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Revista de ciencia ficción y cultura

Literatura Española Moderna III (Último). Realismo y Naturalismo. Siglo XIX.

Último ciclo del siglo XIX-XX, con las corrientes anteriores al modernismo, que lo rozan en el final de una época plagada de cambios políticos, sociales y literarios. Estos temas son apuntes personales sobre el material de estudio de la UNED, no son oficiales y pueden contener errores.

REALISMO Y NATURALISMO ESPAÑOL. SIGLO XIX

1. REALISMO.

-Ligado a la filosofía positivista de Auguste Comte y su Curso de filosofía positiva (1839-42) y propugna una nueva concepción de filosofía social, ciencia positiva y nuevo paradigma de actuación: el estado positivo abandona la búsqueda del origen y fin de las cosas (como la teología o metafísica) y se dedica a fijar las leyes de los fenómenos a través de la experiencia y la razón. Se establecerá un vínculo entre los fenómenos particulares y hechos generales, pues todos los fenómenos están sujetos por leyes naturales invariables. El objetivo de la ciencia es la previsión.

-La filosofía se dedicará ahora a los fenómenos sociales, y el centro del sentido de las cosas es el ser humano como sociedad. Se fundamentará en el realismo y el objetivismo.

-En el caso del arte, el positivismo es antimetafísico y contrapone el método objetivo, experimental y positivo. Se da un alzamiento de la psicología como ciencia empírica y experimental con la sociedad como objetivo. Todo este proceso está ligado a la burguesía, así como el realismo literario.

1.1. REALISMO LITERARIO.

-En parte el Romanticismo costumbrista ya ofrece una particularidad prerrealista, como tales son considerados autores como Balzac, Dickens o Stendhal. Pero el Realismo radica más que en la presencia de lo real en el arte: se establece en el grado de atención y su papel. La realidad protagoniza y es objeto de la obra artística, sin ser idealizada.

-Los rápidos cambios en Europa en la segunda mitad del XIX con la revolución industrial provoca la aparición del proletariado, las prensas rotativas favorecen la difusión de revistas y periódicos ilustrados, el ferrocarril conecta puntos lejanos y facilita la expansión de las publicaciones con rapidez. La burguesía emergente se dedica al liberalismo económico y colonialista y pasa a ser conservadora. Los escritores realistas, desde su posición, comprenden, reflejan y combaten esta realidad.

“El Realismo refleja el carácter, idea y aspecto de la época desde la percepción del artista, mostrando su ideología y usando documentación objetiva de la realidad retratada. Todo papel social es protagonista: el campesiono, artesano, obrero…”.

1.2. NOVELA Y CUENTO REALISTAS.

-El Realismo se centra en el ser humano, analiza psicológicamente las conciencias y la sociedad. El cuento, además, es muy cultivado en esta etapa, junto a la novela.

-El Realismo español comienza en 1870 con la publicación de La Fontana de Oro de Benito Pérez Galdós, su primera novela; aunque en 1849 la literatura entra en el prerrealismo con La Gaviota de Fernán Caballero.

-El Naturalismo se mezclará con el Realismo, conviviendo los dos y siendo utilizado indistintamente por los autores. Así, Galdós también publica, en 1881, la primera novela Naturalista española, La deheredada.

-Los personajes son cotidianos, reales, verosímiles, están vivos, así como evita mundos fantásticos e imaginarios. Todo lo representado se rige por leyes reales. Para ello el artista evita la retórica romántica y se rige por la impersonalidad a la hora de narrar pero sin postular su punto de vista, siendo objetivo.

-Desde 1857 existe otra corriente imperante en los intelectuales liberales progresistas, el Krausismo de Julián Sanz del Río y Franciso Giner de los Ríos. Este krausismo impregnará muchas obras realistas, reflejando lo bello y el carácter de la civilización en que nace el autor, lo inmutable y lo temporal, lo accidental y lo absoluto. La visión krausista de la novela sería impulsar una reforma ética.

