‘La Vecina’. Un relato de Edu Melero Verdú.

La vecina. Una narración de Edu Melero Verdú. ¿Quién es la señora Duquesne, y por qué se aburre tanto con sus clientes? En su jardín, escucha sin atención las palabras ajenas…

Tonterías. Todo era una sarta de tonterías.

Todo lo que su vecina le estaba contando a la Sra. Duquesne le parecían una serie de tonterías. La Sra. Duquesne, Megghie Duquesne, se enorgullecía de tener una dilatada carrera en el mundo de la adivinación; y se enorgullecía ella misma, porque nadie sabía realmente cuándo había empezado dicha carrera. Si alguien se molestara en trazar la historia familiar de la adivina, vería su búsqueda rápidamente truncada: lo único que revelaba a nadie, y que estaba escrito en los artículos ─sí, porque había algún artículo del periódico en el que había sido consultora─, era que, un buen día, la Sra. Duquesne salió de la ciénaga pantanosa en la que vivía, y empezó a ayudar a la gente con sus, digamos, «asuntos paranormales».

La raíz de su fama, así como la de su ─presunta─ fortuna no estaba clara, ni tampoco su edad. Cualquiera que la viera diría o que era una mujer mayor que se cuidaba mucho, o que era una joven que no se cuidaba nada. De todas formas, tampoco es que mucha gente la pudiera haber visto, ya que sólo atendía a quien quisiera cuando quisiera, en su misteriosa casa rodeada de desaliñados arbustos y árboles. Bueno, también atendía por Internet (de hecho, hasta proporcionaba recetas para distintas pociones en su página web, muy bien diseñada y de tonos salmón), pero claro, no era lo mismo.

Todavía recordaba la ocasión en que cierto tipo, no muy inteligente, había querido reclamarle sobre una poción de amor, que le había provocado que se le cuarteara la piel en forma de escamas (según él, claro). Lo cual es rídiculo, pues su poción de amor no usa rabo de perro. Seguramente (como le dijo al hombre), no había sabido usarla, y se había echado demasiado cuando, de hecho, no le hacía falta. El poder de enamorar a alguien estaba… en su interior. La Sra. Duquesne había sido correcta en su suposición: no era muy inteligente; acto seguido, el hombre había desechado su reclamación y se había ido a comprar una anillo de compromiso.

Por eso, la Sra. Duquesne, que había tenido la gentileza, por primera vez, de invitar a una vecina a su casa (había venido realmente afectada), se estaba arrepintiendo de su decisión: no sólo le estaba diciendo tonterías (creía que su marido no era sincero al alabar sus panqueques secos; ¿quién hace panqueques secos?), sino que se lo estaba diciendo lo más irritante, chirriante, vejante, estúpida, sincera, aburrida, desilusionante, aberrante, pesada, desconpensante, y agriamente posible. La única solución, vistas las posibilidades, era librarse de esa vecina… y sabía la manera: emitió un sutil silbido, que despertó a su mascota: un ratón pardo de 30 centímetros. Sólo faltaba esperar que ningún otro miembro de su abarrotada casa irrumpiera por la puerta del invernadero…

© Todos los derechos de Eduardo Melero Verdú.

Edu Melero también ha intervenido en este portal con su ‘Análisis de Elemental, el primer disco de Loreena McKennitt (1985)’ y con su narración corta Esperando el Amanecer.

eduardo meleroEduardo Melero Verdú

Joven (y a mucha honra), aspirante a escritor (a mucha honra también), soy también músico, así que aprovecho mi arte para hacer mis pinitos tanto en la pantalla digital como en la vida real. Quienes me conocen me consideran en su mayoría una persona alrededor de la que gusta estar; ¡por suerte, piensan lo contrario de lo que pienso yo!

Vine a esta web gracias a su creador, Marcos A. Palacios, y espero que mi estancia aquí sea agradable para todas las personas que me lean; yo, desde luego, la estoy disfrutando. Cuando me veáis por aquí, seguramente estaré escribiendo sobre música, o sobre literatura; probablemente, sobre las dos, ya que son igualmente dos de mis pasiones. También soy periodista, o al menos, tengo un título que así lo dice; pero eso es algo que practico en mis ratos libres.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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