CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

El “Copia y pega” cuando escribes algo

Hace unas semanas me quejaba —lo tenía tiempo enquistado— en Facebook de la rabia que me daba que en uno de mis relatos, hace un tiempo, alguien comentara que si la historia la había “sacado” de unos hechos reales concretos que sucedieron, históricamente. Y digo rabia porque denotaban esas palabras un tufo a reproche, a “te has copiado”. Dejadme contaros algo…

Como ya expliqué y razoné, no se trata de copiar y pegar, y ya está. Como se ha hecho desde los principios de la literatura, coges unos hechos históricos, los adaptas o conviertes en en parte de tu historia, y tienes como resultado algo diferente, algo original. ¿Qué sería de novelas como El asedio, de Pérez-Reverte, sin influenciarse por aquellos hechos históricos en nuestra España invadida? Ya no te cuento sobre los superhéroes.

Cojamos un momento a Thor. Thor es un dios nórdico, que Marvel, digamos, se ha “apropiado” para sí. Thor, realmente, no es ese Thor. Es algo tan diferente como la interpretación de los mitos nórdicos en los tebeos norteamericanos. No se han inventado al personaje, ya existía desde hacía siglos. ¿Qué pasa con Drácula y otros monstruos? El gigante del cómic también llegó a apropiarse de la imagen de tantos y tantos personajes clásicos para hacerlos suyos, con su propia interpretación, alejada de la verdadera esencia del mismo.

Y no pasa nada. Y todo el mundo borracho con sus pelis. Ahora bien, llega un don nadie como yo, a la sombra de su primo Narciso Bello, publica un relato del que está muy orgulloso, se realiza una adaptación radiofónica espléndida, y solo te dicen si no es la historia de aquella familia que… Y no quiero decir más porque el comentario desapareció hace tiempo —hay otro, en tono positivo, y felicitándome, no me refiero a ese—, y porque no quiero remover el asunto ni mencionar lo que sigue para no destripar el contenido por si hay quien no lo haya escuchado.

Asunto zanjado, no pasa nada. Pero piensas, y te quedas con la idea de que te acusan de copiar. No, amigo, aquí nadie se ha marcado “un Ana Rosa Quintana”. Aquí todo va de influencia, de adapación, de tomar ingredientes de aquí y allá y conformar una criatura nueva, inspirada, complementaria, como quieras nombrarla… y mostrar tu arte. Que tantos grandes, antes de que tú nacieras, y de que tus padres vieran la luz del sol, ya hacían lo mismo. Escribir es una epidemia. Mientras encuentras tu estilo, tu leit-motiv, tu universo expandido en la tecla —qué tiempos en los que hablábamos del papel—, vas conociendo por el camino obras que te marcan y que deseas imitar o igualar.

Mi profesor de literatura, Nemesio Martín, muchas veces nombrado en este blog —benditas sus clases, sus ejercicios, sus buñuelos de viento y sus lecturas de El Quijote— nos dijo una vez en clase: “Para escribir algo bueno, empieza imitando a los clásicos”. Que no es el caso, pero tiene mucha razón, no porque él lo dijera, sino porque se ha hecho siempre. Se ha llegado a un punto en que se suele decir que “todo está ya inventado”, y no parece surgir nada nuevo en cada amanecer. Pero, mirándolo de otra forma, lo nuevo es siempre una mezcla, ese mestizaje como cuando hablamos de “fusión musical” con tal o cual estilo o corriente de aquel país con el de por allá. La diferencia real, según veo yo, está en tus propias palabras, más que en el tema o la historia.

No dramaticemos. Dejemos que la cultura fluya, que cojamos de una parte y de otra, hagamos nuestros homenajes, y reconozcamos siempre nuestras fuentes. Que no es lo mismo el plagio que la inspiración, y menos aún, tomando datos históricos. De risa, vamos. Para decir chorradas, mejor saber leer un poco de historia literaria.

El relato al que me refiero es No ganarás la guerra —disponible en este blog—, uno de los primerizos y que más me gustan, precisamente por eso, por mezclar datos históricos y abordarlos en un escenario y una historia de horror y compasión.

Foto de cabecera: Alberto Montt, humorista gráfico.

 

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