-El cuento es diferente. Bastante cultivado durante la época isabelina, es refugio para la fantasía de muchos autores pero siempre bajo la visión realista. Muchos cuentos populares son adaptados al cuento realista. Así pues, la segunda mitad del siglo XIX supone el auge y triunfo del cuento realista facilitado por las publicaciones de prensa, tanto de obras españolas como extranjeras. Adopta los estereotipos de las costumbres de la época, rasgos y comportamientos pero con fines más morales, reflejando los problemsa de la España tanto social como política o religiosamente. Además incluye los panoramas urbanos y burgueses. Los autores más emblemáticos son Valera, Alarcón, Galdós, Clarín y Pardo Bazán. En Valera la fantasía aquiere mayor importancia alejándose de la norma general.

Realismo europeo: en Francia se introduce el feísmo, la marginalidad social, se acercan al habla común y denuncian el dolor humano y las injusticias. En Inglaterra se centran en la individualidad de los personajes, los espacios y un lenguaje más real, cercano y cotidiano distinto del de otros géneros literarios.

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Benito Pérez Galdós. Foto de www.lacorrientedelgolfo.wordpress.com

TEXTOS

1. NOVELA PRERREALISTA.

-FERNÁN CABALLERO. LA GAVIOTA (1849). Fernán Caballero es el pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber, cuyo padre fue de los primeros en introducir el Romanticismo en España. Cecilia era monárquica, sumisa a las ideas católicas y tradicional, lo cual refleja en sus obras. Vivió en el Alcázar de Sevilla por gracia de los reyes desde 1857 hasta su muerte. En ‘La Gaviota’ aboga por los valores tradicionales en contra de la amenaza de las ideas liberales exteriores. Su narrativa es poética e idealista, cargada de disgresiones moralizantes. De carácter romántica con incursiones realistas, sus escenarios son descritos al detalle, y esto influye en las futuras narraciones realistas.

-PEDRO ANTONIO DE ALACRÓN. EL SOMBRERO DE TRES PICOS (1874). De Alacrón es también tradicionalista y conservador, forma grupo junto Fernán Caballero y José María de Pereda. Conoce a los 21 años a los románticos como Espronceda o Núñez de Arce. Al principio escribe artículos antimonárquicos y anticlericales en El Látigo, pero después cambia su ideología. En ‘El sombrero de tres picos’ narra la historia de un viejo corregidor que requiere los amores de una molinera casada, y finalmente ésta y su marido le dan un escarmiento. Sus siguientes novelas tienen aire folletinesco y defienden el catolicismo, como El escándalo (1875) y El niño de la bola (1880).

2. NOVELA REALISTA.

-JOSÉ MARÍA DE PEREDA. De carácter político conservador, nace en Santander, prueba suerte en Madrid y vuelve a su tierra, pero se desengaña por los cambios progresistas y en París tampoco estará a gusto. Afiliado al partido carlista. Sus libros son los mejores del realismo regionalista, como Tipos y Paisajes (1871), Esbozos y rasguños (1881), donde muestra los tipos y paisajes de su tierra que desaparecen con los nuevos tiempos, y con nostalgia. Sus personajes son tipos estáticos, sin capacidad de evolucionar. En Sotileza (1885) y Peñas Arriba (1895) predomina lo lírico sobre lo narrativo.

-JUAN VALERA. PEPITA JIMÉNEZ (1874). Diplomático en el extranjero, conoce culturas e idiomas, además de conocer y leer los clásicos españoles y grecolatinos en lengua original. Valera es una de las figuras más cultas de su tiempo. Su calidad literaria se avala con su labor de crítico literario y los conocimientos de los clásicos. Aparte de analizar psicológicamente a sus personajes, muestra el proceso interno que los va haciendo evolucionar, por lo que el propio Varela se autodenomina el primer psicologista de la narrativa española.

‘Pepita Jiménez’ cuenta el proceso de enamoramiento de un seminarista a través de las cartas que dirige a su mentor, triunfando el amor humano sobre el divino. El amor místico es un enredo, el amor del hombre a la mujer es sensualidad y este tipo de amor suele ser malicia, perversión y sofistería, dice Valera. Por ello en su obra destaca la crítica del amor romántico: sus personajes o fracasan o se suicidan cuando no aceptan la realidad; los que triunfan se adaptan a la vida real.

