CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

‘Lo mejor de la ciencia ficción española’ (1982), por Domingo Santos

Antes de la nueva era de la ciencia ficción en España (hablo de los últimos diez o quince años), hubo una época de auge y decaída, de renovación y olvido, un vaivén que hizo tambalear el género de marca española. Volviendo la vista atrás, recordamos una antología digna de nuestras letras, la propuesta por el también escritor Domingo Santos en Antología de la ciencia ficción española (1982), que conforman los 19 relatos que comento en este artículo.

Cuestión de oportunidades (1978). Gabriel Bermúdez Castillo.

Aunque este relato es el cuarto en la antología -se ordenan alfabéticamente-, lo coloco el primero por mi afinidad con Gabriel Bermúdez. Cuestión de oportunidades es un relato que originalmente forma parte de un libro de relatos del propio autor: La piel del infinito. Iván Mendoza tiene una deuda y teme por su vida, por lo que acude a una agencia que da trabajos arriesgados a cambio de créditos. Promete insistentemente no volver a caer en las redes del juego, y, arrepentido, decide arriesgar su vida una y otra vez en trabajos de los que no recibe información previa alguna para conseguir más créditos y alcanzar el total que necesita para librarse de sus acreedores. Irónicamente asistimos a una apuesta más en la vida del protagonista, que a medida que avanza el relato la adrenalina por descubrir qué amenaza para su vida contiene ese nuevo trabajo le hace ir más lejos aún.

Este relato, temprano, de Bermúdez, contiene esos ingredientes en estilo y argumento que tanto gusta al autor: una mujer fatal, mundos desconocidos y tecnología imposible, bestias apestosas, heroísmo y aventura.


No comerás (1967). Alfonso Álvarez Villar.

Una sátira de los tabúes sociales, a la inversa. Un planeta desconocido es abordado por una nave terrestre. Los tripulantes son recibidos con vítores y hospitalidad. Pronto descubrirán que la comida es motivo de cárcel, escarmiento y humillación social, al contrario que uno de los tabúes de nuestra sociedad, que allí es lo más normal del mundo. ¿Sería posible vivir enfrentándose a esa lacra social? ¿Estamos preparados para repensar nuestro comportamiento?


Balada por la luz perdida (1971). Juan G. Atienza.

En un pueblo de Pontevedra llamado Canteras, ocurren sucesos extraños desde que unas jóvenes muchachas quedan encintas y dan a luz niños con extrañas características físicas. Un médico de sustitución llega al pueblo a seguir con los cuidados de estos niños que su médico anterior le ha dejado como tarea. Pero estos niños no parecen de este mundo. Su comportamiento es…

Así describe Gregorio, el joven médico protagonista, la situación que vive desde que el médico del pueblo le deja la consulta antes de marcharse lejos y desaparecer. ¿Huía el doctor Santiago Ruano de algo? Mientras, Gregorio comienza a investigar el misterioso entorno y una pista de la quema de brujas del siglo XVIII que podrían dar con una posible explicación. Además, en Canadá, se registran descubrimientos arqueológicos insólitos.

Este relato no tiene parte alguna de narrativa: todo consiste en  cartas personales entre algunos personajes, noticias, comunicados y telegramas, extractos de reportajes, anuncios, informes médicos… todo un despliegue de originalidad para un argumento digno de películas de serie B típicas de los años 50 y 60 del pasado siglo. El relato termina abruptamente, con la sensación de no saber lo que ha pasado realmente -al menos en parte-  y dejando al lector un buen sabor: el del terror a lo desconocido con varios frentes abiertos; el horror de algo más antiguo que el ser humano actual, el vacío del espacio, el vértigo de hipótesis descabelladas… y de esperar lo peor para un futuro cercano.

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Domingo Santos

Morir de viejo (1971). Luis Eduardo Aute.

Rareza que no es relato, sino poesía, pero que se lee como una narración, cortísima, eso sí. En la introducción a Morir de viejo, Santos ya anuncia que podría tener, algún día, melodía y convertirse en canción. Algo que nunca ha sucedido.

