CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

Entrevista a José Antonio Iniesta, investigador y cronista de Hellín

Desde que nos conocemos ha sido patente la pasión y respeto que José Antonio Iniesta dedica a la cultura tradicional de Hellín, su pueblo natal. Trabaja en el Museo Comarcal, es miembro de la peña de tamborileros más antigua, la peña “El Tambor”, y participa en toda tradición e investigación que pueda surgir en torno a su localidad y otras culturas del mundo. Además, es autor de varios libros y se ha encargado del informe para que la Tamborada de Hellín sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Nos acercamos al Museo Comarcal de Hellín una mañana y nos encontramos cara a cara con José Antonio, que llega para abrir las puertas a los visitantes. En su despacho de recepción, donde se incuban, cuando puede, innumerables notas e ideas para sus investigaciones, coloca dos sillas más para estar todos cómodos, junto al ventilador. No es un día especialmente caluroso, pero se agradece. A pesar de conocerle unos años -cinco, creo que van ya-, me veo obligado a preguntarle cosas que ya sé, aunque sea a medias, para que el mensaje de esta entrevista sea más completo. Y aun así es inevitable conocer más a fondo a la persona que ahora habla a la grabadora.

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José Antonio, en el Museo Comarcal de Hellín.

La Biblioteca de los Malditos. José Antonio, ¿de dónde viene tu vocación por el estudio e investigación de la cultura de Hellín?

José Antonio Iniesta Villanueva. Pues viene desde mi más tierna infancia, desde que tengo uso de razón, que siento profunda curiosidad por mi entorno y realmente forma parte de una búsqueda espiritual, que eso trasciende a lo que después es la propia investigación de Hellín. Recuerdo perfectamente que siendo tan solo un niño, cuando a nadie se le ocurría hacer eso, iba por la calle y ya recogía cerámica hellinera, vidrio, cualquier cosa que se identifique ahora con piezas de nuestra cultura popular. En aquella época ni los trozos, ni el conjunto, ni lo que había en las cámaras, se valoraba. Porque tú sabes perfectamente, y a las pruebas me remito por lo que vemos todos los días, que todo se ha tirado. Incluso ahora no se valora lo que es la etnografía.

Siendo un niño, ya tenía una caja de cartón y allí iba guardando todo lo que me iba encontrando por las calles. Y sobre todo, es fundamental, un pilar imprescindible, mi madre. Mi padre, en cuanto a que me transmitió el redoble del tambor; es decir, mi vena tamborilera, que es una de las tradiciones más importantes de Hellín, viene de mi padre, que era tamborilero de pura cepa. Pero mi madre era como un juglar, era una memoria colectiva andante. Mi madre sabía de romances, de coplillas, de cuentos, de leyendas…, tenía un acervo popular tan intenso que a poco que dijeras cualquier palabra, ella ya sacaba el chascarrillo, la copla. Le decías una palabra y ya te decía la estrofa determinada. Y desde muy pequeño me fui impregnando del lenguaje popular hellinero, de lo que son las coplillas populares y las tradiciones. De hecho, algunos libros muy especiales que han sido inéditos, muy valorados a nivel nacional porque jamás se habían investigado en nuestro país, considerándose una leyenda y descubriendo que tenía fundamentos racionales y lógicos, venían de mi madre, de lo que me contaba de niño.

Podría decir que en cuanto a la cultura popular y en general, mi madre fue un gran pilar. Y ya siendo un jovencito, ya no un niño, ya siendo un joven, cogía mi magnetofón de aquella época, los radiocassettes que había, y me echaba a la calle para entrevistar a la gente. Así, a los 22 años, empecé siendo el primer corresponsal de La Tribuna de Albacete, el diario más importante de la provincia. Pero ya, antes de eso, recorría las callejuelas, y ahí surgió una pasión que era hacer algo más que no lo había hecho nunca nadie -que de hecho fui pionero en Hellín y Albacete-, recoger las tradiciones mágicas. Eso es un soporte también -ya me venía eso, por supuesto, de mi madre, de escuchar todas las historias, los cuentos antiguos, los romances, las leyendas de monstruos, de personajes, de fantasmas, de todo-, y ahí empecé a investigar casa por casa, y sobre todo surgió una de mis especialidades: los curanderos.

O sea, cuando nadie se preocupaba de ellos, salvo los que recurrían para que fueran curados con su gracia, ya investigaba desde el punto de vista etnográfico y antropológico, es decir, sin haber cursado estudios, sin hacer una trayectoria profesional, ya actuaba con rigor, iba con mi grabadora, haciendo baterías de preguntas. Y así, poco a poco, es cómo se va desarrollando mi línea periodística a través de La Tribuna de Albacete, mi vena etnológica, etnográfica, antropológica, de conocer las raíces de mi pueblo, y como fundamento básico, por resumir, eso es mi origen, pero desde el comienzo, desde que tengo uso de razón. Además tengo una anécdota muy curiosa, y es que apenas caminaba, gateaba -no tenía ni un año de edad-, y en mi casa me metían las cajas de cerillas en los huecos del ladrillo del nueve, de la chimenea, como un juego para que yo los buscara. Recuerdo que no tenía ni un año y tenía plena consciencia de lo que había venido a hacer en este mundo -eso es difícil de entender que un niño piense eso, porque tengo una memoria intacta desde aquel momento-; recuerdo perfectamente el color de mi cuna, que era de color azul. El colchón de mi cuna fue utilizado para envolver la imagen de San Rafael, nuestro Arcángel, nuestro patrón, cuando fue llevado a Madrid para ser restaurado por Rafael Millán. Bueno, pues con menos de un año me recuerdo perfectamente mirando aquellos ladrillos dentro del hueco de la chimenea y pensar con una pasión, con un estremecimiento; “He venido a hacer esto en la vida, he venido a meterme en los rincones más recónditos, a descubrir cosas escondidas, ocultas, y a descifrar misterios”. Por eso, una de las pasiones de toda mi vida ha sido meterme en los corrales, las cámaras…, por más telarañas, por más trastos que tuvieran, en cuevas, lo que la gente considera peligroso y donde no se le ocurriría meterse, eso ha sido mi pasión de siempre.

“Lo que se recibe con tanto honor, con tanto honor hay que darlo; lo que se recibe gratis, gratis hay que darlo”.


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Peña El Tambor, de Hellín, la más antigua, con Juan Antonio en el centro. Foto: El Faro de Hellín.

LBDLM. ¿Alguna vez has tenido obstáculos en tus investigaciones por parte de personas, que te hayan impedido seguir con esa investigación en parte o totalmente?