En su narrativa es cercano al ideal clásico de belleza, con estilo depurado y de gran riqueza y matices. Elegante, síntesis y equilibrio, pero también espíritu crítico y analítico. todo ello se denomina esteticismo.

-BENITO PÉREZ GALDÓS. FORTUNATA Y JACINTA (1887-88). Nace en Canarias, y en Madrid se une a los krausistas, siendo dirigido por Francisco Giner de los Ríos para escribir con su espíritu reformador de la educación y respeto al individuo. Autores clásicos influyen en su obra, tanto extranjeros como españoles, románticos y costumbristas, que le ayudan a representar las capas sociales, la historia la geografía urbana y el carácter del individuo. Sus primeras novelas resultan más bien románticas, y las siguientes, las de “tesis”, atacan al antiguo régimen que se opone al progreso y el liberalismo: Doña Perfecta (1876), Gloria (1877), Marianela (1878).

En 1873 comienza los Episodios Nacionales, describiendo las dos Españas modernas en permanente guerra. En la década de los ochenta comienzan sus obras contemporáneas: La desheredada (1881), ya naturalista, y otras como Miau (1888) o Tormento (1884), más costumbristas y contemporáneas con personajes del Madrid de su tiempo de la clase media en conflico entre el ser y el parecer. En lo narrativo refleja nuevas formas de discurso, como el monólogo interior, y el estilo indirecto libre.

Fortunata y Jacinta es su obra representativa del periodo, dos mujeres de distinta clase social enfrentadas por el amor de un hombre, donde cobra mayor importancia el Madrid  de la época y la sociedad. Todo es representado hasta lo visual, lo táctil, lo sonoro y lo olfativo. Después, hasta principios de los noventa, trata otras formas narrativas, y a partir de ahí, reflejará los problemas éticos, retoma los Episodios Nacionales. Entrado el siglo XX cultiva el teatro y publica, al final de su vida, novelas de cariz modernista como ‘El Abuelo’ y ‘La razón de la sinrazón’, dialogada.

-LEOPOLDO ALAS CLARÍN. LA REGENTA (1885). Escritor de cuentos, crítico literario y autor de la mejor novela del Realismo, ‘La Regenta’. Se doctora en Derecho con cátedras en la Universidad de Oviedo y tiene maestros krausistas. Mientras está en Madrid publica artículos de gran análisis e ironía sobre filosofía, religión, política y literatura. Su obra refleja el krausismo y sus ideales éticos y la filosofía positivista.  En ‘La Regenta’ se unen la realidad contemporánea del realismo, el método analítico del naturalismo y la ética krausista, con la novela autoconsciente de Flaubert. Todo ello en el marco de la sociedad española y el periodo de la restauración borbónica. El efecto de la novela contándose a sí misma se consigue con los monólogos y el discurso indirecto libre, sin necesidad de narrador. En ‘Su único hijo’ (1890) el narrador da voz a los personajes para intensificar la realidad y dramatismo, con fuerte presencia de la música.

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Juan Valera. Foto: ABC

2. EL NATURALISMO

-Es una propuesta de Emile Zola para trasladar a la literatura el método hipotético-deductivo-experimental de la ciencia positiva de la época. Es decir, aplicar un método científico basado en la observación, la experimentación y la impasibilidad ante los hechos, añadiendo datos cinetíficos de las ciencias naturales, biología, fisiología, psicología, sociología. Creó polémica e incluso los detractores del Naturalismo incorporaron elementos de esta corriente en sus obras. Este modelo de Zola resulta imposible en la práctica, primero por la impersonalidad del narrador: debe ser objetivo y ocultar sus emociones y juicios.

-Se introduce en pleno Realismo durante la década de los ochenta del siglo XIX, y en España tiene su auge en el tránsito a las tendencias simbolistas y espiritualistas. La novela será su género más cultivado por ser adecuado y el de mayor difusión en la época, quizá por su facilidad para la libertad de expresión. En la novela, se penetra en las entrañas del pesonaje y ver lo que él no puede ver (Clarín).

-En la práctica se intentará conciliar el método analítico del cinentífico con el temperamento del artista: la representación de la realidad y la expresión de la verdad son inseparables del estilo, siendo el estilo la expresión del temperamento, según Zola. “Un gran novelista es aquel que tiene el sentido de lo real y expresa con originalidad la naturaleza, haciéndola vivir con su propia vida”.