Crítica, clara y directa, al estilo de vida norteamericano. En esta poesía, alguien está a punto de morir de viejo, algo que no se puede tolerar. El lenguaje propio de esta poesía, además, está impregnado de burla tan solo con los nombres de los personajes (Pepsi, biopapá), con las situaciones (el Presidente anuncia los nuevos misiles) o estilo de vida (en lugar de dar las buenas noches, dan los buenos “tiros”). Pero no os preocupéis. Es Norteamérica y su Way of Life tiene la solución para quien se muere de viejo.


El asfalto (1967). Carlos Buiza.

En el prólogo al relato Santos menciona el objetivo de la narración: crítica a la insolidaridad. Como vemos, un hombre se queda pegado al asfalto y toda la gente que le encuentra reacciona de las más diversas formas sin llegar a ayudarlo. El problema es que el tiempo corre en contra de la víctima. El escenario es la calle, en una ciudad cualquiera, con gente normal y cotidiana; la situación tampoco es algo fuera de lo común, más bien absurda. Con estas cartas Buiza, del que Santos dice que desapareció del panorama literario abruptamente a los pocos años de irrumpir, muestra de qué modo tan frío podemos llegar a ser insensibles al dolor y necesidad ajena, qué fácil es cerrar los ojos ante situaciones que con un simple gesto podríamos solucionar (¿Miedo al compromiso?). Hace ya 50 años de este relato pero no hemos cambiado nada.


Sodomáquina (1970). Carlo Frabetti.

Se trata de una breve obra de teatro a modo de crítica directa contra el sistema opresor en las sociedades occidentales, de esos contra los que nos encanta elevar pancartas y adoramos al mismo tiempo. Sin embargo, un poco atrevido para la época. En el segundo acto el Terrestre Inadaptado es preparado por unos extraterrestres para un cambio radical para el planeta Tierra -o eso parece-. Tras una charla trascendental y metafísica le hacen entender quién es y cuál es su objetivo. Parece ser que el propio lector recibirá una dosis de moral que deberá aplicarse para un cambio masivo en la conciencia humana.

“No me ha interrogado un hombre, ni un cuerpo de policía. Me ha interrogado un sistema, y los sistemas necesitan saberlo todo, porque de su información global depende en gran parte su hegemonía”.

Diálogo del Terrestre Inadaptado.


La Gioconda está triste (1970). José Luis Garci.

Cortísimo relato de nuestro cineasta José Luis Garci, entre los muchos que escribió en cierto momento. La Gioconda pierde su sonrisa, y un efecto en cadena provoca que toda la Humanidad la pierda también, hasta que, en un arrebato de humor, todo acaba felizmente. Después, la anotación final nos traslada a una situación totalmente diferente para entender la historia de la pérdida de la sonrisa. Aquí entra en juego un ejercicio de ciencia ficción. Breve, conciso, gracioso y curioso.


Herencia de sueños (1968). María Guéra y Arturo Mengotti.

Ciencia ficción más bien inclinada a la fantasía donde una Tierra abandonada por el ser humano es visitada por un hombre nacido allí. Pese a no dar explicaciones reales, el lector adivinará, a través de los hechos acaecidos, de los pensamientos del protagonista; adivinará, aunque rozando solo la elucubración, el destino de nuestra especie. Thur, que así se llama el “peregrino”, aterriza en la Tierra para encontrarse con personajes míticos, literarios y artísticos. Confieso que en algún momento me he perdido por el intenso barroquismo de la prosa de María y Arturo (madre e hijo).

El destino de estos autores también está marcado, como lo explica Santos en el prólogo, por la desaparición de ambos cuando regresaron a Suiza, lugar de donde provenían. En los últimos años, Lola Robles, según cuenta en su blog Fantástikas, logró localizar a familiares de María y Arturo, ya fallecidos. En su entrada aporta numerosos datos sobre la vida de los dos escritores tras su marcha de España.

Bermudez Castillo instantes estelares
Gabriel Bermúdez Castillo

 


La ciudad cuyo nombre era Lluevemuertos (1978). Enrique Lázaro.