JAIV. Pues fíjate, puede parecer extraño también, pero me considero muy afortunado. Te podría decir que ha sido enorme el índice de apertura de la gente, de amabilidad, de abrir sus puertas, sus corazones, de revelarme sus secretos…; son muchos años ya, plenamente en activo, publicando incluso en revistas especializadas, en periódicos, puedo decir que son cerca de 40 años, cuatro décadas, porque fui como muy prolífico a la hora de escribir, y muy prematuramente estuve publicando. Es decir, llevo muchísimos años de investigaciones en España y en un montón de países, y te puedo asegurar que me han dado toda su confianza incluso de jovencito,  cuando hablaba con los curanderos que lo llevaban, digamos, más en secreto, pues incluso en la posguerra eran perseguidos por la Guardia Civil y muy controlados. Y lógicamente nací posteriormente, en el 61…; sin embargo, a mí, todo el mundo me ha abierto sus puertas.

Pero mi gran perplejidad se produce cuando esa investigación se extiende a otros países o a un ámbito mucho más sorprendente, de chamanes. No sólo es que jamás me han cerrado las puertas, sino que me han recibido con los brazos abiertos. Mi mayor satisfacción y sorpresa es cuando me han dicho: “Tú eres de los nuestros. Entra al círculo interno. Te vamos a revelar nuestras verdades que hace miles de años se llevan guardando”. O “Eres uno de los ancianos“. Tú imagínate qué anciano era yo, con veintitantos años, en un momento determinado encontrándome con todo tipo de personas de las más diversas culturas, y que te consideren, no un anciano, obviamente de edad, como se entiende, sino un anciano como maestro de sabiduría, eso es uno de los honores más grandes que se pueden recibir. Un anciano es como consideran ellos, a los maestros de sabiduría, aunque evidentemente yo no me sentía así. Pues imagínate cuando llego a México, la primera vez que lo pisaba, y me recibían los ancianos de toda la vida, y no sólo ancianos como maestros de sabiduría, sino ancianos por la edad, personas con muchas canas, y de 60, 70, 80 y 90 años; y te consideran uno de ellos y te piden que entres al círculo interno y te regalan o te hacen la ofrenda en una ceremonia de un bastón sagrado…, pues como decimos por nuestra tierra, “se te caen los palos del sombrajo”, ¿no?

Porque dices, Dios mío, si yo no soy nada, porque nunca me he considerado nada especial, ni antes ni ahora, ni creo que me vaya a considerar nunca. Y siempre he sentido como que una suerte especial me acompañaba. De hecho, en los albores de esta investigación, muy joven, iba con doctores, son doctores en historia antigua, grandes escritores, grandes investigadores, y yo recuerdo que a lo mejor ellos se ponían a hablar con la gente del campo, y la gente del campo como que se cerraba, los miraba así como un poco raros, ¿no?, y se cerraban en banda y no hablaban nada. Y yo me ponía a hablar con ellos y se abrían totalmente. Y éstos me decían: “Es increíble, tú llegas y te hablan tan tranquilamente”, y les explicaba: “Es que la clave es muy sencilla, no hay que hablar con tecnicismos, ni hay que hablarles de forma académica, porque de pronto se alarman como diciendo: “¿Éste, de qué me está hablando? Lo primero es que no entiendo lo que me dice”. Yo soy así, muy campechano, y como son la gente de mi tierra, entonces yo llegaba y les saludaba así: “¡A la paz de Dios! Buen hombre, ¿qué, cómo estamos? ¿Cómo va la familia?” Ya empezábamos así y claro, la gente con esa vibración, ese acercamiento, pues te reconocían como alguien cercano, ¿no? Y además, siempre, es muy curioso, porque ellos siempre tenían a veces como una falta de autoestima, y consideraban que a lo mejor lo que a ti te podía interesar es cuándo se inauguró el campo de fútbol, por lo que sea. Y yo les explicaba: “No, si lo que necesito es saber cuándo recogían la cosecha, cómo miraban la luna, cómo hacían los rituales, cómo se curaban de estas enfermedades, qué plantas utilizaban”.

Y ellos se quedaban sorprendidos de que hubiera alguien a quien le interesara eso, porque pensaban que la sociedad los despreciaba. Cuando ellos ven que tú te acercas, que te interesa realmente lo que ha sido su vida, claro, piensan que te tienen que contar lo que ha sido más importante, cuando vino un equipo de fútbol o cosas que son más intrascendentes para el tema antropológico. Y siempre, a nivel de nuestra tierra, no he encontrado rechazo, para nada, nunca. “Sí, sí, sí, encantado”. Pero es que he estado con los mayas, vinculado a la tradición tolteca, me han transmitido sus leyendas y profecías, y tradiciones de hace miles de años, con los guardianes de la tradición olmeca. He estado en Perú, Bolivia, con los incas, en el Amazonas con los ayahuasqueros, los caboclos… Jamás en la vida se han negado a darme información, al contrario, siempre me han mostrado el mayor afecto. Esto siempre me ha sorprendido, siempre me he sentido muy querido.

Hay una abuela maya, de una gran tradición, de un gran poder chamánico y con un trabajo de muchísimos años en México, que me dice que soy un “mimado de las estrellas”. Es que es increíble, claro, y sabe una mínima parte de las cosas. Y eso siempre lo agradeceré. Por eso mi homenaje, mi respeto y mi entrega a los guardianes de la tradición de todo el planeta, es constante. Es que me sale de las venas, de la memoria celular, de las neuronas, de todo. Es que lo que a mí me han regalado es inmenso, y cuando digo regalado es toda la información que me han dado, y jamás nadie me ha pedido nada, todo lo han hecho desinteresadamente, igual que yo lo comparto con todo el mundo. De igual forma lo hago generosamente en el sentido de ese precepto que dice que lo que se recibe con tanto honor, con tanto honor hay que darlo; lo que se recibe gratis, gratis hay que darlo.

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Monumento al Tambor en Hellín, plaza de Santa Ana. Foto: archivo propio

LBDLM. ¿Crees que tu labor ha tenido recompensa de alguna manera, por parte de la gente y el público con el que te has encontrado?

JAIV. Si soy honesto y soy humilde como debo ser, creo que en Hellín, por ejemplo, me siento inmensamente querido y reconocido. Y no necesariamente porque tenga que haber grandes distinciones, que las he tenido. Ser reconocido y nombrado Tamborilero del Año en 2012, que es uno de los reconocimientos más grandes que puedan existir en Hellín por mi dedicación al mundo de la Tamborada, ya es un inmenso honor. He recibido muchísimos premios literarios cuando tan sólo era un jovencito, pero un jovencito, que me presentaba a concursos literarios y recibía muchos premios. Luego, lo que más me encanta es ver cómo la gente que llevo investigando durante años se convierten en mis amigos y creen a pies juntillas en mí. A la hora de darme fotografías o a la hora de dejármelas para escanearlas hay una confianza absoluta. En cuanto a mis viajes por todo el planeta no puede haber más recompensa que la valoración que hacen todas esas personas que he conocido, que se convierten en amigos y hermanos -en el mundo espiritual son más que amigos, son hermanos-. O por ejemplo recibir el apoyo de Enrique de Vicente, director de la revista Año Cero, y uno de los grandes investigadores de España, para publicar decenas y decenas de reportajes, o que a mí me encargara un libro sobre las profecías mayas.