2.1. NATURALISMO ESPAÑOL.

-A partir de 1880, durante la adaptación de la Restauración, el Realismo se suaviza y profundiza más, acorde con el estilo Naturalista, como La Regenta de Clarín o Fortunata y Jacinta de Galdós. Otras novelas entran directamente al naturalismo, como La desheredada de Galdós o las obras de Emilia Pardo Bazán, conviviendo las dos tendencias hasta fin de siglo.

-Se considera que el Naturalismo español no está tan desarrollado por la situación política, histórica y sociocultural del país, y no alcanza niveles como en Francia, por lo que no es “íntegro”. En el Realismo español no se plasma con total suspicacia lo sucio, las relaciones causa-efecto entre hechos, pero sí habla de los problemas sociales que la burguesía ignoraba. En el Naturalismo español, por otra parte, no se acepta plenamente los importantes conceptos para Zola sobre las leyes del determinismo biológico de Prosper Lucas. Por lo tanto, en España el Naturalismo se inscribe en sus normas pero el rechazo de la parte católica del país a los fatalista y lo inmoral del Naturalismo hace que los autores intenten evitarlo. Sin embargo, a partir de 1884 un grupo de escritores opta por la parte más radical del Naturalismo.

-Esta generación de naturalistas se caracteriza por su anticlericalismo, crítica del orden social y moral y el interés por la fisiología de los personajes: patologís sexuales, tremendismo… así pues se pretende encontrar las causas de los males sociales para erradicarlos desde su mentalidad progresista, aunque resulta una calidad algo pobre. No obstante pretende justificar la fuerza del trabajo y el cambio social de la mujer. Por lo tanto, es una búsqueda de cambio de sistema de valores artísticos y sociales.

-En el caso del naturalismo de Vicente Blasco Ibáñez, se ciñe totalmente a la tendencia de Zola, resultando sus novelas un documento claro de la realidad valenciana y la bestialidad de los instintos humanos. En sus novelas, el determinismo natural se centra en el medio ambiente, que hace al individuo víctima de su acción. Del naturalismo francés extrae el “pintoresquismo”, que incluye escenas profundamente costumbristas y fuerte personalidad en la narración.


TEXTOS

1. NOVELA NATURALISTA.

-EMILIA PARDO BAZÁN. LA TRIBUNA (1883). Una de las mujeres más importantes de la literatura española del siglo XX, condesa de familia, se hizo a sí misma en cuanto a cultura se refiere en numerosas disciplinas, pese a alcanzar en su educación primara solo el grado elemental. Por lo tanto, siempre defendió la educación de la mujer como una “liberación”. Se casa a los 17 años, conoce a Victor Hugo en 1874; en 1879 publica su primera novela ‘Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina’; en 1880 viaja a Vichy por salud y lee a los naturalistas franceses, y en 1881 publica ‘Un viaje de novios’, su primera novela naturalista, y luego ‘La tribuna’, junto a las cuales su colección de artículos ‘La cuestión palpitante’ (1883) se consideran manifiesto naturalista español. Ello produjo un escándalo público, al ser el naturalismo concebido como inmoral, y por ser, además, una mujer quien lo divulgara, al tratar temas como el alcoholismo, la prostitución, el incesto. Pese a todo, rechaza algunos puntos del naturalismo de Zola, como el determinismo y la herencia en la degeneración personal y social, pero siempre adoptando el método experimental y la objetividad al tratamiento de sus temas. Por lo tanto, ‘La tribuna’ se acerca más al planteaminto de Zola que ‘Un viaje de novios’, al describir el trabajo de las mujeres en la fábrica de tabaco de La Coruña y la sordidez de vida de las clases bajas. La decadencia de la vida social en el medio rural gallego se refleja en ‘Los pazos de Ulloa’ (1886) y ‘La madre naturaleza’ (1887). Sus últimas obras se acercan al modernismo, tras haber conocido a novelistas rusos (Tolstoy), que divulga en España, cambiando sus intereses, técnica y estilo: ‘Una cristiana’, ‘La prueba’ (1890), ‘Doña Milagros’ (1894), ‘La quimera’ (1905)…

