Poco que perder.

Pasé la noche en vela pensando en el ojo del pobre anciano. Había terminado de leer El corazón delator, y la pregunta que me acechaba era si el propio Edgar Allan Poe habría tenido aquellos sentimientos alguna vez. Porque por mi parte, lo sentía, muy profundo. Por la mañana volvería a soportar las excentricidades de … Sigue leyendo Poco que perder.