‘Las noches lúgubres’ de Alfonso Sastre. Por Eduardo Moreno [Reseña]

Las noches lúgubres es la reseñable obra del madrileño Alfonso Sastre que, bajo el velo del terror fantástico y el realismo de la España franquista, marcó un hito en la literatura española. Eduardo Moreno elabora esta breve crónica sobre un libro que tardó años en ver publicada su segunda parte.

Las noches lúgubres de una España en censura

España, 1963. Años de penumbra, de lento amanecer libertario. Autores (sociedad en su conjunto) que viven bajo el rígido yugo de la censura no sólo artística, sino de cualquier orden no sometido a los dictados del Régimen. Dominio ejercido con mano férrea, cuño implacable del poder totalitario. En esta realidad sociopolítica de tonos grises, un dramaturgo rebelde, abiertamente antifascista, decide adentrarse (de forma casi inaudita a tenor de aquel contexto cultural) en los obscuros laberintos de la literatura fantástica y, más abiertamente, en la exploración de esa realidad invisible que subyace en el terror.

Un año después veía la luz la primera edición de Las noches lúgubres (Editorial Horizonte, 1964) del madrileño Alfonso Sastre. Edición que, como es natural, fue cercenada por los múltiples tijeretazos de los censores.

Alfonso Sastre. Foto: El País

Premios, primeras ediciones y humor

No sería hasta 1973 cuando apareció por vez primera la edición completa de esta obra (Biblioteca Júcar, Madrid), que, un trienio más tarde, obtuvo el Premio Viareggio para Literatura Extranjera, siendo traducida y publicada en italiano en el año 1976. Ya en la década de los 80, el libro se incluyó en la «Biblioteca de Terror» de Ediciones Forum (Barcelona) y Valdemar publicó su primera parte, Las noches del Espíritu Santo (Madrid, 1989) en su colección Tiempo Cero. También son diversas las antologías de literatura fantástica que a lo largo del tiempo han recogido alguno de los cuentos incluidos en Las células del terror, tercera y última parte de la novela.

Pero si hay algo que convierte esta obra en una pieza maestra de la fantasía es, al margen del talento narrativo de su autor, el tratamiento que éste hace del horror, pues, rompiendo la ortodoxia (él mismo tilda el libro de «excursión o experimento»), sazona deliciosas dosis de humor en cada una de sus páginas con la maestría propia de Valle-Inclán. Y este ingrediente (tan aparentemente paradójico, que arranca la sonrisa y hasta la franca carcajada) es inyectado por Sastre sin que la historia pierda ni un ápice de su esencia inquietante, de esa atmósfera opresiva y turbadora que envuelve la trama de principio a fin.

Horror y sociedad en sus múltiples formas

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Antigua edición de Las noches lúgubres.

Concitados en un carrusel delirante, los mitos clásicos del folclore terrorífico confluyen en medio de un paisaje urbano, cercano, tendente a lo sórdido, pero, sobre todo, reconocible y real: la presencia invisible, la vivencia anticipada del futuro, vampirismo, licantropía, apocalipsis, resurrección de los muertos, alteración espacio-tiempo… Temas que se imbrican en una trabazón grotesca, siniestra, asombrosa, cruda, divertida, espeluznante, bien engranada. Alfonso Sastre se revela un auténtico maestro en el retrato descriptivo de los bajos fondos (enlodándose sin rubor en las «cloacas sociales») y, asimismo, en la cohorte de estragos sintomatológicos causados por la embriaguez, cuya plétora de detalles introspectivos resulta a todas luces magistral (digna, me atrevo a sugerir, del mismo Dostoievski).

Quizá enervando a los puristas (no digamos a la censura) y, desde luego, con una conciencia reivindicativa que va más allá de la simple ficción terrorífica, Las noches lúgubres quiso espolear la imaginación de los escritores realistas de su tiempo (imaginación entendida como «sentido de libertad»), precisamente como válvula de escape frente a una coyuntura social y política que aliena, que empobrece, que cercena todo atisbo imaginario. En suma, una forma de protesta jocosa, lúcida y brillante.

