecido dice el refrán. Pero hay quienes prefieren la arrogancia de lo propio por defecto. Como un gato comiendo una raspa, de Edu Melero Verdú.

Korinna Pantuflos era el pseudónimo de Heather Villele. No tenía ni idea de qué significaban ambas palabras, pero le sonaban «artísticas» y «exóticas». Quienes leían sus poemas antes de enviarlos a la editorial (su hermana y su cuñado), también los consideraban «artísticos» y, sobre todo, «exóticos». Trascendían, pues, todo tipo de crítica… o al menos, eso le habían dicho. Bajo el punto de vista de Heather, claro, ella era la única voz verdaderemente original de… su ciudad, Montecito. Y había elegido esa ciudad precisamente porque, a sus cuarenta y cuatro años, no se había aventurado a ir más lejos; así que, sobre otros artistas ─o por lo menos aquelos a los que no conocía─, prefería no opinar: ahí se probaba a sí misma su integridad.

Tampoco criticaba a sus amigos, Merryl LaFleur y Raphael Ventura, que eran quienes básicamente dominaban todo el cotarro artístico de la ciudad. Ellos, por su parte, y fuera de los eventos a los que les daba remordimiento no invitarla, también eran de la opinión que Korinna Pantuflos era «exótica».


«Estaba el señor Don Gato

sentado en su tejado

se cayó del tejado

pobre tejado

pobre señor don gato

la vida es… un gato cayendo»


Escribía estas palabras mientras contemplaba por la ventana de su bungalow las olas más o menos cercanas del mar (el crédito por vender la casa de campo de sus padres sólo le había dado para ese cuarto en tercera línea de playa, junto a una hamburguesería).

Se consideraba a sí misma como tenedora de un estilo personal, ágil pero no directo, sino más bien de esos en los que te quedabas pensando y al rato decías: «Ahhh». Su nueva antología, Como un gato comiendo una raspa. Poemas varios, sería la que realmente la definiría como artista, según ella misma. Una serie de fracasos, junto a sus problemas de salud (mayormente, una ansiedad crónica autodiagnosticada), le habían impedido seguir trabajando en su verdadera pasión, la poesía. Y su campo de berenjenas.


«Berenjena, berenjena.

¿Por qué estas tan buena?

Podrías ser cayena,

pero no, eres berenjena.»


Su genio creativo no dejaba de inventar, de experimentar, más bien. Haberse soltado de las riendas de la métrica poetística le había abierto horizontes que nunca esperaba poder alcanzar (aunque seguía usando métrica, sólo que «como adorno»). Con tanta libertad, ¿hasta dónde podría llegar…? Hasta el bar de la esquina, por lo que parece: una amiga, también poetisa, le había enviado un mensaje invitándola a un par de copas.

Heather era consciente de que podía írsele la mano y acabar reproduciendo en vivo las bacanales griegas… pero qué diablos, iba a volver a racanear todas las copas que quisiera. Así que cogió su bolso de cáñamo (con una cartera completamente vacía), se puso la vieja chaqueta mal remendada, y abrió la puerta.


«Yo sé quién eres tú.

Un alma buscando la belleza.

Yo sé quién eres tú.

La cuestión es,

¿lo sabes tú?»

Como un gato comiendo una raspa.

©Eduardo Melero Verdú, 2020

Edu Melero es colaborador en CosmoVersus. En su haber puedes leer su ‘Análisis de Elemental, el primer disco de Loreena McKennitt (1985)’ y sus narraciónes cortas Esperando el Amanecer, La vecina, Ollantaytambo, Videojuegos, La Mazmorra, Malva oscuro (más bien, violeta), y La pianista.

Eduardo Melero Verdú

edu melero equipo

Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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