CosmoVersus

Revista de ciencia ficción y cultura

Su salvación por un módico precio (Parte IV y última).

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IV.

Hace unos días, cuando estaba a punto de cerrar llegó una familia, arrollando la puerta como una piara en celo, que si es un momento, que si llegamos tarde por culpa del Cercanías… No tuve más remedio que atenderles, pedirles la documentación y todo el proceso que podría hacer un robot por mí, que es algo tan asumido en mi cabeza que me sale automático. Podrían echarme una moneda y creerían que soy una máquina con forma humana.

Leí el certificado de seguidores, cumplían con los requisitos. Tenían el Libro de estilo de Fe, con tres copias. Fotografías de los principales fundadores -allí estaban todos, el padre, las dos madres, el niño y la niña-, qué completitos. El padre firmó solo como testigo, pues él ni pintaba nada en su futura Iglesia, solo sería un anexo.

En todos mis años había visto de todo, pero en esta ocasión estallé en carcajadas, que pronto me vi obligado a disimular y hacer creer a esa familia de energúmenos, que me miraban como si fueran a crucificarme, que la risa me la había provocado otra cosa que no tenía nada que ver con ellos. Era la primera vez que me entregaban una solicitud para adorar a una red social. Al parecer parte de su vecindario estaba apuntado, y tenían seguidores en otras ciudades. Desde que lanzaron su página web habían aumentado en doscientos creyentes más por toda Europa. Pronto querían llevar su fe al resto del mundo.

―Oigan, si les puedo hacer una pregunta… ―dije, dirigiéndome a las madres―. No logro comprender la razón de su fe con la red social.

―Es muy fácil, señor perito. El único consuelo que hemos tenido en vida, es este simple medio de comunicación. Ni más ni menos. Cuando lo probamos en familia fue como descubrir la esperanza, el amor, la felicidad. Estamos todo el día con ella, colgando fotos, compartiendo experiencias, divirtiéndonos con los comentarios… algo tan humilde y que cabe ya no en el ordenador, que no tenemos, sino en el teléfono móvil.

―¿Sabe usted ―contestó ahora el padre― la de tiempo empleado en apoyar a la red social para que se mantuviera activa? Estuvo a punto de desaparecer, pero gracias a unas misas que celebramos para recaudar fondos, conseguimos que no la cerraran. Y ahora somos sus anfitriones.

―Desde que tenemos cuenta todos ―respondió el hijo, un mocoso de no más de once años― soy más feliz. Bueno, y mi hermana también. Porque ya no se meten conmigo en el colegio ni en el barrio. Todo el mundo me quiere, miles y miles de personas, y gracias a ellas he conocido lo que valgo.

―Dí que sí ―dijo la otra madre―. Nos lo tenían amargado. Ahora ya ni les hace caso. Prefiero que esté en casa haciéndose fotos y enseñándole al mundo lo que vale. Y lo que sabe. Porque no vea cómo escribe mi niño, qué inteligente es.

―A mí no me hacen nada, pero prefiero divertirme con la red social ―intervino la niña―. Como he visto que mi familia está mejor así, aislada de todo lo malo, creo que debo apoyar la creación de la Iglesia. Y le sugiero, señor perito, que sea benévolo con nosotros.

Me quedé atascado, esa niña hablaba como una vieja sabihonda. Pero a lo que iba. En resumen, que las frustraciones y miedos de estas personas se habían neutralizado gracias a la red social. Esto era un reto para mí, nunca se había presentado nadie con tales intenciones. Había peticiones de credos de animales, sí, no solo de personas, incluso de cosas. Pero algo intangible, algo que «no existe» por decirlo de algún modo, algo virtual… ¿una costumbre, un gesto? ¿Qué diablos era una red social a efectos religiosos? ¿Qué tratamiento debía darle?

―Tengo que consultarlo, nunca antes se había querido registrar una Iglesia que adora a una red social. No les garantizo un tiempo de espera moderado, podrían pasar meses. De entrada les digo que será difícil.

―Consúltelo con quien deba, señor perito, nosotros esperamos lo que haga falta ―comentó el padre.

―No obstante, les aviso de que mientras se realice el estudio, no podrán ir más lejos de lo que ya han llegado, es decir, no pueden realizar actos públicos, solo privados.

