‘Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul V y último: El Gobernador del Polo Norte’ Albert Robida (1879) [Reseña]

Viajes muy extraordinarios de Saturnino Frarandoul: Su excelencia el gobernador del Polo Norte, da punto y final a esta maravillosa serie de aventuras del personaje más carismático de Albert Robida, creado a postrimerías del siglo XIX.

Su excelencia el gobernador del Polo Norte

Y llegamos, por fin, al punto final de esta gran aventura, que también es un punto de partida. Digo esto porque nuestro amigo Saturnino Farandoul se encontrará en un momento de inflexión de su vida que le hará tomar ciertas decisiones. Pero, no adelantemos acontecimientos, y acerquémonos de frente a la última función de este increíble teatro de guiñol repleto de fantasía, aventura, humor y críticas.

Sinopsis

Y aquí la sinopsis que he elaborado para Gaspar & Rimbau Editorial sobre Su excelencia el gobernador del Polo Norte: “Desperdigados por Europa y Asia, dados a la vida cómoda y relajada, los marineros de Saturnino Farandoul se arruinan. Así, vuelven a reencontrarse con su capitán para realizar una expedición al Polo Norte, pues ha llegado la noticia de que han encontrado focas que hablan latín. Nunca podrían imaginar, en esta última ruta por el mundo, que acabarían formando una aldea flotante, a merced de los elementos y de un gigantesco banco de arenques, con otros carismáticos personajes. ¿Resolverán el misterio de las focas que hablan latín? Sin duda, están muy cerca de encontrar la verdadera felicidad de forma inesperada…

Además de novelista, Albert Robida fue ilustrador, grabador, litógrafo y editor. Prueba de ello son las hermosas ilustraciones que acompañan a esta edición Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul, y que forman parte de las innumerables obras con las que decoró sus novelas. Muchas de ellas superan las expectativas que hoy en día podemos tener acerca de la creatividad decimonónica. Robida supo atender las necesidades de la proto-ciencia ficción que se expandió en un siglo de grandes adelantos y predicciones.”

¿Dónde nos quedamos?

Tras la carrera por rescatar al Elefante Blanco sagrado del rey de Siam en la anterior entrega, nuestros amigos se convierten en millonarios, y se desperdigan por el globo. Parece que por fin la suerte les sonríe, aunque por poco tiempo, porque lo que consigue su nueva fortuna es meter en líos a más de uno. De todo esto dan cuenta los dos primeros capítulos del libro, donde se relatan las maquinaciones, desgracias y situaciones absurdas y alocadas que muchos de nuestros protagonistas viven en algunos puntos del mundo, sobre todo en París.

Curiosa introducción, porque todo va girando alrededor de la Ópera de París, con todo lo que conlleva. La vida ociosa, lujosa y de excesos del padre adoptivo de Farandoul y los marinos que lo acompañan acopla muchísimos vocablos cultos como demi-monde, high life, etc…, entre otros; muchos relacionados con la aristocracia, la vida mundana y más términos cultos que aparecen, debidamente explicados, en las notas al pie de página que he colocado en esta edición para que nadie se pierda por el camino.

Riqueza de vocabulario que no pasará desapercibida para los ávidos lectores, acostumbrados ya a las sorpresas del autor en cuanto a originalidad.

Protagonismo de secundarios

Como he comentado en anteriores entregas, uno de los rasgos de estas novelas es que apenas quedan perfiladas las personalidades de la mayoría de personajes. Sin embargo, y aunque sea de forma ligera, en este último capítulo vamos a asistir a algo insólito: las aventuras de algunos de los marinos más destacados de la compañía de Farandoul (Escoubico, Kirkson, Tournesol…), que darán cuenta de algunas de sus características personales. La más reseñable es su capacidad para meterse en líos, ¡cómo no!

Aunque eso ya es parte de todos, creo. Quienes hayáis llegado hasta aquí no podréis negarme que son una calamidad, y solo parecen ser felices al filo del peligro. ¡Si el propio narrador lo reconoce!: “Farandoul tenía ya grandes proyectos. Comprendiendo que a hombres de este temple la vida ordinaria no es suficiente, y que les es preciso hasta para su salud la acción de los peligros, las grandes empresas fértiles en emociones, había resuelto firmemente arrancarlos a los peligros del far niente para lanzarse de nuevo con ellos a la vida de aventuras.”

