‘El señor de las bestias’ (1982)

Dentro de la vorágine de películas de espada y brujería que invadieron los cines en la década de los ochenta, después del éxito de Conan el Bárbaro vio la luz, el mismo año, El señor de las bestias, una modesta cinta que emulaba al guerrero cimmerio con algo menos de presupuesto pero no por ello, falto de encanto.

El señor de las bestias

Don Coscarelli sonará por ciertos lares, él inició la saga de Phantasm (1979) y, además, llevó a cabo también dos secuelas del título que nos ocupa. El atractivo de la película es ver a Marc Singer, el inconfundible Mike Donovan de V, que posteriormente, en 1983, sería todo un éxito en todo el mundo. Se rodó con dos duros, pero posee ese encanto que la convierte en cinta de culto. Personalmente, ha sido una muy grata experiencia. Ingredientes y detalles bien pensados, imaginación desatada pero poco aprovechada. Habría podido dar más de sí. Inolvidable.

De argumento extremadamente sencillo y típico, la historia está muy bien llevada, lo que no la hace pesada ni aburrida. Calco de Conan el Bárbaro, estrenada meses antes, nuestro señor de las bestias no puede decirse que sea tan fiero ni tan fuerte, pero tanto o más valiente que el cimmerio. Música acorde con el nivel de aventura y dignidad de la película. Cuenta con la aparición de la icónica ángel de Charlie, Tanya Roberts, como la doncella en apuros.

El argumento

Reino de Aruk. El heredero no nato es arrancado de su madre, y dado por muerto. Un campesino de Emur lo encuentra y lo cría, llamándole Dar. Además, posee el don de comunicarse con los animales. Un día los Juns arrasan el pueblo y Dar es el único superviviente, lo que le obliga a conocer el mundo y vagar por los territorios, conociendo a varios animales que se hacen sus amigos y le ayudarán en sus encuentros con salvajes hordas, misteriosos seres vampíricos, brujas despiadadas, todo lo cual le llevará a descubrir su origen y vengarse de su pasado.

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