‘Lumen. Historias de un alma, un cometa y el infinito’, por Camille Flammarion. Gaspar&Rimbau Editorial, 2019.

Lumen. Historias de un alma, un cometa y el infinito, de Camille Flammarion, es la edición que hace unos pocos meses nos presentó Gaspar&Rimbau Editorial. Se trata de la recopilación de tres narraciones que se complementan entre sí y ofrecen una perspectiva tanto divulgativa de la astronomía de finales del siglo XIX como de la proto-ciencia ficción en emergencia de esa época.

Dentro de la colección Recuerdos del Futuro, encontramos un nuevo título del francés Camille Flammarion, que nos acerca a los misterios de la Astronomía —de su época, claro está—, y nos acompaña en un viaje multidisciplinar a través de las estrellas y del tiempo. El tomo del que venimos a hablar consta de tres narraciones recopiladas para que el público disfrute el triple, considerando que es la mejor edición en castellano en este momento, puesto que además incluye las ilustraciones de las dos primeras narraciones restauradas desde las originales francesas, lo que siempre es un añadido que dota de valor y calidad a la edición.

Junto a ellas, la introducción de rigor escrita por el divulgador y ya conocido por todos Alberto García Gutiérrez, para entender el contexto de la época y las motivaciones del autor.

lumen francés
Antigua edición francesa de ‘Lumen’

Lumen, historia de un alma (1873).

La narración más larga, escrita al modo de diálogo filosófico platónico, entre Lumen, el espíritu de un recién fallecido, y Quaerens, su joven amigo, que recibe sus visitas nocturnas en las que le relata sus divagaciones a través del universo y el tiempo. Lumen, en el que en todo momento adopta un aire de maestro severo y falto de humor, todo hay que decirlo, ha alcanzado un estado desde el cual los seres humanos, encarnados, somos vistos como ignorantes y brutos. Esta actitud se mantiene en todo momento, y así lo he asimilado por el tono de Lumen ante las impertinentes muestras de incredulidad de su alumno.

También es verdad que Lumen asume un papel paternal y bienintencionado. Nada más lejos que su deseo de que Quaerens aprenda y asimile todo lo posible de las experiencias ultraterrenales —más bien místicas y espaciales— de su amigo muerto.

“Como la noción del tiempo es esencialmente relativa, y como la medida de su duración no tiene nada de real ni de absoluto una vez separado del globo terrestre, había perdido por ello toda medida fija, y me decía que los años y los siglos habían podido pasar por mí sin notarlo, porque el vivísimo interés que me inspiraba en mí el viaje me había hecho hallar corto el tiempo, expresión vulgar que denota la relatividad de esta sensación en nuestra alma.”

Reencarnaciones

Nos encontramos ante unos escritos pertenecientes a la década de 1860, y sin embargo, resulta chocante hasta dónde Flammarion nos lleva con sus explicaciones y enseñanzas científicas acerca del tiempo y el universo. ¿Sabíais que probablemente Einstein tomara como inspiración esta novela para su Teoría de la Relatividad? Ya Lumen nombra como “relativo” al tiempo.

¡Oh, sorpresa! Ya tenemos el primer punto destacable de Lumen. El espíritu describe, con gran arte y destreza, su experiencia desde la estrella Capella, el lugar donde encuentra a más como él, cuando alcanza a ver la Tierra. ¿Qué ocurre con esta sencilla afirmación? Pues que ve directamente cómo era su París natal en el momento en que la luz que a él le llega partió de la Tierra, es decir, 72 años antes. Y después, a la inversa. Al partir de la Tierra y alejarse mucho más allá, Lumen contempla, a la vez que se distancia, los hechos históricos acaecidos en Francia como en una película, hacia atrás.

Extraterrestres

Conocemos el hechos de que Flammarion era espiritista —que no, no os asustéis, no rendía culto al diablo ni esas obscenidades macabras—, pues creía en el alma y la reencarnación. Pues bien, aplicado a Lumen, el espíritu protagonista verá sus anteriores encarnaciones en otros planetas, gracias a la luz “antigua” que le llega desde distintos puntos de la galaxia. Y, señoras y señores, aquí tenemos a los extraterrestres que estábamos esperando.

En un arrebato de ingenio y de imaginación, nos describe lo que son verdaderas formas de vida alienígenas, tal como hoy en día las describiríamos en la ciencia ficción actual. Y todo esto en 1873. Dejando a un lado que en ocasiones se enzarza en una brutal arenga de datos matemáticos y cálculos astronómicos, no deja de exhalar una belleza que encandila, que hipnotiza, al lector.

