‘Mil gritos tiene la noche’ (1982)

Título en plena transición, acertado, y con guión que ofrece muchas posibilidades. Sin embargo, un pésimo resultado que no ayuda nada a la carrera de los slashers. Mil gritos tiene la noche, de Juan Piquer Simón.

Mil gritos tiene la televisión

Según veo, Mil gritos tiene la noche (Pieces, en el extranjero) pasó por España con menos gloria, pero en el extranjero sí cosechó mayor éxito. El slasher español y gore —sangre, vísceras, maldad absoluta— cuyos salvajes crímenes puede que finalmente entretengan más que la ausencia de lógica del guión. Eso si la música machacona a piano, que se repite más que el asesino que nunca muere, no te llega a atontar.

Al estilo de Viernes 13, La matanza de Texas o Halloween. El comienzo no atiende a razones ni fuerza, y poco a poco la trama se desvanece en una vorágine de tópicos de ingenua imaginación mal llevados, actuaciones melodramáticas y diálogos forzados. Salvables la escena introductoria y el crimen de la cama de agua, que llega a helarte la piel. ¿El resto? Comercial explotación del desnudo de inocentes víctimas femeninas y un integral, pero tímido, desnudo masculino.

El final, de risa, impropio de la cinta, más bien un sketch añadido para dejar al espectador con la boca abierta de asombro, si no la tenía ya abierta de sueño. Aún sigo preguntándome si la escena del cristal y la patinadora tenía algún mensaje o se coló por el descuido del montador.

Un niño asesina a su madre a hachazos. Cuarenta años después, en una universidad comienzan a asesinar a jóvenes estudiantes, llevándose de cada muchacha una parte del cuerpo. Un equipo de policías decide investigar poniendo a su servicio a un estudiante sospechoso y algo listillo, pero los crímenes no cesan.

Mil gritos tiene la noche. Director: Juan Piquer Simón. Guión: Dick Randall, Joe D’Amato. Reparto: Christopher George, Lynda Day George, Frank Braña, Edmund Purdom, Ian Sera.

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