CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

Esos malditos fans de cualquier cosa

Ya he hablado en numerosas ocasiones sobre este fenómeno, el fan, el fanático, los grupos de seguidores de “algo”. Pero lo he hecho de forma aislada, no en general, porque ya sabéis que si hablo, hablo, y durante mucho tiempo he querido que este blog se caracterice por la neutralidad, la objetividad. A veces no ha podido ser así, y en esta ocasión no quiero que lo sea.

Hace bastantes años leí una frase que no se me ha olvidado, de la mano de una revista religiosa que no viene a cuento cuál era ni cómo cayó en mis manos: “No faltan garbanzos negros que deslucen el cocido”. Si bien es un dicho popular, lo aplico a este caso del que voy a hablar, porque en todo fenómeno siempre hay un sector que marca la diferencia negativa y da mala fama a eso que defiende.

No se me borrará de la mente el caso de los fans del anime, el manga, y la cultura japonesa. Como en aquella ocasión en que tenía entradas gratis para una película de estreno, Still Walking, japonesa, y me sobró una porque un acompañante falló. Y como no quería que se desperdiciara, me acerqué a unos metros a la Plaza de España, sí, en Madrid, esa tarde en que grupos de falsotakus abarrotaban los jardines. Digo falsotakus porque no tienen ni la más remota idea de lo que realmente es un otaku japonés —pues trasciende más allá de lo social y del fenómeno anime/manga—, como se demuestra en este artículo tan simple como obsceno, pero tienen que apropiarse de algo para identificarse de alguna forma. Típico que a esa edad necesiten expresarse, todos lo hemos pasado.

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Otakus asiáticos. Foto: dibujamx.com

Era gente que no pasaba de los 25 años. Pasé por varios grupos. Me miraban con cara de asco cuando les ofrecía una “entrada gratis para ver una película japonesa”. Sí, esos que van a los salones con sus orejitas neko y sosteniendo cartelitos de “Besos y abrazos gratis”, tan abiertos, alegres y propensos a la sociabilidad dentro de las fronteras del recinto de ocasión y solo durante las horas que dura. Pues entonces no me lo parecieron tanto. Llama la atención la falta de empatía que demostraban, quizá por no considerarme un igual. Callaban, volvían la cabeza. Cualquiera diría que su amor por lo japonés se limitaba a sus horas de visionado de capítulos de la serie de moda, o a pasear por las calles del centro reivindicando su “friquismo” sin venir a cuento y hablando en sonidos ininteligibles emulando a su personaje favorito, un bichito de esos que no pintan nada pero que se pasa la vida en el hombro del protagonista.

De ahí la falsa sensación y las dudas que me producen que esta chavalería adore realmente esa cultura: fuera de sus parámetros fantásticos surje el prejuicio hacia el mismo objeto culto que afirman adorar.

Cosas parecidas me ocurrieron en la tienda. Venían en manadas, lo he dicho muchas veces, esos rebaños de niños rata, entre los que, de vez en cuando, alguno disfrutaba de una marcada solvencia por encima de sus amigos, y necesitaba sus cositas niponas de turno, fuera lo que fuere. Comprar por impulso. Por ansiedad. En algún momento llegué a negarme a vender a uno de ellos varios artículos: lo conocía de venir de vez en cuando, conocía sus gustos y necesidades. Nada de eso era primordial para él. Hasta él mismo lo decía: “Tengo que llevarme algo, pero no sé qué”. Si le hubiera dejado llevarse todo lo que quería, lo habría tenido en la tienda días después para devolver la compra. Ya me había pasado una vez. Una y no más.

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Locura de firmas en Sant Jordi. Los libros no se libran. Foto: elperiodico.com

Pero en cambio, hay otros fans que se apropian de la verdad, la única verdad, y que debes opinar como ellos, si no, no eres un verdadero fan. Ya he sufrido múltiples encontronazos con estos especímenes, tanto en persona como en internet. Los falsos mitos que discurren por los medios de información siempre han sido fatales a la hora de manifestar tus gustos. Al final, solo son consignas vacías sin sabiduría alguna, como por ejemplo la más extendida:”No eres un verdadero fan de X si no haces X o no has visto X”. Hay quien decide si eres o no eres fan de algo, por poner solo un ejemplo, que la red está plagada de ellos si sabes buscar. Siempre he preferido ir a mi rollo, sin definir o imponer a los demás en nombre de mi arrogancia.

Existe una sublime intorelancia en los grupos de fans, como en todas partes. No es algo nuevo ni que nos deba sorprender. Lo que sí sorprende es la ignorancia que acompaña a estas manifestaciones que deberían servir únicamente para expresarte y disfrutar de lo que te gusta, sin perjuicios, ni manías, sin obsesionarte. Y esto es solo un mínimo ejemplo.

Foto de cabecera: europapress.es

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One thought on “Esos malditos fans de cualquier cosa

  1. Hay algo primordial en lo que cuentas: falta de empatía. Creo que cada día hay más falta de empatía y de respeto al prójimo. Juntos son una combinación fatal. Un mal del que muchos pecan, sobre todos quienes se erigen en abanderados de X idea/producto. Sólo existe su verdad y nada más.

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