La segunda parte

Sin embargo, Sastre no se detuvo ahí. Ya desde su edición inaugural en los sesenta, el autor anunció a los lectores (que los tuvo) su intención de escribir una segunda parte del libro; secuela que se fue demorando en el tiempo y que obligó al escritor a disculparse, mediante notas, en las sucesivas ediciones que iban apareciendo, pues no lograba cristalizar las prometidas «Nuevas Noches Lúgubres».

Hubo que esperar al año 1982 para que los seguidores de Sastre y su rompedora creación fantástica pudieran hacerse con un ejemplar de El lugar del crimen (Argos Vergara), título elegido para la segunda entrega.

Tres son, también, las noches que componen esta nueva novela. Tres escenarios diferentes (California, Madrid-Barcelona y el País Vasco) y el mismo denominador común, imbuidos todos ellos de un cariz especialmente siniestro; no en vano, Sastre subtitula esta segunda parte con el término «Unheimlich» (siniestro). Pese a no alcanzar, en mi opinión, el nivel de la primera, El lugar del crimen tiene pasajes absolutamente memorables en los cuales el autor hace gala de un portentoso manejo de lo horripilante, desbordando fabulación terrorífica por los cuatro costados.

Barroquismo narrativo

A medida que avanza la lectura, la novela se hace más y más enrevesada, disparatada y surrealista. El lector se ve a merced de un caótico alud de colosal barroquismo narrativo que, en especial en su último acto, alcanza un clímax de alucinación apabullante. Como el propio Sastre apunta en su epílogo, «esta historia de horror ha de resultar a los ojos de un lector mesurado un espectáculo barroco de difícil lectura».

Rescatar, releer este clásico de la ficción terrorífica española es un deleite literario. Que lo disfruten. Y que las noches sigan siendo lúgubres por siempre.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Moreno Alarcón
Eduardo Moreno Alarcón
Eduardo Moreno Alarcón (La Roda, Albacete, 1974).
Ha publicado las novelas Entrevista con el fantasma (Premium, 2015), finalista del VIII Premio de Novela Corta «Encina de Plata», La fuente de las Salamandras (Alféizar, 2017), finalista del II Certamen Alféizar de Novela, Sonata de mujer (Ojos Verdes, 2018), finalista del XXXVII Premio de Narración Corta Felipe Trigo y Apuntes del espejo (Tandaia, 2019) Premio Jerónimo de Salazar de Novela Histórica.
Sucesos del otro lugar (Gaspar & Rimbau, 2020), reúne lo mejor de su producción cuentística de los últimos diez años.
Con La proeza de los insignificantes (Premium, abril 2021), obtuvo el XIV Premio de Novela Corta «Encina de Plata».
Premiado en los Naji Naaman Literary Prizes del Líbano (2019). En 2013 ganó el II Certamen de Relatos de Terror «Sueños de Opio» y en 2012 el Tercer Premio en el Concurso de Relatos «Víctor Chamorro».
Colabora en medios digitales como la revista literaria Absolem y el portal web de literatura fantástica Cosmoversus. También ha publicado en los espacios culturales del periódico accitano Wadi-as y la Revista OP Machinery.
Su pieza teatral Los primeros emigrantes (Diputación de Albacete, 2017) fue incluida en la I Muestra de Teatro de Autores Locales, llevándose a escena en 2016. Durante 2017 y 2018 se representó su segunda obra, La pasión según San José.
Incluido en varias antologías de relatos: Efeméride, antología de Relatos de Ciencia Ficción Apolo 11 (Premium, 2020), Sueños de Opio (2012), Absolem (2013) y Guadix Primavera y Vino (2017).
Ha prologado el poemario Los anillos de Saturno (Rilke), la novela de ciencia-ficción El hombre tras el monstruo (Saco de Huesos) y el libro de relatos Sangre Negra (Alféizar).
Guionista en dos proyectos artísticos con la Orquesta Sinfónica de Albacete: El regalo de Silvia (estrenado en diciembre de 2018 en el Teatro Circo de Albacete) y el musical infantil El Guardafuentes, historia de un tritón (enero de 2019).
Desde marzo de 2018 coordina el club de lectura de literatura fantástica en la Casa del Libro de Albacete.

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