El lado oscuro de una tienda de cómics (I)

En El lado oscuro de una tienda de cómics hablaré con humor y sarcasmo de ciertas cositas que un día aprendí en la tienda que regentaba. Creo que hasta publiqué estos pequeños artículos, pero ya no recuerdo cuándo ni dónde. Aunque no todo fue tan malo…

El lado oscuro acecha

He encontrado estos artículos que datan del 2015, y los voy a publicar tal cual están. Creo que es un muy buen ejercicio de humor para sobrellevar estos días. Claro que no todo es tan negativo. Pero lo bueno no mola tanto…

Están firmados por un tal Capitán Harlock. Me hago una idea de quién puede ser, porque a raíz de estas otras memorias publicadas en esta web, surgen pistas.

He tratado también de conservar las mismas fotografías con que se ilustran estas anécdotas. Cuanto más cutre, mejor, porque la calidad de las fotografías ya ofrece una idea de lo que se cuenta.

Análisis amorfológico y sintomático basado en experiencias psicoreales detrás del mostrador

Año del Señor de 2015

Hace poco, a raíz de un debate con un cliente, me ví en la necesidad de comentar públicamente ciertos hechos, los cuales, según qué punto de vista, se desconocen o no se comprenden, pero que están ahí, son una realidad. Y considero conveniente que se tiene que saber.

Probablemente no seré el único en realizar esta campaña, pero con todo el humor del que pueda hacer acopio, me atrevo a hablar de esas cosas que a las tiendas de cómics especializadas, nos da tanta rabia y nos molesta… y cosas peores. No es oro todo lo que reluce. ¿No lo sabíais? Leed, leed, malditos…

Maldición #1: Los defectuosos

Abres la caja y… ¡sorpresa! ¿Tan difícil era ver que estaba roto antes de mandarlo?

Abreviando, que es gerundio, hoy hablaré de los ejemplares defectuosos y cómo hay que hacerles frente. ¿Por qué llegan defectuosos? Porque son papel, y el papel se estropea con solo tocarlo un poco:

—las imprentas no son perfectas. Hay defectos que se ven con lupa y hay otros que hacen daño a la retina.

—el manipulado en las editoriales y/o distribuidoras. Creo que en algunos sitios emplean enanos de Moria o al Tío la Vara, porque visto lo visto… hay que ser un poco borrico para tratar los cómics como lo he visto hacer, incluso en persona.

—el empaquetado y envío. Mejor me callo. En ciertos lugares son máquinas quienes se encargan de buscar en las estanterías.

—la colocación en las tiendas. Por mucho que lo intentes, el destino está contra tí.

—y por último, lo peor de todo: el trato de cierto tipo de clientes. Con todo el amor del mundo, ese tipo de clientes que abren los cómics como si fueran periódicos, que doblan las tapas en forma de arco, que dejan caer la mitad del ejemplar mientras sostienen la otra mitad con una mano, que chafan con los dedos los bordes de las sobrecubiertas por los lomos rajándolas… se merecen un premio ¿no?

Aquí a la imprenta se le administró una sobredosis de RedBull mezclado con Monster

Bien, todo esto debería tener una solución, claro está: las devoluciones. O no. A medias, quizá. ¿En qué quedamos? Uf, es un poco lioso.

—Entre el coste del envío de la devolución, esperar a que llegue un nuevo ejemplar, pagar el nuevo envío —en su caso, a veces pides tanto que no tienes que pagar— corres el riesgo de que llegue un ejemplar igual o peor que el que devuelves, con la consiguiente pérdida de paciencia del cliente, por poner un ejemplo. Y pérdida del margen de ganancia. Con los costes de los envíos, has perdido varios ejemplares.

Tampoco pasa nada, ¿verdad? A veces hay que entender un poquito las cosas para saber valorarlas. Que luego hay que retirar ejemplares y como no quedan más, no los vendes, y para uno que viene, no se lo enseñas porque ¿cómo va a llevarse algo roto?

Pero todo esto va con el mayor cariño del mundo, para empatizar con vostros, vamos. Aumentar nuestro grado de colegueo. Contaros un secretito… En fin, como no me voy a enrollar, vuestro amigo “el de la tienda de cómics” se despide hasta nuevo aviso con otro tema de interés, que hay para aburrir. Hasta entonces, saludos del

Capitán Harlock

La próxima semana, un testimonio más del lado oscuro de una tienda de cómics.

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