‘La efímera edad de las manos’, de Alberte Momán Noval (2022) [Reseña P.]

La efímera edad de las manos trae de vuelta a Alberte Momán Noval con su característica y personalísima expresión. Fusión creativa en el particular universo de su narrativa, presenta una ecuación que funciona siempre y que solo Alberte conoce cómo despejar la incógnita.

La efímera edad de las manos

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Presentada como un homenaje al poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro, La efímera edad de las manos parte de la visión surrealista de su autor en un ejercicio de engañosa naturalidad que, poco a poco, empieza a desvirtuarse para enfocar la atención en un conglomerado de sucesos imaginarios que desembocan en la más cruda realidad.

Ana es una detective privada en edad madura, con una vida un tanto complicada, si bien de precaria economía y agobiada entre su trabajo y la crianza de su hijo Mario, de apenas tres años. A la tarea le ayudan diversos personajes que solo son presentados al principio y con una leve trascendencia hacia el final, y conforman un cuadro multirracial no visto antes por mí en la literatura de nuestro país, al menos expresado de un modo tan natural como en esta novela, ya que se ajusta a una realidad palpable y objetiva: un tendero pakistaní, una anciana y una universitaria pasada de fecha. Si a ello le sumamos dos superhéroes con poderes de dudosa confianza y corrección, ya obtenemos el elenco al que Alberte nos tiene acostumbrado.

Dentro de la ficción de su narrativa, existe un fondo totalmente no ficticio, con el que Alberte juega como si de fichas de parchís se trataran, con total impunidad. Este componente no ficticio acapara gran poder de presencia en la narración: la misión para la que Ana es requerida por los supuestos y pusilánimes superhéroes, la única que han creído capaz de hacer frente a una misión así. Y no es solo que Ana sea la ideal para tal enfrentamiento, sino que su necesidad de dinero para mantener a su hijo la empuja con ahínco a aceptar la misión. El contexto es el siguiente: Mario Vargas Llosa encabeza una invasión extraterrestre que está secuestrando doctorandos en los sótanos de la Universidad de Santiago de Compostela, y Ana deberá liberarlos y sacaa a la luz de qué manera los extraterrestres están comprando humanos para someterse a su sistema. Un sistema que, por cierto, lleva muchísimo tiempo en marcha.

Aquí entramos en un dilema distópico, de ciencia ficción y de crítica. En La efímera edad de las manos se habla de la Obra, clara alusión al Opus Dei, que opera, según Vargas Llosa, desde hace siglos. ¿Se trata, entonces, de nuestra propia base de valores y cultura como civilización occidental, basada principalmente en los valores cristianos? Habría que hacer un gran ejercicio de historiador y sociólogo para analizar en profundidad mi afirmación. ¿Acaso es esta historia un reflejo de la caída de valores y cultura tal como la hemos conocido hasta hoy en nuestra sociedad?

El ladino plan de Vargas Llosa y su especie, de la que no sabemos mucho más, empieza por someter sencillamente a la gente. ¿A qué se le va a someter? A cambio de dádivas existenciales, los extraterrestres pretenden mantener a los humanos en un sistema propio, inamovible, perpetuo y tirano. A los disidentes les esperan terribles torturas. Y así es como logran mantener su estatus: «”(…) ya nuestro plan se consolidaba, en los albores de lo que hoy conocemos como sociedad civilizada en la construcción de occidente. Se os ha dado la oportunidad de participar en un proyecto que, una vez acabado, logrará la unificación de todas las naciones que hasta el momento permanecen dispersas, logrando un todo único, libre de cualquier idea que no cumpla las estrictas revelaciones de la gran Obra, iniciada muchos siglos atrás (…)”. Lo que estaba en juego era mucho más que un puesto en una Academia rancia, marcada por el conservadurismo y las ideas de un nacionalismo ultra, caduco y atemporal».

Mario Santiago Papasquiaro. Fuente: El Placard.

Con todo, y finalmente, tras entender el conglomerado de intenciones, podemos decir que el factor no ficticio se funde indefectiblemente con el de ficción, atribuyendo una identidad ajena a la humana o a la mayoría de la población, a los secuaces de Vargas Llosa y quienes pretenden controlar a la población con el delirio de una nación única, una ideología que no ha traído más que enfrentamientos continuos a la humanidad.

El método más sencillo es lograr la ineficacia de las masas, que contrarresta el poder de los elementos sociales proclives a la subversión. El ejemplo más claro es el de Teodosio, el superhéroe de las salchichas escatológicas (en el sentido más desagradable), que no duda en abrazar el cumplimiento de sus deseos a cambio de la entrega de su conciencia. Por lo tanto, en este acto execrable asistimos a la evidente falta de valor y principios que impera en las masas posmodernas de nuestros días, conformistas con la esclavitud ociosa que se le ofrece en cada ámbito social de sus vidas.