La última aventura

Los motivos por los cuales comienzan otra aventura presentan varios frentes. La causa principal es el descubrimiento de unas focas en el Polo Norte que hablan latín. La idea de que en el Polo Norte sobrevive una colonia romana se extiende por toda Francia, y en numerosas naciones deciden organizar una expedición para encontrarla. Así, nuestros amigos, siempre en vanguardia, ambicionan llegar primero. Está claro que esta vez, es el capricho de la propia aventura lo que empuja al grupo de la Bella Leocadia a zarpar hacia el Polo Norte. Pero antes, recibirán una amenaza: el gobernador del Polo Norte no quiere que vayan. ¿Quién será este gobernador?

¡El Polo Norte! ¡Zarpar! Palabras demasiado fáciles de pronunciar pero que esconden algunas aclaraciones necesarias. No es tan sencillo, pues. Porque hay más ingredientes en este guiso. Vamos a empezar, ahora sí, el último viaje muy extraordinario de Saturnino Farandoul.

El Polo Norte, ese gran misterio

gobernador del polo norte
El banco de arenques es atacado por sus depredadores en El gobernador del Polo Norte. Imagen: archive.org

Quiero entrar en detalles de la misión principal a la que se apuntan los marinos: el Polo Norte. Ese vasto territorio inexplorado en siglos anteriores se vio acechado por el hombre occidental en el siglo XIX, principalmente para alcanzar el Polo. Algunas expediciones partieron a lo largo del siglo, una de ellas en 1879, fecha de publicación de los libros de Albert Robida referentes al carismático Farandoul. Por lo tanto, ya existía algún conocimiento de sus características en el momento de escribir esta aventura.

La literatura no se privó de ello, y es así como en 1864 aparecía Viajes y aventuras del capitán Hatteras, de Julio Verne. Precisamente este es el personaje que nos regala Robida en El Gobernador del Polo Norte, con un Hatteras malvado y odioso que pondrá en apuros a nuestros amigos. No sería el único título hasta la fecha, pero tenemos que incluir al Polo Sur como protagonista y detonante de otras aventuras, como Aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, en 1838; obra que continuó Verne y, en cierto modo, H.P. Lovecraft ya entrado el siglo XX.

El terror en el Polo

Como anécdota, y ya que estamos en materia, para entrar en calor en medio de tanto iceberg, os recomiendo la historia de los barcos Erebus y Terror, que zarparon en 1845 para encontrar un paso hipotético a través de las tierras heladas del Polo Norte que unía el océano Atlántico con el océano Pacífico. Por supuesto, la expedición desapareció, pero los barcos fueron encontrados hace pocos años, en 2016.

Dan Simmons

Existe ya alguna obra que cuenta los detalles, y una novela de ficción escrita por Dan Simmons, titulada El Terror, de la que hay una serie ―magnífica― protagonizada por el genial Jared Harris, que cuenta, hipotéticamente, los peligros a los que se enfrentó la expedición y los motivos de su desaparición. Es obvio que el misterio, el terror y lo sobrenatural son el escenario en el que se desenvuelve la historia, pero también juega un papel importante la psique humana y la presión a la que los hombres que formaban parte de la expedición fueron sometidos por las condiciones ambientales.

Después de este breve inciso ―que estoy seguro de que os servirá para alimentar esas mentes inquietas como las de Saturnino Farandoul, del que aún no estoy hablando demasiado―, quiero remarcar el interés que ha suscitado siempre el Polo Norte, los lugares de extremas condiciones climáticas existentes en ellos, y el ímpetu que ha empujado a miles de seres humanos a adentrarse en su seno desconocido sabiendo de antemano los peligros irreductibles a los que se enfrentan.

Los límites de Farandoul

Uno de ellos es el infatigable Saturnino Farandoul, y así como su creador, Albert Robida, siente la misma fascinación por los descubrimientos y las expediciones, allá que se embarca dispuesto a llegar, de nuevo, a donde nadie ha llegado; a superar los obstáculos y peligros que la Madre Naturaleza, como diosa imponente, procura lanzar contra las criaturas miserables y caducas que habitan en este mundo. ¡Ah, Farandoul no conoce los límites! A él todo eso le da igual. Sobrevivió al oleaje de un naufragio siendo bebé. ¡Qué le van a contar que no sepa! Lo lleva en la sangre y en su interior.

El ingenioso globo barquilla-chalupa

Tras algunos cómicos altercados, la tripulación y amigos de Farandoul pondrán rumbo al Polo Norte, en busca de esa colonia romana sobreviviente al paso de los siglos. No lo harán con pocos recursos, pues Farandoul (o Robida, en este caso), inventa otro cacharrito magnífico para llevar a cabo sus objetivos: el globo barquilla-chalupa. Este es solo uno de los ingenios que aparecerán a lo largo de la narración. ¿Qué es la barquilla-chalupa?: “La barquilla era sencillamente un barco, un verdadero barco ligero, pero sólidamente construido y reforzado con placas de hierro, un barco provisto de todas sus piezas y pronto a hacerse a la mar cuando fuese necesario.”