Pues claro que me siento recompensado. Sobre todo fundamentalmente en la satisfacción de ver, porque eso lo percibes, cuando te metes en cualquier barrio de Hellín y te dicen ¡hola, José Antonio!, y no sabes quién es. Muchas veces no sabes ni quiénes son las personas. ¡Hola José Antonio, me encanta verte por la televisión, me encanta escucharte por la radio! Hay una especie de sonrojo incluso, de perplejidad. Porque uno parece que a veces piensa que predica en el desierto, que está ahí en las ondas y no le hace caso nadie. ¡Qué va! Sales en la radio y das un paso y escuchas: “Oye, que te he oído, me ha ayudado mucho eso que has dicho, y gracias a eso ya tengo una tranquilidad”. “Oye, mira, yo he tenido experiencias sobrenaturales, estaba asustado, pero te he escuchado y me he quedado tranquilo”. Entras a un bar…: “Oye, te he escuchado esta mañana”. ¡Señor! Todo el mundo te observa, más de lo que creemos.

Y no me he encontrado prácticamente nadie en esta vida que te llame embustero, que te llame farsante, que te diga no…, o sea, siempre, como sintonizar con lo que tú dices. Me he encontrado aquí con gente de más de noventa años, mujeres que me han llegado a decir: “Cuando sé que vas a aparecer en la televisión o a hablar por la radio, quito todo y me pongo a escucharte” y yo mismo me quedo…, pero bueno, una mujer que ha sido educada en estos principios antiguos de otra religión, de otros procesos, de misa de doce…, y sobre todo la edad, que no ha tenido acceso a ese conocimiento, ¿cómo pueden entenderme o cómo les gusta lo que cuento? Y también gente joven, pero es que sobre todo esto de las mujeres muy mayores… te rompe los esquemas mentales. Y es que gente que incluso no llega al conocimiento intelectual, que es lo que más me sorprende, me dice: “José Antonio, te pones a hablar (me refiero a personas que por lo que sea no tienen su cultura desarrollada, no han estudiado, no han tenido contacto con eso, y me dicen algo que me deja traspuesto), y me dicen, José Antonio, te he escuchado, no entiendo lo que dices, pero me ha encantado”.

O sea, esa frase de “no entiendo lo que dices, pero me ha encantado” me deja sorprendido, porque realmente no entienden la terminología, pero sienten esa vibración. Por ejemplo, yo hablo del Kuxam Suum, el cordón dorado que comunica de los mayas, y ellos… cuando llevan dos frases ya no se acuerdan de la frase que has dicho, de las palabras, de la terminología, pero entienden el concepto, y sobre todo lo que me dicen: “Lo que tú me transmites, me suena a verdad“. Porque puede haber gente que tiene mucha oratoria, cuenta tal y cual cosa…, pero la gente es muy sabia, distingue y dice: “éste me está contando una milonga”. Pero yo la forma en que lo transmito es como lo he vivido, o sea, no es tanto erudición ni conocimiento enciclopédico ni historias que yo he rebuscado, no, es que es lo que he vivido. He vivido tanto por todo el mundo que me sale a flor de piel. Y eso lo percibe la gente. Percibe la autenticidad. Le puedes estar hablando de puertas dimensionales, le puedes estar hablando de una cultura ancestral, de rituales, y dice, uf, a mí se me escapa eso, no comprendo ni que exista eso, pero yo sé que no me estás engañando, y sé que eso existe y que me encanta. No he entendido las palabras que me has dicho, pero me ha encantado lo que me has dicho. Y eso ya te sobrecoge.


LBDLM. ¿Qué significa para ti la tradición de la Tamborada y desde cuándo te sientes unido a ella?

JAIV. Mira, la Tamborada de Hellín la llevamos en la sangre, eso forma parte de nuestra esencia, de nuestra memoria colectiva. Lo primero que se hace con un niño hellinero o con una niña es comprarle un tambor y una túnica. En mi caso, recuerdo que justo cuando me escondían esas cajas de cerillas en los ladrillos del nueve, iba gateando y me metía debajo de una mesa que estaba en el comedor y empezaban a tocar en el comedor mi familia, así sobre la mesa, el “racataplán, racataplán, racataplán”. Es decir, ya estaba escuchando eso antes de que llegara la Tamborada. Desde niño, evidentemente, tengo mis recuerdos, están en las fotografías y tocaba con mi padre. Mi padre me inició en el mundo del redoble, es decir, nosotros somos iniciados desde pequeños, vemos a nuestros padres cómo se curtían las pieles, los parches, para ponerlos en los tambores -no se compraban directamente, sino que se hacían, se elaboraban caseramente- y entonces toda mi vida he sentido una pasión inmensa por el tambor.

Fui presidente de la Asociación de Peñas de Tamborileros en 1993, 94 y 95; fui, en esa época el responsable de la organización de las X Jornadas de Exaltación del Tambor y el Bombo, que une a todos los tamborileros de España, de pueblos que ya se conocen. Y luego, entre mis 250 libros, de los cuales hay veinticinco publicados solamente, cinco están dedicados a la Tamborada de Hellín. Y luego, en el 2012, fui nombrado Tamborilero del Año, por toda la dedicación al fenómeno de la Tamborada. Han sido cientos de artículos, estuve tres años trabajando para la película Silencio, no sólo como documentalista, sino que luego hablo en la película como investigador. Pero es que en muchas ocasiones se ve a una persona -porque está con su capuz bajado, por lo tanto no se le ve el rostro-, en distintas escenas, que están tocando el tambor, pero el que toca el tambor soy yo.

-¿Que también sales? Es que la tengo, y la he visto. Pero lo que no sabía es que estabas entre ellos.

Pues todas las veces que tú ves primeros planos de una persona tocando y pasando, en la práctica totalidad de esas escenas soy yo. Incluso hay una escena en la que el actor se levanta el capuz -claro, se ve su cara-, pero en ese momento, antes de descubrirse la cara, al quitarse el capuz, el que está tocando el tambor soy yo. Porque ellos no sabían tocar el “racataplán”, que venían de fuera, eso no se puede improvisar así como así. Entonces no te puedes imaginar la cantidad de actividades que he desarrollado en relación al tambor. Y luego, por supuesto, he iniciado a mis propios hijos, que son tamborileros -mi hijo Ulises, mi hija Ariadna-. Toco todos los años, formo parte de la Peña “El Tambor”, que es una de las más antiguas, con más solera y más reconocimientos y premios ha recibido, que está constituida en 1975 como peña, pero es mucho más antigua; yo nací en 1961, ya de crío formaba parte de ella. Lo que ocurre es que hay un fenómeno, digamos, que hace pasar de la espontaneidad -que los tamborileros nos juntábamos sin habernos puesto de acuerdo antes, comíamos en una cuadra, en una cámara de cualquier sitio, de forma poco higiénica y aséptica, eso es, así éramos de recios los tamborileros- a crearse peñas. La peña es el grupo de tamborileros, pero también recibe ese nombre el centro social donde nos reunimos.