“[…] y observando los planetas desde esa lejana distancia, se puede asistir con la vista a los acontecimientos de su historia pasada.”

Disciplinas científicas

El contenido condensado en Lumen resulta más variado de lo que en un principio podría pensarse. Pongamos por un momento, que lo que os estoy contando es, en parte, lo que pasa, lo que sucede en la narración. Es muy sencilla, no existe acción, simplemente diálogos entre dos personajes. Estaría yo cayendo en pecado si no os dijera que Lumen no solo explica y relata, sino que propone teorías, expone conclusiones, y mucho de su contenido no es solo especulación, sino más bien basado en comprobaciones científicas.

Está claro que han pasado 150 años, y se ha avanzado mucho, pero la base está ahí. Lumen, historia de un alma, nos lleva por las corrientes espaciales a ver mundos, civilizaciones, historia, sociedad, matemáticas y astronomía, incluso a la exposición más natural de la fisiología humana, a especular con el futuro, con el tiempo y el espacio, y la sensación de vértigo ante la profundidad de sus experiencias y afirmaciones acerca de la inmensidad del infinito y el tiempo que nos sacude es prueba suficiente para exponer esta obra como un clásico indiscutible de la anticipación científica “hard” —qué palabrita más bonita, a muchos os encanta usarla—.

Flammarion nos avisa, en resumen, de que nuestra percepción de las cosas está íntimamente ligada a —y limitada por— nuestros sentidos humanos, nuestra percepción, nuestra base y leyes físicas en la Tierra, y que en el espacio y en otros mundos, nada tiene que ver, y solo sabemos una ínfima parte de lo que Es.

“[…] Que existe en la Naturaleza un número indeterminado de otros sentidos, esencialmente diferentes de los vuestros, y que hay en la Creación un número incalculable de hechos maravillosos que actualmente os es imposible imaginar”.

Edición mexicana de 1879 de ‘Narraciones del infinito’

Narraciones del infinito (1872).

Esta entretenida y fascinante “ampliación” a las enseñanzas de Lumen, comienza con un críptico y original mensaje enviado a Quaerens sobre la advertencia de que un espíritu colega de Lumen visitará al joven humano, así, a modo de cruce entre Cuento de Navidad y El escarabajo de oro. Solo que en esta ocasión, los espíritus instruyen en algo más práctico.

Así, esta corta narración ensambla las explicaciones de Lumen acerca del universo, poniendo al lector ante la perspectiva del infinito y su significado. Algo posiblmente intangible para el sentido y razonamiento humano. Pensad por un momento en que llegamos a razonar lo que podemos ver. Pero si comprendiéramos realmente lo que es el infinito, deberíamos tener una capacidad asombrosa de discernimiento. Y esto es, quizá, lo que nos falta, y lo que provoca el colapso en Quaerens. ¡Cuántas veces nos hemos hallado ante la sensación que se nos escapa del cuerpo por intentar comprender aquello que no es humano y está fuera de las leyes físicas conocidas en las que nos desenvolvemos!

La evolución y los límites de la conciencia humana

Dado que el autor es Flammarion, hay una parte que nos recuerda a El fin del mundo, y es que el astrólogo y espiritista nos sume en un viaje a través de la Creación, la evolución del universo, el sentido del cambio, la imposibilidad de abarcar lo no comprendemos. La grandeza del infinito radica en su belleza misteriosa, de la cual, en estado encarnado, no nos es posible asimilar.

“La Tierra no es más que un átomo en el universo.”

Dios y el espíritu

Para rizar más el rizo, el espíritu antediluviano que visita a Quaerens en este “extra”, se atreve a hablar de la naturaleza del espíritu —que no es más que el alma— y de Dios. En un momento como es el último tercio del siglo XIX, cuando las disciplinas científicas habían tomado carrerilla en cuanto a experimentación y descubrimientos, no es de extrañar que Flammarion volcara en sus historias las últimas novedades. Así, describe al alma y a Dios como entes desprendidos de toda religiosidad.

Mmmm… pienso que en 2020 esto le habría causado más de un problema, porque, a juzgar por los acontecimientos de los últimos años, considero que la sociedad occidental de hoy es más prejuiciosa que la del siglo XIX, que ya es decir.