Por mucho que Santos avale este relato, no puedo decir lo mismo según mis gustos. Es el primero que no me ha gustado, pero no estoy aquí para dar mi opinión objetiva, sino para comentar esta obra sin interferir en la opinión de los lectores. Es una historia que rezuma humor y absurdo a la vez, con la búsqueda de una ciudad, Lluevemuertos, por un personaje de peculiar personalidad. Finalmente, los últimos párrafos suenan más claros que el resto de la narración, pesada y confusa, pero ahora, aclarado todo, encontramos el sentido. En este punto me he sentido más cómodo. Se trata de una historia “interminable”. Si bien es muy original en su forma y estilo, sigo admitiendo lo que me ha costado terminarla, a pesar de ser tan corta.


Portal (1968). Sebastián Martínez.

Un planeta por explorar. Una raza humana de salvajes -por llamarlos de alguna forma-. La pretensión de un capitán de exploradores por sentirse un dios frente a razas desconocidas. Y una lección de paz y humildad al ser humano que no olvidarán jamás. Porque nunca sabrán realmente lo que ocurrió en el planeta, con los seres encontrados, con un portal misterioso de reluciente color dorado.

Así nos cuenta Martínez, una balada por la comprensión del otro, y entre todos nosotros. Algo que muchas veces se nos olvida y que tenemos delante: que todos, absolutamente todos, somos iguales. ¿Quizá nos separa las naciones con sus costumbres y sociedades? Que se lo pregunten al soldado Darl.

“Una civilización solitaria no alcanza nunca la grandeza, sino su propia corrupción”

Portal.


La mancha (1967). Juan José Plans.

Corta historia totalmente dialogada sobre una extraña mancha en la casa de César y Elena. No deja de ser irreal, pero situaciones así de absurdas son las que acaban siendo importantes. Las cosas hay que arreglarlas desde el primer momento, si se dejan, empeoran. Y si no, que se lo cuenten a los protagonistas.


Naufragio en Titán (1979). Javier Redal.

Buena muestra de ciencia ficción “hard”, y digno homenaje a Arthur C. Clarke, como dice Santos en el prólogo. No obstante, como ya he comentado en los relatos de El Centinela de dicho autor, no es mi prioridad un relato con la tecnología por protagonista. Los náufragos, la tripulación de una nave en Titán, se pierden muy lejos de su base, por lo que emplearán todo su esfuerzo y conocimientos de la ciencia, tecnología y datos ambientales de Titán para salir del apuro.


Gaziyel (1978). Ignacio Romeo.

Interesante aproximación al significado de la reproducción humana comparado con la reproducción de una especie alienígena en el planeta Yul, cuya especie recibe el mismo nombre. El doctor Michel Schwartzberg, miembro de una misión de exploración terrestre, se ha obsesionado con una Yul, llamada Gaziyel, que se presta a explicarle los secretos biológicos de sus semejantes.

Pero lo que atrae al doctor no es la propia naturaleza de la Yul, sino lo que él percibe desde su punto de vista humano. Para entender mejor el asunto son intercalados en la narración extractos de obras cientíticas sobre la conducta reproductiva y sexual de los humanos y de los Yul. De este modo Romeo obtiene una crítica, así lo veo yo, al comportamiento humano en el área sexual.


Terminal Masurai (1978). Jaime Rosal del Castillo.

Considerado un relato new wave. Y la etiqueta lo merece. Así pues Rosal experimenta con sus narraciones nuevas formas y estilos para su ciencia ficción. Este ejemplo, muy corto pero intenso, narra en primera persona y en presente cómo un grupo de traficantes de droga en un puerto espacial concreto -Masurai- intentan colar material por la “aduana”. Entre la narración se cuelan, por su parte, extractos de noticias patrocinadas. Estas son las que ofrecen mayor información acerca de este futuro, el estado de situación en la Galaxia. Así pues, en tan poco espacio, Rosal ofrece un panorama colorista y concentrado.


Nadie se fija en el barman (1978). Carlos Saiz Cidoncha.

Graciosa anécdota que le ocurre al barman, en el que nadie se fija. Ni siquiera Aquel que… bueno, no estoy autorizado a decir todo lo que ocurre en este cortísimo relato, que nada augura a la Humanidad. El matiz de ciencia ficción simplemente viene porque trata de una película que todo el mundo ha olvidado, una película de ciencia ficción. Y la parte oscura, demoníaca, la aporta el hombrecillo que viene de parte de Aquel… que la suerte de que el barman se entere de todo, se debe a que nadie se fija en él. En esta ocasión, deseará que eso no hubiera ocurrido.