Y ya en 1975 digamos que empiezan como a formalizarse esos grupos con un nombre. Por eso verás que no hay ninguna más antigua a esa fecha. 1975 es cuando empiezan a verse -antes ya se veían las crucetas-, pero digamos que se empieza a institucionalizar el fenómeno del tambor teniendo sede, teniendo ya más formalidad en cuanto a decir: “Ya somos una peña, somos un grupo integrado”. Antes te juntabas, no quedabas para reunirte, ibas por la calle, te encontrabas y ya estaba. Entonces a partir de ahí empiezan a formarse las peñas con sus componentes, las sedes sociales, las crucetas con una fecha y con un nombre -por eso la mía, Peña “El Tambor”, es del 75-. Y tú podrás ver, además, que es la primera que hizo un carro para llevar el vino y la comida, es decir, pionera también. Mi padre, por ejemplo, hizo la primera cruceta luminosa con unas bombillas que se iban iluminando…, es decir, he estado siempre en todos los procesos iniciales relacionados con la Tamborada en las últimas décadas. Y luego ya, para terminar, se me pidió desde el Ayuntamiento de Hellín que hiciera toda la memoria, todos los informes, para solicitar la declaración de Patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO para la Tamborada de Hellín.

Pero es que incluso, siendo presidente de la Asociación de Peñas, se inició el informe, toda la documentación, para que se nos diera la declaración de Interés turístico internacional -que ya teníamos la nacional-. Y que después, se consiguió con la nueva junta directiva. Pero todo el inicio para conseguir la declaración de Interés turístico internacional de la Tamborada, que se consiguió, fue durante mi presidencia. Y lo que es toda la información, todo el argumentario que se le dio a todos los pueblos de España, todo el informe para la UNESCO, todo lo que eran las fotografías, la documentación para que se pudiera solicitar esa declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO, de todo eso me encargué yo.

Es decir, que sorprendentemente, desde niño, desde ese “racataplán” en la mesa, tocando con mi padre de pequeño, iba creciendo, también iba creciendo la peña más reconocida, de la que más fotografías y vídeos se han hecho a lo largo de la historia de Hellín; y me convierto en presidente, me nombran Tamborilero del Año y lógicamente toda la gente me identifica como un investigador del tambor, y siempre presente en todo proceso y acontecimiento importante histórico. De hecho, en la gestación de la comisión técnica del Museo de Semana Santa y Tamborada, se me nombró responsable del área de la Tamborada. Y encima, circunstancialmente -porque no había secretario-, se me nombró secretario también para redactar las actas. Esto como resumen de toda una vida dedicado al tambor. Imagínate.

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Romería de la Virgen Reina. Foto: Solo Radio Hellín.

LBDLM. Tu labor en Hellín no se ha limitado solo a la historia y la cultura. ¿A qué más has dedicado tiempo?

JAIV. Bueno, en Hellín a veces me pregunto “¿qué me queda por hacer?”. He investigado todo el tema de las tradiciones mágicas, fundamentalmente el tema de los curanderos. Soy trabajador del Museo Comarcal de Hellín, en el que llevo veintitrés años trabajando; he participado en recitales poéticos, ya desde hace muchos años, incluso desde los años noventa; tengo el honor de haber creado una romería que fue una idea mía como parte de toda la restauración y de arreglos y de acercar a la gente a la veneración de la Virgen Reina, un monumento que está en lo alto del Cerro del Pino, que estaba prácticamente abandonado, con pintadas, con riesgo de caerse el monolito, con la cruz de la bola que se había perdido, el cetro deteriorado… Y entonces por equis circunstancias que a veces son muy íntimas, y que van más allá de la religiosidad, y que tienen que ver con el patrimonio y mucho con la espiritualidad -porque decir que va más allá de la religiosidad parece que no es una cosa religiosa. De hecho me llevo un cura para que dé misa todos los años. Se celebra el sábado anterior al comienzo de la Feria-. Es decir, creé toda una romería y una tradición que no existía. Eso es un honor. Porque como investigador, a veces te pones a pensar en tal fiesta, en tal devoción, en cómo se descubre una Virgen, esta talla, cuándo surgió, preguntándonos si es real, si es histórico, si es una leyenda… Ahí podemos decir que, fíjate ya, desde los años noventa trabajando con un equipo, redactando todo el anteproyecto para desarrollar la restauración de ese monumento… Pues ésta es una de las muchísimas actividades desarrolladas.

He llegado a descubrir, comunicar a los arqueólogos, la existencia de uno de los tres yacimientos arqueológicos más importantes de Hellín, que son los Petroglifos del Cenajo, en 1994; está la investigación de las tradiciones, la pura etnografía, los curanderos, los ritos mágicos… Pero es que luego también llevo muchísimos años trabajando en la recuperación, por lo menos de la información, de los oficios antiguos ya desaparecidos. Luego también son más de cien casos de avistamientos OVNI diferentes los investigados…

-¿En Hellín?

En Hellín, estoy hablando de Hellín y su comarca, no pasa más allá de Isso y el pantano del Talave, que lo conoces muy bien. Es decir, no estamos hablando de avistamientos a nivel de la provincia ni a nivel nacional, estamos hablando de Hellín y sus alrededores. Está la investigación ufológica, pero luego he escrito muchísimos artículos para todo tipo de especiales como los de la propia Tribuna cuando yo era corresponsal de La Tribuna -fui el primer corresponsal de La Tribuna-, incluso creé lo que era la página completa. No existía hasta ese momento. Escribía tanto -a los corresponsales normalmente se les tenía asignado un cuarto de página-, daba tantas noticias, que abarcaba toda la página. Entonces se creó una página -tuvieron que darme una entera- dedicada a Hellín. Pero es que además mi sueño era ser articulista, columnista, tener una columna. Una cosa es ser corresponsal de un pueblo. Y en un momento determinado me llamó el director de La Tribuna, que fue curiosísimo porque éramos un montón de corresponsales, y me dijo: “Jose Antonio (era mi sueño, pero estos sueños que se hacen realidad como si hubiera una energía que se manifestara. Yo nunca hablé con el director ni se lo pedí, y entre todos los corresponsales solamente a mí me lo pidió), quiero que tengas una columna en la página cuatro.