La clase del espíritu desconocido, en resumen, le da mil patadas a Lumen, siendo duros con él, porque ahora es cuando provoca el cortocircuito en el cerebro humano que es también científico y abierto a la inmensa negrura de la ignorancia de su época. Si provoca eso en un adelantado científico decimonónico, ¡qué no provocará en un sofisticado pero memo habitante del siglo XXI!

“Es imposible aún para los mismos espíritus adivinar el Ser infinito (…). Hasta el presente, o se os ha hecho adorar un dios creado a imagen del hombre, o se ha negado osadamente la existencia de un Autor de la naturaleza, porque no se le comprendía. Ni los dogmas de las teologías oficiales, ni las negaciones del ateísmo, son verdaderas.”

Antiguo ejemplar de ‘Historia de un cometa’

Historia de un cometa (1869).

La tercera obra que corona esta edición tan especial habla sobre los pensamientos y sentimientos de un cometa que visita a la Tierra en su periplo desde unos 700 mil años antes de la era cristiana. Sentimientos, claro está, acerca de nuestro humilde planeta.

Y es la excusa perfecta para una lección sobre historia evolutiva. Pero no solo se limita a eso, sino que profundiza en el propio cometa.

Un cometa con personalidad

El autor ha dotado de humanidad al cometa para poder seguir sus descubrimientos, sus planteamientos íntimos. Y lo hace de un modo excepcional. El cometa en cuestión resulta de una arrogancia patente desde el principio, comparándolo a un rancio aristócrata que desdeña las cosas pequeñas y solo enaltece las de mayor tamaño y fina apariencia. En este sentido, el cometa siente admiración por Júpiter y sus civilizaciones, contrastadas con la Tierra, que solo muestra sus aborrecibles gases y criaturas abominables, hasta que, a medida que el tiempo pasa y el protagonista pasa cerca de nuestro planeta, una fuerza interior que él mismo se niega a reconocer, le empuja  preocuparse por el estado de la Tierra y a admirar su evolución, tanto en el plano vegetal como en el animal.

Y ahora divaga en su soledad acerca del futuro en ese minúsculo planeta que ha visto cambiar desde que lo descubrió hace miles y miles de años, preguntándose cuál será su siguiente estado y maravillándose por encontrarse en camino de los otros gigantes del Sistema Solar, quienes un día fueron, probablemente, como la Tierra, y que él, sin embargo, ya conoció tal como ahora, pues son más viejos que la Tierra misma.

“Un objeto pequeño, tomado en la naturaleza, es tan admirable como uno grande.”

Cometas colegas

Finalmente, cuando el cometa pasa por la Tierra en 1811, se encuentra un panorama tan diferente al de tres mil años atrás que queda paralizado de la impresión. Así pues, se encuentra con el cometa Halley, y ambos entablan una conversación en la que Halley le explica los cambios de los últimos milenios, ya que él pasa por la Tierra cada 72 años. En este aspecto le pone al día, y la idea que tenía de nuestro planeta cambia para colocarse a la altura de los gigantes del Sistema Solar. No obstante, reconoce que a la humanidad todavía le queda tiempo para llegar a la perfección de otros mundos más avanzados.

¡Hasta pronto!

Este cuento nos ha mostrado a un cometa humanizado, pensante y de poéticas percepciones. La narración es la más sentimental de todas las recogidas en el libro. Y sentimos mucho la marcha de nuestro amigo, sobre todo porque la próxima vez que nos visite será dentro de tres mil años, y el panorama que se encuentre podría ser desolador, pero ya no estaremos para verlo.

Notas finales

Se completa el libro con dos notas, una de ellas es una tabla con algunas medidas astronómicas como distancia de la Tierra al Sol y otros planetas, y “ficha técnica” de algunas estrellas cercanas, como Sirio, Arturo o Vega. La nota final, es un breve estudio sobre la luz, disertación didáctica que extiende de un modo más formal en qué consiste la luz, sus propiedades y más detalles que el ciudadano de a pie suele desconocer.

¿Sabías que…?

Entre otras acepciones, lumen es la unidad del flujo lumínico representada como “lm”. Proviene del latín “lumen”, que significa luz. Muy obvio todo, ¿verdad? Pero, seguramente, te ha sorprendido.

Camille Flammarion

Después de leer Lumen y sus narraciones. — La anticipación científica. — El gusto por lo antiguo. — Prejuicios literarios. — La validez de la literatura decimonónica.