―Pero, ¿y la cláusula de Prueba, esa del artículo Tres del anexo? ―exclamó una de las madres, impaciente―. Afirma que, mientras presentemos la solicitud, tenemos dos meses de Licencia Ligera para poder hacerlo público, no solo para reunir adeptos por medios online, sino también en la calle, en nuestros trabajos, en…

Ya estamos con los peros. No hay nada que me de más rabia que un cliente que insista queriéndome echar en cara que se ha leído todos los extractos de la normativa para la Aprobación de Fe, impuesta por el Gobierno para todas las modalidades religiosas que pasen a estudio para el peritaje correspondiente. Porque nunca tienen razón, siempre se saltan algo. Lo sé, porque yo soy Perito Religioso, y me las sé todas.

―Recuerde, señora, que ningún artículo de la Aprobación de Fe refleja algo parecido a las redes sociales como objeto de culto. Este es un caso especial, concreto y único. De momento.

Creo que conseguí convencerles de que era inútil rebatirme a juzgar por la molesta resignación que reflejaban sus rostros. En el caso de los niños, miraban a sus padres con cara de «¿no váis a hacer nada?». Yo os contesto, pequeños demonios, no hay nada que hacer. ¿Y cómo lo sé? Muy claro, os lo explicaré: en el momento en que realice el estudio de la petición con todos los documentos y el Libro de Estilo de Fe de la religión -que, por cierto, no me han dicho aún cómo se llamará, ni quiero saberlo, ya lo encontraré en el formulario, y que dios se apiade de mí si muero de risa-, no bastará con que dé el visto bueno. Porque no hay ninguna ley, ni en el peritaje religioso ni en la Constitución Conjunta de las Naciones, que pueda permitir que semejante sandez se lleve a cabo. Punto y final.

El caso es que no les dije nada de eso. Lo pensé mientras los fulminaba con la mirada, mi mirada de «no tenéis nada que hacer», pero ignoro si entendieron mi expresión. Como empleado especialista del Gobierno que soy, adelantaré algo más: cuando esta gente sea debidamente informada de su rechazo, volverán a intentarlo varias veces, esto se llevará a cabo en un plazo de unos dos o tres años. En el momento justo en que ya no tengan argumentos, crearán una comisión de Derechos Religiosos, el paso previo para reivindicar manifiesta y públicamente, su derecho a ejercer su religión y ser reconocida como Iglesia y Fe de Hecho. Harán mucho ruido, su fe se extenderá por considerarse piadosa y víctima de la intolerancia del sistema… hasta que por fin, después de una revuelta mundial, cuando todo el planeta conozca su fe y hayan creado congregaciones, el Gobierno dará luz verde a la modificación de sus leyes religiosas, admitiendo a trámite cualquier credo hacia cualquier objeto virtual -no físico, como hasta ahora está reconocido-.

Es la eterna repetición de los procesos sociales, y esto lo digo como adelanto, porque todos nos conocemos el cuento.

―Un momento ―dijeron los niños sacándome de mi inadvertible fantasía. Ahora habló la niña―. Para ahorrar tiempo, ¿por qué no buscamos al creador de la red social y le decimos que se registre él mismo como la propia red? Si la red es una persona, no habrá problema.

―El problema, cariño ―dijo el padre― es que no pertenezca ya a alguna fe distinta. Hoy día todos somos creyentes. Pero busquemos cómo contactar con él. Nunca perdamos la esperanza.

Se fueron. Por suerte el suplicio fue breve. Dejé la documentación de la familia en la mesa y apagué las luces rápidamente, por si se les ocurría volver a entrar. Me quedé unos instantes mirando el Libro de Estilo de Fe y el nombre de la red social a la que tanto admiraba la pintoresca familia: Lifebook. Juraría que me suena de algo, miraré en la Chachipedia.

Me voy a casa después de un duro día de trabajo. Y me siento liberado de lastres de cualquier tipo, incluso ideológicos. Ya deben saber a estas alturas cuál es mi postura en todo esto. Al fin y al cabo, la religión es como vivir en una sociedad dentro de otra: doble carga de reglas… y de moral.

Fin

Por Marcos A. Palacios

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2 thoughts on “Su salvación por un módico precio (Parte IV y última).

  1. Pues poco ha de faltar para que la red se convierta en el único dios verdadero. ¿Sabes a qué me ha recordado? A Terry Pratchett. Me he sentido como si me estuvieses contando lo que sucede en una realidad paralela. En el Cosmoversus. Tan igual y tan distinta.

    1. Ahí vamos, que hoy en día cualquier cosa es adorada. Reconozco que aunque acepto la época en la que vivo, soy muy antiguo para algunas cosas. Gracias por esa comparación con Pratchett, aún no he leído nada de él, y ya me está pesando, jejeje. Un saludo!

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