Lo más sorprendente de este artilugio no es solo lo que es, sino lo que puede hacer, porque, como su nombre indica, es una barquilla sujeta a un globo, también reforzado y equipado, que puede volar o navegar a voluntad y según las necesidades. Nuevas prácticas científicas y tecnológicas que avivan la cultura y la imaginación. Siempre sorprenderá lo adelantados que estaban nuestros colegas del siglo XIX respecto a muchas cosas.

Más inventos sorprendentes

El otro artilugio que inventa Farandoul serán las boyas magnéticas, que son cápsulas flotantes con imanes que, gracias al magnetismo, navegan directamente y sin necesidad de motor de tipo alguno, hacia la “isla” del Polo. ¿No es increíble? “—Son boyas salvavidas de un sistema particular. En el centro de la boya se encuentra un tonel de hierro perfectamente impermeable, provisto en su parte superior de una cúpula cónica con un tragaluz de cristal. A causa del hierro imantado, una vez en el agua marchará derechamente al Polo tan sólo por la atracción.”

Vemos, pues, que en las postrimerías del siglo XIX la ciencia está muy pero que muy desarrollada, y cualquiera puede tener conocimiento de ella para ocasiones como esta: “―Marchamos a todo vapor, y nuestra velocidad está aún acrecentada por un fenómeno particular; nuestra chalupa, que está casi enteramente forrada de hierro, sufre la atracción del Polo y vuela literalmente hacia la isla.”

A estos ingenios les podemos sumar muchos más, y ya sabéis cómo era Robida en cuestión de inventos y tecnología, puesto que ya he comentado en anteriores reseñas cómo se las gastaba el señor. En El gobernador del Polo Norte tendremos nuestra ración de sorpresa y ciencia, como siempre.

Aprovechando condiciones… y a los animales

No me detendré en detalles que repiten protagonismo en este volumen, solo los mencionaré. La básica humanización de los animales. Vuelve Robida a describir a los animales con emociones, pensamientos y acciones humanas. Los osos polares, las focas parlanchinas, y sobre todo los arenques. ¡Arenques! ¡Un monstruoso banco de arenques con inacabables metros cuadrados! ¡Desproporcional espectáculo de la naturaleza! Luego comentaré sobre el banco de arenques, puesto que será crucial para la segunda parte de la aventura.

Sin embargo, sí que matizaré que el culmen de humanizar animales que ya vimos en El rey de los monos sigue aquí, pues describe al padre adoptivo de Farandoul como una persona más, salvo en su lenguaje, que no habla, sino gesticula. Y, además, tiene un papel de referencia al principio de esta historia; determinante diría yo.

Críticas: capitalismo

Tenemos un tema interesante para comentar acerca del contenido de El gobernador del Polo Norte. Y no, no es ese personaje misterioso que firma como tal y que amenaza a Farandoul y sus marinos para que no partan a la expedición. Me estoy refiriendo a una nueva crítica a la sociedad desde cierta perspectiva: el capitalismo. La explotación al límite que ciertos personajes malvados desean realizar en el Polo Norte para enriquecerse con sus recursos y estrategias de localización es contundente. Lo sabéis, ya lo habéis leído, sí.

Quizá sea muy temprano para hablar de activismo medioambiental, pero Robida era precursor en muchas cosas. Estoy más que seguro de que en este tema mataba varios pájaros de un tiro. Prestad mucha atención a los detalles de la estancia en la isla del Polo de nuestros amigos.

Cocinados y comidos

¡No os asustéis! En esta ocasión no hay intención de canibalismo, aunque parezca lo contrario. Que no os pase como a mí, que con las veces que he leído este libro, ¡todavía pensaba que se comían a unos discípulos de Picolot! Son focas, las focas que tenía reclutadas para enseñarles latín.

¿De dónde salen estos personajes?

Hay un pasaje donde Picolot nombra a sus músicos, que también están con él. Pero luego… juro que ni se ven ni se nombran. ¿Error de Robida, de su editor? ¿Podría haberse solventado de otra forma? No lo sabremos nunca, pero bueno, cosas peores hemos visto en el cine, la televisión y literatura. Tampoco es para escandalizarse, ¿a que no? Y a Robida se lo perdonamos, porque nos hace tan felices con estas aventuras que si no estás atento, no reparas en este error.