-ALEJANDRO SAWA. DECLARACIÓN DE UN VENCIDO (1887). De familia de Esmirna, abandona su vocación religiosa con un cambio anticlerical. Trabaja en París para la editorial Garnier conociendo a simbolistas y parnasianos. Tras regresar a Madrid pasa complicaciones económicas pero se dedica al periodismo, incluso firmando como “negro” para otros autores como Rubén Darío. Tras perder la vista, pierde la razón (1906). Su personaje insipiró al Max Estrella de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. Es representante de la bohemia española y radical del naturalismo. Critica al orden social y la Iglesia. En ‘Declaración de un vencido’ (1887) critica a los burgueses que apoyan la restauración borbónica. Especial atención otorga a los bajos fondos y los desheredados de la fortuna, recurriendo mucho a la prostitución.

-VICENTE BLASCO IBÁÑEZ. LA BARRACA (1899). Preocupado por las injusticias, el analfabetismo del pueblo y las condiciones de vida del campesinado valenciano. Debido a su postura política sufre encarcelamientos: era antimonárquico, anticlerical y  republicano, ideas que refleja en sus obras. Le influye el folletinista Manuel Fernández y González. Es amigo de Galdós y de Joaquín Sorolla, y se le conoce especialmente en el extranjero durante su época. Sus novelas naturalistas valencianas se caracterizan por su detalle, expresión  y textura del ambiente social, marcado por tensiones entre dueños de la tierra y desheredados, con fuertes imágenes visuales y extrema crueldad, humor e ironía. Otras obras naturalistas son La catedral (1905), El intruso (1904), Sangre y Arena (1908). La maja desnuda (1906) se acerca al modernismo, y sus obras de menor calidad son las que le dan fama fuera de España, como ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ (1916) o ‘Mare Nostrum’ (1918).

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Emilia Pardo Bazán. Foto: la Sexta

2. CUENTO REALISTA Y NATURALISTA.

-JUAN VALERA. PARSONDES (1859). Le otorga mucha importancia al cuento, donde conviven lo real y lo fantástico al mismo nivel. Precisamente trata lo real y lo ideal en sus cuentos, de forma trágica o irónica, conduciendo a su resolución educando en el desengaño. Se interesa por folcloristas y recopiladores de cuentos tradicionales, y él mismo se convierte en uno con ‘Cuentos y chascarrillos andaluces tomados de la boca del vulgo. Coleccionados y precedidos de una introducción erudita y algo filosófica por Fulano, Zutano y Perengano’ (1896).

-LEOPOLDO ALAS CLARÍN. ¡ADIÓS, CORDERA! (1891). Recoge sus cuentos, los mejores de su época y corriente, en cuatro libros: Pipá (1886), El Señor y lo demás son cuentos (1893), Cuentos morales (1896) y El gallo de Sócrates (1901). Póstumamente se recoge un último volúmen con cuentos no incluídos en los anteriores, titulado ‘Doctor Sutilis’ (1916). Antes de 1890 no se pueden considerar naturalistas, solo sátiras de hábitos y comportamientos, pero en los posteriores se fija en el lirismo y ternura, ganando en lenguaje, brevedad y esencialidad, predominando seres desvalidos e indefensos en ambientes asturianos rurales, con un equilibro entre vida y entorno rural del ser humano. Enfrenta lo natural, ingenuo y sincero contra la hipocresía, el egoísmo o la tecnificación deshumanizada.

-EMILIA PARDO BAZÁN. Se dedica más a los cuentos desde 1890, hasta contar quinientos títulos, más que el de cualquier otro autor de la época. Aborda variados temas y tendencias, desde los naturalistas hasta los humorísticos, costumbristas, fantásticos, terror y regeneracionistas, siempre ligados a la tendencia política y literaria de su época. En las preocupaciones sociales influye a Valle-Inclán. El indulto se considera la primera narración contra la violencia de género.


BIBLIOGRAFÍA

‘Textos literarios españoles de los siglos XVIII y XIX’. Margarita Almela Boix. Editorial Universitaria Ramón Areces-Uned. Edición 2016.

-502 páginas. Tapa blanda.

ISBN: 84-9961-141-9

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