Personajes

Llama la atención, como he comentado antes, la falta de aptitudes en los protagonistas superhéroes, Johannes y Teodosio, que como tales deberían ser ejemplo de virtudes, entre las que no se encuentran saber enfrentarse a una misión de tal calibre y cuyo comportamiento deja palpable su fragilidad. En contraposición, Ana, dibujada en el texto con perspectiva, es luchadora, gallarda y no se para ante una causa perdida. Quizá lo que le mueve es la supervivencia de su hijo, principalmente, pero también sus amargos recuerdos de abusos por parte de su padre: «Temía perder el recuerdo de aquellos años, porque podría suponer el perdón o que la culpa dejase de señalar al agresor».

No olvidemos a sus vecinos y amigos, la anciana Antonia, la frágil adolescente Andrea y el noble Naeem, que nos recuerdan los valores internacionales, universales, de la necesidad del prójimo, la unión de estos valores que bien podrían derrotar, si todos o la mayoría los reforzáramos, la invasión del sometimiento poblacional. Os puede sonar a mensajes de amor y frases motivacionales, pero es más que eso.

Si a esto le sumamos quiénes son en realidad los propietarios de los nombres con que Alberte ha bautizado a sus héroes, entendemos un poco más el trasfondo e intenciones y mensajes de la historia. A propósito, sigo intrigado en porqué el hijo de Ana se llama también Mario, como Vargas Llosa…

Papasquiaro

Mario Santiago Papasquiaro es un poeta mexicano homenajeado en La efímera edad de las manos, presente en todo el relato en la voz de Teodosio, que solo sabe hablar por medio de versos y ansía una cátedra universitaria dedicada al poeta. Insisto en mi petición de perdón porque soy poco dado a la poesía, pero permitidme este desliz de ignorancia invitándoos a que lo conozcáis por vuestra cuenta. Es evidente la admiración de Alberte por este poeta, dada la presencia continua en el relato.

Pulp

Las imágenes que nos deja La efímera edad de las manos son claramente inspiradas en el ciclo pulp de Alberte Momán, reflejado también en anteriores novelas, algunas reseñadas en CosmoVersus. La música en el coche, el uso del automóvil para desplazarse y donde tiene lugar algún que otro altercado, el carácter urbano de la trama, la detective como protagonista, la investigación y clímax final en un polígono industrial, un secuestro… Ingredientes básicos para un pulp policíaco que Momán dignifica a un elevado estado de trabajo y elaboración literaria que supera al propio subgénero y que solo puede clasificarse con el hipotético sustantivo gentilicio derivado del apellido del autor.

Valoración final

Si os gusta la literatura personalísima de autor, de esa que crea su propio canon e identidad con fuerte impronta artística, siempre podéis volver la mirada al polifacético Alberte Momán. Con La efímera edad de las manos esconde un tesoro ideológico en contra de cualquier tipo de «idiotización» y manipulación, ya sea consciente o inconsciente. La primera es el peor de los pecados en los que podemos caer los mortales, sin contar con la capacidad de provocar la desaparición de otro ser humano.

Esta novela necesita al menos una relectura adicional que deja claros más conceptos. Yo la he leído tres veces y os aseguro un despertar trascendental con su prosa. La mezcla de géneros literarios, el sapiencial manejo de emociones en los personajes y su construcción y la crítica casi quirúrgica que lleva a cabo en su fondo es un ejemplo más del buen hacer de estas letras gallegas, ajenas a todo espectáculo editorial, y que brilla en su más significativa individualidad.

Extracto en audio de La efímera edad de las manos

¿Quieres escuchar el principio del libro? ¡En iVoox puedes, en la voz misma del autor!

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La efímera edad de las manos. Alberte Momán Noval, (2022)

Rústica sin solapas. 90 páginas.

También puedes adquirirlo en Amazon pinchando en la cubierta.

ISBN: 9781470940287

Tripulación CosmoVersus

Marcos A. Palacios
Marcos A. Palacios
Administro CosmoVersus y colaboro con la Editorial Gaspar & Rimbau, donde he publicado mi primera obra antológica 'Fantasía y terror de una mente equilibrada' y corregido y anotado los libros de los 'Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul', entre otras ocurrencias. Mis reseñas van más allá del mero apunte de si este o aquel libro me ha gustado mucho o no. Busco sorprender y animar a los lectores a leer y compartir mi experiencia personal con los libros, igual que los compañeros de CosmoVersus. Soy muy retro, y no por mi edad, pues a los 20 años ya estaba fuera de onda. Perdón por no evolucionar al ritmo de los tiempos, pero es que soy yo.

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