Después de acercarte a la obra de Camille Flammarion, te das cuenta de lo que es realmente la anticipación científica. Esta edición de Lumen, que integra otras dos narraciones más totalmente complementarias, es otra demostración del ingenio, belleza y arte de la literatura del siglo XIX en cuanto a proto ciencia ficción se refiere.

Estamos acostumbrados a pensar que hoy en día todo se inventa y reinventa (o más bien, llevamos décadas pensándolo, los que somos más maduros), y de pronto alguien nos sopla al oído: “Todo está inventado desde hace mucho más tiempo”. ¿Qué es lo que debemos creer? Como no existe una verdad única, juzgar por la propia experiencia sería lo más adecuado para adentrarse en el increíble universo de la anticipación científica.

Gaspar&Rimbau Editorial nos está facilitando esta tarea desde hace unos pocos años, encargándose de recopilar obras olvidadas o apartadas por su antigüedad o estilo narrativo en la colección Recuerdos del Futuro. Los prejuicios también tienen parte de culpa en el banquete de desprecio hacia estos títulos de apenas uno o dos siglos de vida. Entendemos que los tiempos cambian, pero siempre hay gusto por lo antiguo si se sabe identificar y aprovechar lo que estás leyendo.

Prejuicios literarios

Esto ocurre con el autor que nos ocupa, Camille Flammarion, y sus historias. Despojémonos de la modernidad para apreciar los primeros pasos de un género que ha llegado a ser, en el siglo XXI, objeto de culto por parte de público de todas las edades y gustos tan dispersos como contrarios. La ciencia ficción resulta modelable y relativa y abarca, en estos aspectos, cualquier adaptación narrativa que se le quiera otorgar, según el público al que vaya dirigida y el objetivo, ya sea en la línea del simple entretenimiento, hasta la divulgación científica, pasando por la utopía, la distopía, el análisis social o histórico.

La mala fama de estas novelas se construye, en primer lugar, con el desconocimiento del gran público respecto a su existencia, así como con su pereza en la tarea de mostrar un mínimo interés en conocerlas. Y como último ingrediente, el prejuicio latente que disfraza de tópico social la visión de que antes de existir los móviles y las computadoras, no había nada, y todo era más aburrido.

La base de nuestra era

Precisamente en esta perspectiva es donde ahora, queridos lectores, viajeros y exploradores del CosmoVerso que nos seguís, nos encontramos con la mente abierta a los encantos de esta riquísima base llamada proto-ciencia ficción o anticipación científica. Enmarcada en un período “oficialmente” inaugurado por la jovencita Mary Shelley y su Frankenstein —a pesar de que no fue esta su única novela de cifi—, sin ella hoy día no estaríamos disfrutando de lo que más nos gusta, y cuyo nacimiento y desarrollo bebe de estos escritores a los que tan arrogantemente se les da la espalda.

No solo eso, sino que esta actitud permite que los ejemplares de sus ediciones, o bien se enmohezcan en rincones de bibliotecas, o simplemente no se reediten de la forma que merecen, dejando que sus nombres y obras se olviden y no se difundan ni puedan ser conocidas. Esto mismo es lo que resulta de que las ediciones más antiguas lleven generaciones perdidas y solo puedan ser rescatadas como un dato más en la Wikipedia.

El Big Bang de la literatura de ciencia ficción

Después de soltaros esta arenga, no me queda mucho más que decir sino que el siglo XIX es el Big Bang de la literatura de ciencia ficción, donde todo se fraguó, el infusorio de nuestras obras de culto del siglo XX y el XXI; donde la ciencia en auge vio una salida al gran público, la aplicación literaria, la especulación científica y social, el caldo de cultivo de mitos culturales, la mezcladora de cemento de tantos géneros como utilidades literarias formadas a lo largo de dos siglos.

El siglo XIX es la excusa para inventar y formar fantasías posibles e imposibles, esas que ya existían cuando no habíamos nacido, provenientes de la inspiración en antiguas civilizaciones y cristalizadas en un momento de la era moderna en que el ser humano comenzó a expandir su conocimiento y abrirse como hacía siglos que su mente no asimilaba tales maravillas.

Lumen camille flammarionLumen. Historias de un alma, un cometa y el infinito (1873).

Contiene: Lumen, historia de un alma; Narraciones del infinito; Historia de un cometa. De Camille Flammarion.

Gaspar&Rimbau Editorial, 2019. Tapa blanda, 428 páginas. Ilustraciones en b/n.

ISBN: 9788412119305

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