Un hombre con recursos

Lo que sí está claro es la facilidad de Farandoul para salir de todos los baches. Recordáis, seguro, todas las veces que su mente estratégica ha salvado a su dueño y amigos de mil peligros. Y también recordaréis que sus aptitudes simiescas también figuran entre las facultades extraordinarias del personaje. Estas aptitudes consiguieron que en el pasado saliera ileso de situaciones realmente inevitables. Aquí, en el Polo, también tendrá ocasión de hacer alarde de sus conocimientos de primate.

En ocasiones, más que la fuerza y la sabiduría, la propia naturaleza, con sus sencillas normas, nos da la solución a un problema. Es lo que Farandoul hace con el lenguaje de los monos, los gestos, sus habilidades físicas, notablemente descritas en El rey de los monos.

El banco de arenques

Llegamos a uno de los puntos culminantes del último viaje de Saturnino en busca de aventura (aún le quedará otro…). El banco de arenques. Sí, un gigantesco banco de arenques protagoniza al menos dos capítulos del libro en la situación más increíble y disparatada que se pueda dar en todos los libros de Farandoul. Nuestros amigos, en alta mar, y de regreso a casa, se ven interceptados, cuando ya todo parecía perdido, por un banco de arenques. Estos bancos existen y son motivo de festín para ballenas y peces menores en los mares del norte de Europa.

Así pues, dada la amplitud del banco y la compacta disposición de los peces, que forman una plataforma perfecta para habitar sin hundirse (se hallan en plena superficie hasta unos metros más al fondo), los “náufragos” conseguirán alcanzar las costas rusas a bordo de este espontáneo personaje. Porque el banco, pese a estar formado por millones de ejemplares e individuos, se comporta como un solo ser. He aquí nueva referencia a humanizar a los animales.

Los arenques o el banco como un solo ser

Robida describirá los movimientos y fenómenos que ocurren en el banco como si de una persona se tratara. Esto ayuda siempre en la lectura, porque es como un personaje más, de hecho. Esta es otra de esas situaciones en las que Farandoul tiene que aprovechar las características de un animal para su beneficio: sobrevivir, claro, en esta ocasión. Tanto él como los demás. El banco de arenques será motivo de tantas risas como carcajadas, porque los personajes harán vida en él: se alimentan de los arenques, los usan para calentarse, le ponen su nombre a un diario… ¡en resumen, es el salvavidas de los humanos!

Incluso los habitantes de este singular habitáculo natural son conscientes del sufrimiento de los mismos, y hablan de lo que les duele tener que comerlos y quemarlos. ¡Incluso harán frente a las ballenas y perros de mar para que no mermen la comunidad piscícola donde se encuentran! “—He aquí un banco de arenques —dijo Mandíbul— que puede alabarse de haberle venido la desgracia al encontrarnos.”

Sufrimiento

Sus contradicciones activan el resorte humorístico de los lectores, como habéis comprobado, porque después, dice Farandoul: “—¡Un instante! —exclamó Farandoul—; los arenques son nuestros amigos y es preciso no dejarlos devorar así; es preciso defenderlos.” A lo que le contestan: “—¡Eso, eso! —gritó Tournesol—, batalla; no dejemos comer los arenques por nadie más que por nosotros.”

En cierto modo, esto suena un poco absurdo, pero es que es la especialidad de Robida. También he pensado que en época del autor no se tenía la misma percepción de la inteligencia de los peces como se tiene hoy en día.

Curioso cuando menos, porque nadie se come a tus amigos; y además, los necesitas para sobrevivir, o sea que aquí Robida pretendía mofarse de estas líneas de pensamientos. Vamos, digo yo. Pero es una novela, es ficción, y todo lo dicho aquí se queda en eso. En ficción, risas y humor. Aparte, debo mencionar que aunque la parte del banco de arenques es lo más divertido y esperpéntico de esta entrega, creo que ha sido demasiado extensa, y podría haberse resumido un poco .

Regreso a los orígenes

Nos acercamos al final. El final que es, en realidad, el principio de una vida plena. O eso creemos. Porque Farandoul, tras ir y volver del Polo Norte, haber encontrado y perdido hermosas damas en sus años de navegante y aventurero; de haber tenido el mundo en sus manos con los bolsillos llenos; de haber descubierto el misterio de las focas parlantes que gritan pater y mater, de encontrar por fin un amor que posiblemente sea duradero y haber surcado mares, tierras, ríos, cielos… de todo el mundo; Farandoul toma una decisión, que quizá esté en consonancia con lo que a veces muchos querríamos. Retirarnos a una vida tranquila.

