‘Meathead’. Un relato de Edu Melero Verdú.

En la cafetería de un hotel venido a menos, dos personajes más latosos que interesantes mantienen una divertida charla sobre sus aspiraciones vitales. ¿A que conclusión acabarán llegando? Lee Meathead, el nuevo relato de Edu Melero, para descubrirlo…

Con ancho pesar, Jefferson dejó su taza de café americano (ahora sólo rellena hasta su 10%), sobre el platito con un cactus dibujado. Y no era porque el café tuviera mal gusto (que lo tenía), sino por la pesada compañía que «se había buscado» a dicho café: su «amigo» Meathead, una especie de punk/gótico/skater/anarquista al que sólo conocía por ese apodo.

─Pasha la togtilla, locjo.

Meathead era un perfecto petardo al que Jefferson había encontrado una vez, en el centro de su ciudad, durante una manifestación. Ninguno de los dos participaba en ella, así que cuesta saber sobre qué se estaba manifestando la gente; se conocieron cuando Jefferson se abrió paso gateando entre las piernas de la gente (lástima que no era verano, no pudo ver por debajo de la falda de ninguna manifestante), y se acercó a una cafetería para hacerse un «algo». Esperaba hacer una barrera con sillas para que nadie rozara su mesa; y en su planificación estaba cuando Meathead se acercó, surfeando con su monopatín entre la gente, por encima de vallas, balustradas, y algún brazo inocente. Con la misma poca sutileza, se sentó junto a Jefferson.

─Troncjo, ¿vas a pedijr? ¿Me pidej un bote dej Alligator Drink?

Alligator Drink era, aunque no lo parezca, una bebida real: bebida energética con su origen en Florida (más concretamente, en sus pantanos), se rumoreaba que entre sus componentes estaba el esperma de, bueno, un aligátor; pero hasta ahora, nadie habia sido capaz de probarlo.

─Gjracias locjo. Ejcucha, ¿tú t’has pispao de qué va esto de la manij? Tengo unoj colegas por ahí, bjueno, unaj colegaj, pero ni zorra de dondestán. ¿Tú t’has pispao de por ‘onde paran?

Era difícil seguir su diálogo, pero aun así, Jefferson le respondió… un «algo», iniciando una de las conversaciones más inconexas de la historia. Jefferson pudo saber algunos datos que no le interesaban lo más mínimo sobre Meathead, y Meathad se aprendió el nombre de su nuevo amigo. O al menos, él lo consideraba ya así.

─Jracias pog el bebercio, tgío. Oye, ya te pajgo cuando nos veamos, ¿eh? Venga chaog…

─¡Ey, no te vayas!

Y así empezó una bonita, o al menos extraña amistad. Cada vez que se encontraban por casualidad (pues ni Jefferson quiso darle su número a Meathead, ni Meathead sabía usar su teléfono), el segundo pedía algo, el primero se lo pagaba, y acordaban ─unilateralmente─, pagarlo a la siguiente vez. Jefferson estaba bastante molesto por esta situación, pues Meathead siempre le acababa liando para invitarle, y él no tenía una situación especialmente boyante; pero, al final, acabó apreciando la compañía del otro. O, al menos, la tomó por costumbre.

─¿Qué dices, troncjo? ¿Te vienes con yo y mij golegaj a la rutja esa de motoj pog el surj? Yo no sé llevar burra, peroj lej segjirgé con mi tablja. Guando ejtemoh pogj la plaiia puedo ij con la de surfj, qge tampgocgo sé usaj, pgero así apjendro.

─…no te he entendido ni una sola palabra de lo que has dicho.

─¡Que sí, tío! ¡Ventge a laj rutga!

─Meathead, recuerda: cuando hables conmigo, intenta vocalizar.

Los dos hombres estaban en el comedor del Hotel Topaz, una habitación con paredes desconchadas donde el personal se alegraba si surgía el evento de que alguien quisiera pasarse por allí. Y Jefferson estaba allí solamente porque era uno de los sitios más baratos para desayunar en toda la ciudad. Meathead se había pasado por su casa para pedir desayuno (como hacía varias veces), y hacía allí les había guiado el primero. Jefferson, como de costumbre, no prestaba atención a lo que decía Meathead, que de todas formas hablaba y hablaba sin parar, haciendo que los piercings de su nariz y labios temblaran hipnotizantemente. Y mientras los miraba, Jefferson podía escuchar lo que ocurría en el bar, la habitación de enfrente; el hotel estaba tan vacío, que todos los sonidos se amplificaban perfectamente. Podía escuchar la voz de una mujer, y un hombre… pero bueno, eso a él no le interesaba.

─Oye, Meathead…

─¿Tge vienej a l’ejcursgión?

─¿Qué? No, no. ¿Qué excursión? ¿Qué dices? No. Oye, eh… ¿van mujeres a esa excursión o loquesea?

─No. Como muchjo mij troncjos que llevan el pelo largjo.

─Pues entonces no me interesa.

─¡Pero qjue sí va─ber pibas! ¡A las titis lej molga ejo de los motgeroj y tal!

─Meathead, la vocalización… la vocalización, recuerda…

─¡Vente! ¡Sgólo tienej qgue alquilajte la moto!

─Pues entonces sí que no sé cómo voy a ir. Estoy «pelao».

─Caro. Puej, oye, yo sé una tía q’vive aquí, osea, en la ziudad, qje ygual t’ puede aiudar.

─¿Me conseguirá dinero?

─¡Nohome! ¡Te consejguirá pibas! O sea, perdón, tíaj.

─¡A mí no me hace falta ayuda!

─Que sí, que sí locjo: te apjunto la direcjción. Y ají t’ vienj a lo de mij colejgas.

Y a ello se puso Meathead. Jefferson no sabía ni que estaba haciendo, pero bueno, dejó a su amigo putativo trabajar. En realidad no era mala idea lo de esa excursión, fuese lo que fuese, pero… Jefferson estaba contento tal como estaba. Aunque bueno, siempre podía surgir algún imprevisto; y a él le encantaba seguir esos imprevistos.

─¡Ya ejtá!

─Meathead, esto está en la otra punta de la ciudad.

─Pos te llevo.

─Sí, estaría bien, ya que me debes… 72 almuerzos.

─¡Ja, ja, ja, qgé gjracioso erej, locjo! Cgomo qge los has ido contgando… ¡Ja, ja, ja!

─Sí, qué gracioso…

─Oye, ¿tú haj ido algjuna vezj en motgo?

─¿Eh?

©Eduardo Melero Verdú, 2021

Edu Melero es colaborador en CosmoVersus. Algunos de sus relatos forman una serie con los mismos personajes; este sigue los eventos de Charla familiar.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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