Me acuerdo de que escribía Emilio Romero, uno de los grandes periodistas de aquella época; estaba Ramón Bello Serrano, uno de los periodistas más destacados de la provincia de Albacete; y un sacerdote. Y yo tenía ahí mi columna, además se llamaba Desde mi buhardilla, que era en honor a la buhardilla donde me había desarrollado literariamente en mi barrio de San Rafael, porque nací en la antigua judería. Y en la calle Virgen 5 había una pequeña buhardilla diminuta que daba al barranco donde se contaban las historias y las leyendas de que allí eran ajusticiados los judíos, que fue además un muladar, un vertedero, y luego un jardín; y en todo el cogollo del casco antiguo. Y desde esa buhardilla veía los vencejos, escribía desde niño. Ahí se gestó mi vida. Entonces se titulaba Desde mi buhardilla. Luego, pues presidente de la Asociación de Peñas, he presentado carteles, he tenido el honor de presentar carteles de las dos asociaciones…  Es que serían horas y horas de hablar. Toda mi vida he estado dedicado al pueblo de Hellín, participando en actos, en tertulias, creé el círculo Albanah, que era de poetas en aquella época para reunirnos la gente que escribíamos. Es que he hecho de todo en este santo pueblo. Siento pasión por Hellín, soy un enamorado de Hellín.

Y ahora, por ejemplo, uno de los proyectos más interesantes y especiales en los que trabajo, siendo de ámbito mundial, es el canal de YouTube Luz de Ilunum, que ya son 67 videos, y esta tarde justo estoy trabajando en el número 68, que va a ser 68, 69, 70 y 71, porque van a ser cuatro, dedicados a una chamana de Argentina llamada Adriana Cortés. En este canal de YouTube estoy dedicando vídeos a la Tamborada más grande del mundo, que es la de mi pueblo. Esta Semana Santa recibió el reconocimiento de la fiesta más importante de España. Es decir, todo aquello que tenga que ver con lo tradicional, lo mágico, lo paranormal, lo misterioso, encaja dentro de ello. Y hasta para eso estoy honrando a mi pueblo.

¿Por qué se llama el canal Luz de Ilunum? Luz porque es conocimiento, es amor, alumbrar, como un parto, dar a luz, es todo lo que es iluminar. De Ilunum, porque lógicamente mis raíces son de Hellín, pero utilizando la terminología, el nombre originario de Hellín en el Tolmo de Minateda, romano, porque el emperador Augusto, hace más de dos mil años ya, le dio el atributo de ciudad por su antigüedad. Porque era mucho más antigua, ya que como enclave íbero tiene una antigüedad de tres mil años. El emperador Augusto la nombró ciudad. Y esa ciudad que es el Tolmo de Minateda, que es el parque arqueológico, que se declara uno por provincia, ése lo tenemos nosotros, es el parque arqueológico del Tolmo de Minateda. Su nombre originario romano era Ilunum. Ilunum es el antecedente de Hellín. De allí viene y por eso se creó de hecho la villa romana, que la tenemos al lado. Y aquí se desarrolló el pueblo que es Hellín. Entonces Luz de Ilunum es decir, luz, conocimiento que sale desde Hellín. Fíjate si hay entrega a este pueblo, que será hasta el último aliento de mi vida.

“Lo que me inspiró para crear la Romería a la Virgen Reina fue acercar al pueblo la imagen y llevar el pueblo a la imagen”


LBDLM. Para crear la romería que has comentado hace unos momentos, ¿te has basado en alguna tradición que ya existía?

JAIV. Bueno, lo que hice desde el primer momento fue recabar todo tipo de información sobre este monumento. El monumento estaba olvidado, pero también estaba olvidada su historia. Pero no olvidado, digamos, el cariño hacia la Virgen Reina. La Virgen Reina siempre ha gozado de una gran devoción. Pero nos encontramos, o nos encontrábamos, mejor dicho, con un monumento abandonado al que le cayó un rayo, que estuvo a punto de desaparecer porque el monolito que lo sustenta estuvo a punto de caerse, y estaba sin luz… Y digamos que no sólo tengo inquietudes, sino que me gusta catalizar las inquietudes de los hellineros. Y consideré que era importante desarrollar este proyecto. Este proyecto es muy ambicioso: se han arreglado los accesos para que la gente pudiera subir, se pinta todos los años el monolito, se restauró el monumento…, pero hay una cosa fundamental que es la romería.

El proyecto fue el resultado de continuas reflexiones, llamé a un conjunto de personas y creamos lo que se llama la Comisión Proyecto Virgen Reina, y al día de hoy sigo coordinando este proyecto. De hecho, dentro de unos días me pongo a trabajar en un montón de gestiones, porque sí, nos repartimos el trabajo, pero como te puedes imaginar, siempre me toca a mí la mayor parte. Porque claro, para ir a la prensa me toca a mí, para hacer los diseños, la cartelería, buscar la estampa… Nunca se habían hecho estampas. Tengo una inmensa colección de miles y miles de estampas religiosas. Desde el aspecto etnográfico es una maravilla, digamos, la imaginación que se ha puesto en desarrollar diseños de imágenes a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, y me di cuenta de que no había estampas dedicadas a la Virgen Reina. Pues ahora se sacan y hemos sacado un montón de estampas diferentes.

Es decir, que el trabajo es muy complejo. Pero entre todo ello, que es por lo que me preguntas, consideré que era muy importante hacer una fiesta, una romería. ¿Y qué inspiración? Pues básicamente una de las tradiciones grandes de España, que es ir los romeros, los peregrinos, a un lugar de devoción y estar en un momento determinado con la imagen. Aquí, ¿qué es lo que ocurre? Que vamos, como digo, el sábado anterior al comienzo de la Feria de Hellín. El monumento está en lo alto del cerro. Siempre hemos hecho una misa en lo alto. Ahora se hace en la base, en la falda de la montaña. ¿Por qué? Por una concesión hacia la gente mayor, gente que va, que tiene dificultades, que son minusválidos, es decir, lo disfrutamos igual porque además la visibilidad es espectacular, pero no queríamos que nadie se quedara abajo, que había muchísima gente mayor que nos acompañaba y luego se tenía que quedar abajo.

¿Qué inspiración es? Pues precisamente las romerías que se han hecho a lo largo de los siglos en tantos lugares de España. Y encima me preocupé de encargarle -que yo se lo pedí y lo pagué de mi bolsillo, y está a disposición y estará siempre del Proyecto Virgen Reina- una talla preciosa, una reproducción de la Virgen Reina que se la encargué a Piotras Déjevas. Piotras Déjevas era un gran amigo mío que falleció en Florida, camino de Miami, y que además es uno de los trabajos más costosos pero más hermosos que he hecho en mi vida. Más de cien gestiones diferentes para poder traerme el cadáver de este gran amigo, porque su mujer -son lituanos-, ni tenía casi capacidad de comunicarse ni con EEUU ni podía manejar un ordenador… Era un problema tremendo. Imagínate lo duro que es ponerse en contacto con detectives, con la embajada, con el cónsul, es decir con todo tipo de personas. Pero le prometí que iba a traer su cadáver, en este caso sus restos, sus cenizas, y vinieron al aeropuerto de Alicante y ahora están en Lituania y las tiene su madre. Para mí fue un gran honor, se lo prometí y le dije que aunque tuviera que ir a Florida lo haría. Por eso le dije: “yo te prometo que vengo con esa urna de las cenizas hasta aquí”. Me costó hacer más de cien gestiones, pero se consiguió.

