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¿Por qué no me gusta leer “best-sellers”?

Quiero matizar que con best-seller, o mejor dicho, superventas, no me refiero a todo libro que alcance este merecido título. Más bien, me refiero a cierto tipo de superventas, esos de lectura fácil y rápida para quien no quiere comerse el tarro y prefiere pasar horas de intensas emociones con historias maquetadas con plantillas y fabricadas en moldes.

A veces puede uno tener facilidad de palabra y que la pluma derrape sobre el papel o las teclas del ordenador salgan volando de tanto escribir. Existe un fenómeno, sin embargo, que considero estructural por sus características. No he realizado un exhaustivo estudio, pues no lo creo necesario para dar mi opinión al respecto. Podría enumerar ciertos nombres que, hace varios años, se encontraban en auge. Me refiero a un sector concreto de la narrativa universal.

Empecemos por el Diccionario de términos literarios de Demetrio Estébanez Calderón, que explica que el superventas (fenómeno iniciado en los años 20 del pasado siglo) no es necesariamente un producto de gran calidad literaria o artística, sino que, independientemente de esta faceta, simplemente es un fenómeno de masas, ya sea por el impacto en el público, o bien por la estrategia de mercadotecnia implantada en ciertas editoriales.

En esto estamos de acuerdo el señor Estébanez Calderón y yo. Esta es la forma de dirigir y crear un perfil de público consumidor. Ya no entro en aspectos que pertenecen a los gustos personales de cada uno. La intención de este artículo es solamente dar mi opinión personal sobre los míos. ¿Y qué o quiénes son para mí esos best-sellers que no me interesa leer? Mi conocimiento de los mismos comenzó en la década de los 90 del pasado siglo, hasta hoy, con nombres como Robin Cook, Stephen King, Katherine Neville, Dan Brown, Ken Follet, Michael Crichton, John Grisham, Mary Higgins-Clark, Noah Gordon…

ken follet los pilares de la tierra
Ken Follet. Los pilares de la tierra.

Hoy día algunos de estos nombres resultan algo así como obsoletos, se han sustituído por otros como Stephanie Meyer o Suzanne Collins, J. K. Rowling —en estos casos más bien parece que su éxito proviene de otra estrategia, la adaptación al cine de estos títulos, cuyo libro, primero ha seguido la estela del superventas en sus países, y que se ha dirigido a un nuevo público vulnerable y fácilmente impresionable: el adolescente y joven-adulto—; también econtramos a E. L. James que con sus estudiadas sombras repite el cuento de Pretty Woman convirtiéndolo en un fenómeno de tabúes atrevidos en forma de pornografía ligera para marujas frustradas. Por último, la tan apreciada saga de George R. R. Martin, a quien sí he leído y me arrepiento de tamaño infortunio.

Luego está la explosión de la novela histórica española, que, según recuerdo de mi estancia laboral en una distribuidora de libros, considero que se inició con La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones, y que desde entonces ha ido ganando terreno hasta llegar a los libros de María Dueñas y Nieves Herrero. Como antes he dicho, ya no cuenta solo la calidad, y este fenómeno de las dos últimas décadas respecto a la narrativa histórica me resulta tan reciente que aún tengo mis reservas.

Para finalizar, Laura Gallego y sus libros de fantasía que han roto el mezquino obstáculo de las lecturas escolares, con sus Memorias de Idhún. Sin duda, una excepción dentro del mercado por la corta edad de su autora y el tipo de literatura de género en que se clasifican sus libros.

la catedral del mar ildefonso falcones
Ildefonso Falcones. La catedral del mar

Estos últimos bien merecen mis dudas, y a pesar de que estoy hecho a otro tipo de lecturas, no descarto en un futuro enfundarme la capa del atrevimiento y lanzarme al ataque de sus páginas. Y claro está, toda regla tiene su excepción: existen best-sellers que me entusiastan. ¿Cuales? Por mencionar a uno de ellos, Isaac Asimov, de todos conocida mi admiración por este escritor. Una regla que yo mismo admito que he roto en el momento en que comencé a leer sus novelas de Robots. Sin necesidad de poseer una calidad narrativa por encima de cualquier literato, Asimov me llamó la atención por la cientificidad de su estilo y la potente profundidad sociológica en sus historias.

Y no solo Isaac Asimov está entre los más vendidos. Autores como J. R. R. Tolkien o Arturo Pérez-Reverte, por citar algunos tan distantes en estilo y tiempo histórico, forman parte de mi Olimpo Literario personal, cuyos títulos han logrado superar la barrera de millones de ejemplares vendidos. Aunque a estas alturas del artículo ya sabréis que las cifras me importan un bledo.

¿Y por qué, insisto, no me apetece leer esos best-sellers mencionados? (me preguntan a menudo). Muy sencillo. Cuestión de preferencias y gustos, y porque en muchas ocasiones, ya sabes de qué pie cojea este o aquel autor. Llámalo instinto literario. Al fin y al cabo, hay que elegir, no se puede leer todo.

Cierro esta opinión animando a mi público a no dejarse llevar por las apariencias y a probar con lecturas variadas. Está claro que no todo best-seller sigue las mismas normas de producción. Podríais estar perdiendo la oportunidad de conocer buenos títulos.

Foto portada: escritorporencargo.es

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