CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

Los libros y sus adaptaciones. Aciertos y desventajas.

La primera vez que descubrí que las adaptaciones de un libro al cine no siempre son fieles, me sentí decepcionado con la idea de que algo tan horrible pudiera suceder. Hasta que un día comprendí las razones: desde la determinación en adaptar algo que sería irrealizable tal como está impreso en el papel hasta el simple capricho de crear una obra nueva.

Aunque, sinceramente, creo que no existe una razón exclusiva para realizar adaptaciones al cine o la televisión de un libro de forma diferente a este. Recuerdo que hace años leí un libro que aún conservo, Balzac y la joven costurera china, de Dai Sijie (Salamandra, 2000). Un joven es enviado a ser “reeducado” durante el régimen de Mao a unas montañas. Allí conoce a una muchacha de la que se enamora, pero también encuentra algunas obras literarias europeas prohibidas por el régimen. Llegados a un punto, el protagonista comenzará a leer estas obras a su enamorada, y algo cambiará en sus vidas. Pues bien, poco después, en 2001, tuve la suerte de enterarme de que acababan de rodar una película, y que además se estrenaba en mi ciudad. No dudé un momento en ir, y tenía muy fresca la historia en mi mente. Puedo decir que la película, dirigida por el propio escritor —pues también es cineasta—, refleja totalmente el libro sin cambiar un ápice, contando además que es fiel a la novela y muestra la historia tal como yo la había concebido visualmente durante su lectura. Nunca antes quedé tan satisfecho con una adaptación.

En ocasiones, la idea general de no adaptar un libro que me ha asaltado proviene de no querer repetir la historia ya leída y conocida por todos. ¿Tendría éxito algo que ya se sabe? ¿Por qué no? A mí, francamente no me importa. Pero, ¿y si el director tiene en mente crear algo “diferente” basándose en el libro? No es descabellado. Sin embargo, todo puede salir bien o mal, ya depende de la idea y de los medios. En 2001: Una odisea del espacio, Stanley Kubrik adaptó la historia de Arthur C. Clarke (publicada en 1968) con rigurosa fidelidad, solo que con “más arte”, empleando toda una serie de concepciones vanguardistas para hacer las delicias visuales y sensoriales del público a partir de una sencilla narración. Personalmente, el resultado no podía ser mejor. No solo es el mensaje del libro, sino que la dirección de Kubrick realza y potencia ese mensaje, elaborando secuencias inolvidables.

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Cartel de la película ‘Balzac y la joven costurera china’.

Si algo va dirigido a los niños, ahí la cosa cambia. Es innegable que para ellos hay que tener un sensibilidad mayor que con los adultos y mostrar ciertos hechos de modo más suave o, finalmente, no mostrarlo de modo alguno. Lo primero a erradicar: la violencia y el sexo. No me parece mal, mientras no le tomes el pelo a las criaturas y conviertas la historia original en un programa de humor absurdo. Aun con sus licencias, D’Artacán y los tres mosqueperros (1981) o La vuelta al mundo de Willy Fog (1983) muestran respeto tanto a los niños como a las obras de las que derivan. Eran otros tiempos. Hoy en día no confío en que el experimento fuera muy acertado. Y que conste que estoy contra las adaptaciones infantiles, con mis excepciones, claro está. No obstante, reconozco que una de las razones de ser de mi afición a la literatura, proviene de esa infancia plagada de dibujos animados aptos para inspirar a los niños como de la costumbre de la época a emitir en televisión cine clásico, de ese que en nuestros días solo puedes ver en canales de pago especializados o en canales de la TDT no nacionales. Fue a finales de los años noventa cuando fue desapareciendo de la programación de la televisión la presencia de películas clásicas hasta el año 1985, más o menos, por poner una fecha aproximada. Lo que lamento es no haber tenido uso de razón con la adaptación animada de Don Quijote de la Mancha (1979), ya que tampoco recuerdo posteriores reposiciones que me hubieran permitido verla, pero por suerte hoy en día he conseguido encontrarla en internet para echar un vistazo al trato que se le da a Alonso Quijano, y he de reconocer que está dirigida a niños, sí, pero a niños inteligentes.

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Icónica imagen de la famosa adaptación del Quijote a dibujos animados (1979)

Luego hay obras que son difícilmente adaptables por su propia narrativa. Sabemos que existen tantos estilos como autores. Y para gustos, los míos. Una historia donde no pase nada absolutamente y trate solo de pensamientos e ideas o hechos del narrador es inviable, a menos que juegues con tu imaginación y plasmes en imágenes una historia que reúna todos los ingredientes del libro. Bien, lo considero necesario. El resultado ya es otra cosa. Esto ocurre, por ejemplo, con algunas narraciones de H. P. Lovecraft, las cuales carecen de historia, lo que restaría interés al espectador. No pasa así con —y me salgo del margen— los personajes de cómics de superhéroes. Tratar de adaptar décadas del personaje en dos o tres películas sería una locura, para ello deberías realizar una serie de televisión interminable. ¿Cuál es el método a seguir? Crear una historia nueva con varias “sagas” del personaje en cuestión que sean del mayor agrado del público, añadiendo el origen del mismo. Esto se lleva haciendo más años de los que tengo. ¿Licencias? Las que quieras y obligadas, mientras no cambies la esencia del personaje. Con las películas de Superman (1978) y de Spiderman (2002) se ha logrado el efecto “resumen” que tanto me gusta en estos casos. Una primera parte que cuenta los orígenes y alguna de las primeras aventuras peligrosísimas y adoradas por los fans arranca la creación de una saga que puede derivar en desastre o en el inicio de un mito.

Ni qué hablar de adaptaciones tópicas: monstruos, seres mitológicos, remakes… de ahí puede salir cualquier cosa, así que no lo tomaría ni como adaptación directa, sino “interpretación libre”. Drácula y compañía han sido tan maltratados como encumbrados en el séptimo arte y la televisión. Han hecho lo que les ha dado la gana con ellos. Hay para elegir, no os asustéis.

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Las adaptaciones de personajes como Drácula son incontables, diferentes y hasta opuestas entre sí.

En definitiva, que ¡vivan las adaptaciones! Lo más importante es captar la atención, saber entender el libro y entretener a un público exigente, así como integrar el mensaje de la obra en la nueva producción. Yo prefiero eso a ver algo totalmente fiel y que sea un despropósito, porque depende mucho, como antes he dicho, de la dirección que tome las riendas de la película. Esperemos, por ejemplo, en qué acaban las nuevas producciones sobre El Señor de los Anillos y Fundación (de Isaac Asimov), actualmente en marcha la primera y en negociación la segunda (que, por cierto, ya lleva años en proyecto y nunca se materializa).

Y vosotros, ¿qué ideal tenéis de adaptación? Aquí hay para todos los colores.

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