Era un gran tallista, un maestro genial, y él hizo además algo histórico que seguro que no ha ocurrido en ningún sitio, que es hacer tres tallas diferentes que sucesivamente se han llevado hasta lo alto del cerro. Ahora la que se lleva es la que adquirí, que está a disposición del Proyecto Virgen Reina. La [talla] anterior, la encargó el hijo de un gran amigo mío que me acompañó desde el primer momento, que además le puse una placa en el monolito como recuerdo, y me llevé un gran tamborilero para que le tocara aquel día, que era el 50 aniversario de esa instauración del monumento de la Virgen Reina, que fue en 1956. Y la primera, el encargo de una persona, a la que se la pedí para que pudiéramos subir. Obviamente era suya, y se hicieron unas andas que se llevan siempre. O sea, un acontecimiento histórico, porque van a ser tres tallas diferentes en romería en el mismo lugar.

Y entonces ésa es la inspiración, la inspiración popular de decir: acercar al pueblo la imagen y llevar el pueblo a la imagen. Tú no te puedes imaginar el primer año que ocurrió esto, que en un momento determinado yo llevaba una muchedumbre, y eso es sobrecogedor. Miraba hacia atrás y veía toda una muchedumbre de gente, para llevar a todos hasta el monumento de la Virgen Reina. Allí nos llevamos todos los años un sacerdote, en otras ocasiones han sido frailes, y eso es un inmenso honor porque es hacer un rito, una ceremonia, una misa de campaña, pero al mismo tiempo es una comunión con la Madre Tierra. Es la Virgen, es el cerro, es la naturaleza, y hacer una misa al aire libre es algo maravilloso.

Todo eso surgió de un sueño, de una idea, de un pensamiento, de ver tantas veces la Virgen Reina abandonada. Claro que tengo un equipo grandioso que me acompaña, de buenos amigos, pero es el honor de decir “he creado una tradición” que espero perdure por los siglos de los siglos. Y de ésta sí que hay sobrada documentación de cuándo se ha ido gestando todo el proceso.

YACIMIENTO ARQUEOLOGICO EL TOLMO DE MINATEDA - BASILICA Y TUMBAS
Tolmo de Minateda. Foto: Archivo municipal de Hellín

LBDLM. Cuéntanos un poco las historia de cómo surgió el Museo Comarcal de Hellín y cómo se está llevando en la actualidad.

JAIV. Pues el Museo Comarcal de Hellín tiene 23 años, es arqueológico y etnológico, el 11 de mayo de 1995 se inauguró. Era un proyecto muy anhelado por el pueblo de Hellín. Entonces era la necesidad visceral de que en un lugar con tanto patrimonio arqueológico que se iba y se iba continuamente al Museo de Albacete o a la Real Academia de la Historia, o a tantos sitios… Fue el anhelo de todo un pueblo. El alcalde en aquella época era Fructuoso Díaz Carrillo, con quien tengo muy buenas relaciones y contacto y recordamos aquellos tiempos. Y desde hace 23 años estoy trabajando aquí. Las piezas arqueológicas vienen del Museo de Albacete, de las distintas excavaciones, porque es una zona muy rica, esto es un cruce de caminos histórico. Y estas piezas pertenecen al Estado, pertenecen a los ciudadanos, por eso no se puede excavar ilícitamente. Y por eso se dejan en depósito para que las puedan disfrutar todos los hellineros. Y las piezas etnológicas son las que ha donado el pueblo a lo largo de 23 años. Desde el comienzo me he recorrido cerros, cortijos, casas, corrales, cámaras y he recogido muchas piezas, he donado algunas de ellas, y he hecho que mi familia también donara, y bueno, pues ése es el hermoso proceso que se ha desarrollado.

Se creó una comisión en este museo de la que yo era el responsable del área de la Tamborada y el secretario; y digo era porque obviamente dimití ante el poco fundamento de la existencia de esa comisión…, pues desde el 2009 en que fue creada esta comisión por acuerdo del pleno soberano del Ayuntamiento de Hellín, siendo alcalde Diego García Caro, hemos estado trabajando un grupo de personas vinculadas a la Semana Santa, de procesiones y tamboradas, para crear el Museo de Semana Santa y Tamborada y enriquecer este pueblo; y de la noche a la mañana, con todo ese trabajo, con toda esa promesa inmensa de ese museo al pueblo de Hellín -durante varias legislaturas, esto no es del equipo de gobierno actual-, y después de 23 años de este museo consolidado muy querido con infinidad de exposiciones, cientos de exposiciones a lo largo de los años, el equipo de gobierno de este Ayuntamiento decide, por una parte, que va a cerrar este museo, el Museo Comarcal con su historia, y se van a llevar todas las piezas al Museo de Semana Santa y Tamborada.

Lo cual es una decisión terrible en mi opinión. Escribí el 11 de mayo de 2018, cumpliéndose los 23 años, un artículo titulado “Desolación, tristeza y decepción. Después de veintitrés años de andadura, se cierra el Museo Comarcal de Hellín”. Y expresaba mi tristeza. Pienso además que es uno de los grandes errores que se han cometido en este Ayutamiento, primero porque se cierra un museo con una gran historia, querido por todo el mundo, totalmente sustentable; se mezcla -porque ahí no van a caber todas las piezas- la arqueología, la etnología, con las procesiones y con las tamboradas… Se hace un batiburrillo impresionante. Y luego aparte se incumple una promesa al pueblo de Hellín, en el sentido de que se le ha prometido durante años y años, un museo de Semana Santa y Tamborada. Un museo de Semana Santa y Tamborada no es un museo de semana santa, tamborada, arqueología y etnología. Desde mi punto de vista, y de la práctica totalidad de la ciudadanía, es un desastre.

Me vi obligado a escribir ese artículo a pesar de los pesares, porque gracias a Dios se dice muchas veces que toda persona tiene un precio, pero hay personas que todavía no tenemos precio, y que llevamos a gala eso de “antes muerto que de rodillas”. Y el honor por mi pueblo es lo más sagrado que puedo desarrollar. Lo peor que me podría haber pasado a mí es callarme y remorderme la conciencia toda mi vida. Y es que sabía perfectamente que no se había comunicado a la Asociación de Peñas, que es el cincuenta por ciento, digamos, de las instituciones que aportan piezas; no se había comunicado a la Asociación de Cofradías y Hermandades; no se había comunicado a la Comisión Técnica de la que yo era secretario y responsable del área de la Tamborada… O sea, era una burla a todas esas personas que durante años nos hemos dejado aquí la vida, el pellejo, por sacar adelante ese museo. Este Museo Comarcal es el padre del otro museo.