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Juan García Atienza

Gira, gira (1970). Domingo Santos.

No tengo coche, pero sé lo que es tenerlo, en parte, y sufrir las consecuencias del tráfico en una gran ciudad. Las prohibiciones, los cambios de sentido, los atascos, las distancias, el comportamiento del resto de conductores… pues todo eso, todo lo que conlleva padecer el mal del volante, llevado a la enésima potencia en una ciudad imposible de sostener –Cosmópolis-, es lo que refleja este ingenioso relato de Domingo Santos.

Si de veras te vuelven loco las multas, los retrasos… entonces compadecerás al protagonista de esta historia de prisas y desesperación. Salpicado de humor, esta exageración de una realidad tristemente confirmada -el tráfico endemoniado-, Gira, gira te lleva de aquí allá, sin parar, sin tregua, hasta que no puedas más y caigas en la más horrible de las pesadillas: la locura.


Un novicio para su Grandeza (1970). Ángel Torres Quesada.

En un lugar impreciso, en un tiempo concreto, el novicio de un monasterio es reclamado por un caudillo llamado Koremi el Sanguinario. Pronto, el joven Leser descubrirá que hay dos caras de la misma moneda: la fama de Koremi se funda en dos bandos, cada cual le atribuye su lado malvado, por un lado, y su lado justo por otro. ¿Cuál es la realidad de Koremi?

Entretanto, una banda planea asesinar al caudillo. Todo ello en un transfondo cultural bastante elaborado. Un mundo atrasado que ha vuelto a una etapa medieval en tecnología y mentalidad, donde los avances son brujería y la sabiduría es despreciada. Finalmente, ¿hacer renacer el progreso perdido es una buena elección? ¿Repetir los errores que llevaron a la civilización occidental a autodestruirse es lo más conveniente? ¿Hay alternativas? ¿Es la fuerza y la violencia la mejor manera de llevarlo a cabo? Torres nos lleva a una encrucijada difícil de resolver, pero al final, siempre hay que tomar una decisión.

“Lo peor que hace el hombre es encerrarse en sus ideas, no escuchar otras que pueden ser mejores que las suyas”.

Leser, el novicio.


Litobio (1979). José Ignacio Velasco.

Llegar a un planeta desconocido en una misión y encontrar señales de radio de vida inteligente, pero no saber de dónde provienen porque todo es roca. Así se encuentran los protagonistas espaciales de este relato. Una comunidad de rocas posee una estructura petrovegetal con capacidad de almacenar datos y emitir ondas y sonidos de radio. El intento de contacto de las dos especies (si puede llamarse especie a una piedra) podrá ser lo más apasionante que exista, ¿no creéis?


Camino (1981). Luis Vigil.

Última obra de la antología, y unas pocas líneas de historia que han bastado a Luis Vigil para describir toda una anécdota, a modo de scketch. Lo que Santos llama en su prólogo una gadget-story nos cuenta cómo dos personas se hallan en peligro mientras conducen su vehículo. La frase final, esa que corona y aclara parcialmente el sentido de la historia, es el fuerte de Vigil, según Santos, que concentra en su frase final todo el peso. Ágil y bien planteado, el postre ideal a la ingesta del libro.


Hasta aquí esta dinámica y variada antología donde ha cabido de todo y que Domingo Santos, en 1982, consideró lo mejor de la ciencia ficción española de las últimas décadas. En los prólogos nos damos cuenta que a muchos de los firmantes los conocía y, que como él, eran activos en un momento u otro de su vida, en el mundo literario, artístico en general. Pero comprometidos, la mayoría, con la ciencia ficción de nuestro país. Hoy el panorama es muy diferente; el género está muy extendido, aceptado al cien por cien y desarrollado a un grado máximo tanto en España como en todo el mundo.


BIBLIOGRAFÍA

-Lo mejor de la ciencia ficción española, editor Domingo Santos. Colección Super Ficción #75, ediciones Martínez Roca S. A., Barcelona, 1982.

Tapa blanda, 320 páginas.

ISBN: 84-270-0747-7

Tercera Fundación, de donde me he provisto de las fechas originales de publicación de cada relato.


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