Se cargan al padre y se cargan al hijo, en el sentido de que pierde la identidad. Pero es que además, que me pareció gravísimo, tanto como lo otro, que nunca se comunicó a ninguno de los grupos políticos de la oposición. Eso, desde todos los puntos de vista, es como mínimo, inmoral. Y después lo que venga. El pueblo, al leer ese comunicado, reaccionó con indignación y realmente hubo una explosión en las redes sociales como nunca se ha visto, y como respuesta, el equipo de gobierno, en vez de justificarse, disculparse decentemente o hacer marcha atrás, inició una campaña de justificaciones que son todas absolutamente mentira. Todas mentiras, como todo el mundo sabe. Además infantiles, hasta se podrían considerar infundamentadas, y desde luego es un desprecio a la razón, es un desprecio a la democracia, y es un desprecio al sentido común. Sigo siendo trabajador de este Museo Comarcal, lo voy a ser de este Ayuntamiento hasta que corresponda y yo lo decida, la vida es muy larga y puede haber muchos cambios. Pero evidentemente es de las cosas más tristes que he vivido en Hellín y no voy a aceptar eso.

El equipo de gobierno, el Ayuntamiento en sí, está en su derecho de equivocarse, para eso recibe los votos. Lo que no tiene derecho, nunca, es a engañar al pueblo de Hellín. Y eso me parece que es totalmente inmoral. Es de las cosas más tristes que he vivido,  y si realmente nunca he creído en los políticos, ahora creo menos todavía. Jamás voy a creer ya en la política. Creo en mi pueblo, lo defiendo a capa y espada, y me dan ganas de llorar y así lo digo. Y la gente…, bueno, he recibido un apoyo inmenso de todo el pueblo. Porque saben que con lo que me he desvivido aquí, lo que se ha desvivido tanta gente, tanta gente donando piezas, para que luego, desde hace meses, se estén sacando de este museo para no regresar nunca -porque el traslado ya se lleva haciendo desde hace meses-, y encima aparezca un cartel que ponga que las piezas están expuestas temporalmente en el Museo de Semana Santa y Tamborada. Yo no he visto cosa más incomprensible, por decirlo suavemente, pero evidentemente la dignidad de los seres humanos y de los hellineros está por encima de todo eso.

¿Que cerrarán? Evidentemente, pero como yo he dicho a alguna persona en concreto: “Sois responsables de esto vosotros. Tenéis que asumir a partir de ahora lo que habéis hecho en contra del pueblo de Hellín. La Historia os lo demandará. Porque no es sólo lo que se ha hecho, sino cómo se ha hecho. Están en su derecho de tomar decisiones, pero por lo menos que las expongan al pueblo. Que el pueblo lo juzgue, que se debata entre los partidos políticos, y se honre a las dos asociaciones que desde hace años están luchando para crear ese museo, y la Comisión Técnica; todos los miembros, nuestro honor, que hemos estado trabajando desde 2009 para crear un museo, y luego el equipo de gobierno ha tomado una decisión sin contar con nadie en todo el pueblo.

“Siempre tengo la sensación de vivir en un naufragio. Entonces me doy cuenta de que, haga lo que haga, se va a perder la gran parte, la mayor parte de la historia de Hellín”.

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Entrada del actual Museo Comarcal de Hellín. Foto: turismohellin.es

LBDLM. ¿Qué crees que te queda por hacer en Hellín?

JAIV. Me queda todo lo que absolutamente me dé tiempo por hacer hasta que me muera. Fíjate, una de mis angustias viscerales es que por más que llevo más de cuatro décadas en activo, que se dice pronto -o sea, las que he dedicado a mi pueblo recogiendo piezas, ya te digo que desde niño-, pero activo, te digo profesionalmente publicando, que se dice pronto, cuatro décadas ya escribiendo, publicando, en tertulias, en programas de radio, de todo… Y a pesar de todo siempre tengo la angustia, la sensación como de no hacer nada. Pero ¿sabes por qué? Porque aunque estoy todos los días grabando a gente mayor, la gente que ha desarrollado los oficios antiguos que están en extinción, que están a punto de desaparecer; que han desaparecido algunos hace ya décadas, siempre tengo la sensación de vivir en un naufragio. Entonces me doy cuenta de que, haga lo que haga, se va a perder gran parte, la mayor parte, de la historia de Hellín. No puedes abarcar a todas las personas, todas las cabezas, todas las historias, todas las memorias, todos los oficios, todas las anécdotas, los chascarrillos, los refranes, las fábulas, los cuentos, las leyendas, entonces es como un poco una de esas películas en las que te encuentras un tesoro e intentas recuperarlo todo y de pronto se viene la montaña abajo y te preguntas “¿Qué cojo”? Y tratas de salvar algo, pero dices: “qué triste, se va a perder la mayor parte”.

Pero la tristeza no es sólo porque se están muriendo las personas que físicamente quedan todavía y que están a punto de irse, estoy casi continuamente grabando, entrevistando, haciendo fotografías a un ceramista de 91 años y que está todavía en activo. He recuperado toda la información de los yeseros, de los esparteros, de los hiladores, de montones de oficios. Pero sobre todo me doy cuenta de que es la pérdida de un tesoro incalculable de información, porque se mueren las personas que guardan esa memoria. Y que no puedes hacerlo todo, no puedes abarcarlo todo. Tendrías que dedicar 24 horas al día sólo para esto y ni en una vida se puede hacer. Teniendo en cuenta que no es lo único a lo que me dedico, que tengo que salvaguardar también gran parte de las tradiciones de culturas ancestrales de otros países. Investigar, escribir, dar conferencias, responder a los medios de comunicación, trabajar en el museo mañana y tarde, tengo una familia, tengo proyectos, escribo libros… No tengo tiempo suficiente para hacerlo todo.

Pero además de la tristeza de ver cómo en este naufragio se pierde lo más valioso del pueblo, es que realmente veo que a nadie le interesan nuestras tradiciones. Ahí no diría un desprecio absoluto, pero sí un desinterés muy grande. Es decir, todas estas personas que he entrevistado y que por lo menos quedará su testimonio, las fotografías de sus piezas, las técnicas de su elaboración… ¿Quién se ha preocupado de grabar y documentar todo esto? ¿Qué Ayuntamiento ha emprendido una campaña para salvaguardar nuestra memoria histórica? Nunca se ha hecho. Me consta incluso que hay gente que quiere donar cientos y cientos de piezas de su colección para que se conserve. Al Ayuntamiento no le interesa eso. No tiene capacidad de abarcar todo este material porque supone mantenimiento, numerosos gastos. Es como en ciertos países que estamos observando cómo saquean, cómo roban, cómo expolian los yacimientos, cómo se estropean…, porque no tienen presupuesto para conservarlos, ¿no? Pues algo ocurre así en todas partes. Y realmente es una labor nostálgica, es casi romántica, romántica en el sentido del Romanticismo antiguo, es una tarea de luchar contra molinos, que son gigantes. Porque… ¿a quién le interesa lo que hacía un ceramista en la posguerra? Para mí es pasión pura saber cómo hacían sus morteros para guardar las resinas de los árboles, cómo hacían las tejas, cómo hacían el ladrillo macizo, conocer las distintas técnicas, que son complejísimas. Cuando veo una pieza me maravilla, cuando me describen las técnicas, cómo se tiene que hacer, las horas que hay que dedicar para hacer una pieza.

Siempre he dicho que un pueblo que no conoce su pasado no puede afrontar con dignidad su futuro. Pero es que además ocurre una cosa, y es que tenemos los pies de barro en ese sentido, si no tenemos una memoria histórica. ¿Qué vamos a hablar de nuestras tradiciones? Pero pasa lo mismo para los objetos en sí, las piezas etnográficas, que no se le dan valor, como la propia tradición oral. Pero ¿quién se ha preocupado aquí, sino Juan Francisco Jordán Montés, mi gran amigo con el que he escrito dos libros, y yo, de hacerlo sistemáticamente ya desde hace cuatro décadas, no sólo aquí en Hellín, sino en la Sierra del Segura? Pues todo ese inmenso tesoro de información no se va a perder nunca, porque está ahí, a disposición de quien lo necesite. Además no quiero nada para mí, ni piezas etnográficas, ni tradición oral, ni nada, le pertenece a las generaciones futuras. Pero me consta que, con todo el esfuerzo del mundo, he recuperado la milésima parte de todo lo que ha existido y se ha perdido.

Es una labor hermosa, que la voy a hacer hasta el final de mi vida. Y quien dice eso, recuperando todas las costumbres habidas y por haber, escribiendo sobre el tambor, preocupándome de la Virgen Reina, informando -me encanta cuando voy a los colegios, a institutos, a contarles cosas-…, a mí todo eso me encanta, lo que es la labor didáctica de contar. Pero con esa alegría inmensa, además de haber tenido el gran privilegio de haber conocido y ser amigos míos todos los grandes artistas, los grandes desde que nací, estaban vivos teniendo yo ya uso de razón…, todos han sido mis grandes amigos, he conocido toda su vida, toda su privacidad, su intimidad, he descubierto yacimientos arqueológicos, lugares de poder, investigado… es decir, el honor y el privilegio de haber vivido y mamado eso, y desde jovencito ya, ir de puerta en puerta de los curanderos cuando era casi de película. Si ahora es como misterioso, aquello era como de la Edad Media, recogiendo rituales, oraciones de la Edad Media que se habrían perdido de no recuperarlas.

Pero la sensación de amargura con ese símbolo, de que estoy arañando unos trocitos del tesoro, los estoy recuperando para los demás, pero la montaña se viene abajo, y solamente puedo coger lo que cabe en mis manos… Entonces me siento contento, satisfecho, agradecido de la vida por poder recuperar esos trocitos de tesoro. Pero es que me duele inmensamente en el corazón porque todo lo demás se lo traga la montaña. Y no puedo luchar contra el destino. La gente se va a morir, las tradiciones se van a perder. La gente no sostiene ese acervo popular… Tengo recogidas hasta las palabras, el léxico típico hellinero, más de quinientas palabras típicas, pero ya no se escuchan, la gente ya no las memoriza, yo las conozco todas no porque las haya investigado, curiosamente son de mi cultura madre, nunca mejor dicho. Cultura madre de mi pueblo, pero es cultura de mi madre, que lo escuchaba de mi madre. Pero es una sensación dulce y amarga. Dulce por vivir un privilegio, y amarga por vivir un naufragio colectivo.


Estas son las palabras apasionadas de José Antonio Iniesta Villanueva, a quien agradezco enormemente su tiempo, valiosísimo, dedicado a contarme personalmente todos estos detalles de lo que es su vida, su aprendizaje, su historia al fin y al cabo. Esta es la historia de un viaje iniciático que ya desde niño estaba conectado y preparado para que recogiera las pistas y tomara el camino, y que sabiamente, con la sensibilidad de una mente abierta y llena de respeto e ilusión, ha sabido emprender.

Toda una vida, como José Antonio mismo dice, dedicada a su pueblo y a la cultura. Nadie le dijo cómo, sólo él iba recogiendo lo que sabía que era su labor. Ya desde el primer día en que nos conocimos lo decía. Hace unos pocos años, cuando mi madre iba a vender su casa del barrio Graos, decidí que los aparejos de mis abuelos -que se encontraban la mayoría en las cámaras- no debían quedarse ahí. Otras cosas quizá, pero si había un lugar mejor con alguien que le diera un uso perfecto, ése debía ser un museo. En esa época no pisaba mucho Hellín ni Isso y hacía años que no iba -desde niño, al menos 20 años-, y como desconocía si había museo lo busqué.

Llamé por teléfono y me pasaron con José Antonio, así que acordamos un día, un único día, imposible que fuera otro, porque había que vaciar la casa, y él vino, con el talante que lo caracteriza, con el dolor que arrastraba -no fue un buen día para él-, pero aun así vino “porque tenía un compromiso”. Y se puso a recoger cosas, y a medida que las veía o descubría, nos explicaba lo que era y si le podía dar un uso etnológico en el museo. Por esa razón supe que había hecho bien. No fue, además, una idea planificada, simplemente surgió de pronto. Le ayudamos a cargar el coche, y en agradecimiento me trajo varios libros sobre Hellín. Pero el agradecimiento es mío, y el de todos los vecinos de Hellín.

Esta historia refleja bien lo que ha dado de sí la entrevista, un ejemplo más de su espíritu incansable, valiente y humilde, de esta persona con la que he pasado horas hablando por teléfono -hace tiempo que ya no, directamente nos vemos cuando tengo la oportunidad de ir a Isso; con quien he estado seis horas seguidas hablando de misterios y puntos de vista una tarde de Semana Santa… Y si en la entrevista no he intervenido apenas es porque a veces resulta imposible intervenir. Tan sencillo como que no puedes dejar de escucharle. No es que José Antonio hable demasiado, es que quien le escucha, escucha demasiado.

Hasta aquí estas palabras, que de seguro habrá más, pero todo con tiempo. Es la primera entrevista que he realizado en directo con grabadora, escuchando una y otra vez sus palabras, transcribiéndolas, corrigiendo el texto luego con la grabación, corrigiéndolo una vez más para eliminar errores ortográficos. Preparando los enlaces, las fotografías que en su mayoría me ha cedido amablemente para ilustrar esta entrada. Me ha llevado varios días, pero finalmente queda este nuevo testimonio de un investigador incombustible, ejemplo de ejemplos, de quien todos podríamos tomar un poco de esa energía que transmite y aplicarla a nosotros.


Esta entrevista fue realizada en el Museo Comarcal de Hellín a José Antonio Iniesta Villanueva, por Marcos A. Palacios y siendo testigo Fidel Chacón Morales, que nos acompañaba en recepción.

Hellín, Albacete, 30 de agosto de 2018.

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Iglesia de la Asunción, Hellín.
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