El mundo patas arriba

Saturnino ha comprobado que el mundo no es lo que pensaba. Ha agotado las posibilidades en muy poco tiempo (pongamos que cada aventura ha transcurrido en un año, por lo que este es el quinto año, y habrá cumplido los 26). Es un joven que quería comerse el mundo. De hecho, se lo ha comido, porque lo ha destrozado, devorado, puesto patas arriba, ofendido y perseguido. ¡Vientre de foca! ¡Él mismo ha sido un elemento de discordia en medio de tanta belleza! Guerras, asesinatos, divisiones, muertes y desgracias. ¿Y para qué?

“Había reflexionado mucho, y había decidido sustraer a sus amigos a los peligros de una civilización demasiado avanzada. ¿Puede la verdadera tranquilidad existir en Europa, en ese país de estériles agitaciones, en ese rincón febril del mundo donde lo que se llama vida no es más que tormentos ridículos o placeres ficticios? No, no, no. Farandoul quería, después de una existencia agitada, hacer gozar a sus amigos de la pura e inefable felicidad de una vida pacífica en el seno de la soledad.”

gobernador del polo norte
¡Adiós Farandoul! Feliz vida en tu retiro lejos del mundanal ruido de la civilización. Final de El gobernador del Polo Norte

Conciencia de Farandoul

El tierno final descrito en las últimas páginas es todo un regreso a los orígenes. ¿Aguantará Saturnino en su retiro feliz por mucho tiempo? ¿Encontrará la paz y satisfacción que tanto ansiaba en su imprudente juventud? Tanto tiempo expuesto a la muerte y al dolor de la pérdida de seres queridos ha removido la conciencia del intrépido marino. Y sinceramente, no me esperaba este final. Pero, ¿qué otro final habríais preferido?

Me he quedado con ganas de más aventuras. O de una continuación. Sin embargo, ¿habría estado a la altura? ¿Estaría Albert Robida dispuesto a seguir con esta vorágine de críticas, peligros, ingenios, estrategias y originalidad?

Lecturas una detrás de otra

En el plazo de un año me he leído al menos cuatro veces cada uno de estos libros. Sí, no os exagero. Puede que sean pocas para la labor que he realizado al corregir y revisar los textos. Y a veces estoy hasta la coronilla de tanto viaje por aquí y por allá, que me lo sé de memoria (hablaré de todo ello en una próxima reseña especial).

No, no me he cansado. La labor ha sido satisfactoria, y lo volvería a hacer. Todo por este personaje que ha calado en lo más hondo de la literatura de aventuras decimonónicas, cuyo autor supo adelantarse por siglos a su tiempo. Los Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul han llegado a nuestros días con tanta frescura como cuando vieron por primera vez una estantería en las librerías francesas de antaño. En Italia causó furor y se pusieron de moda más tarde con los cómics y series de televisión que se crearon a lo largo del siglo XX.

Valoración final

Con los únicos “peros” de los errores de los mencionados personajes que salen y desaparecen sin razón de la narración y de la extensión de la aventura del banco de arenques, tengo que admitir que es mi segundo libro favorito del personaje. Y uno de los más variados en cuanto a situaciones y contenido: en primer lugar tenemos peripecias en París, luego el viaje al Polo Norte y, finalmente, llegada a Rusia. ¡Tres continentes ―por decirlo así― distintos en un solo libro!

Albert Robida no solo hace gala de su imaginación tecnológica, sino que incorpora, a lo largo de todo el texto, la ya mencionada otras veces metaficción (o metalectura) en su narración. Contrasta el punto álgido que alcanzan las barbaridades descritas en diferentes países con la mala vida de los millonarios marinos. Es posible que encontremos una crítica más profunda con esta variedad de situaciones y localizaciones, tan diferentes una de otra.

El gobernador del Polo Norte es el mejor colofón que podía tener el personaje: una exagerada sucesión de divertidas situaciones constante que deja en pañales a todo lo que se haya escrito después.

¡Adiós, Farandoul!

Buen viaje, Saturnino Farandoul. Has vivido intensamente, y ahora te toca disfrutar de la paz y el silencio de la civilización junto a tus seres queridos. Ojalá nos volvamos a ver para reír y pasar mil peligros juntos. Esto no es el final. Aún te queda mucha vida para decidir echar un vistazo a lo que pasa en el mundo de los urbanitas. ¡Gracias por los mágicos momentos que nos has hecho pasar, y hasta la próxima aventura!


Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul V. Su excelencia el gobernador del Polo Norte. Albert Robida, 1879.

Gaspar & Rimbau Editorial. 2021.

Traducción: Antonio Castiñeira.

Ilustraciones: Albert Robida.

Rústica, ilustraciones a color y B/N. 196 páginas.

Introducción y notas al pie de la misma: Alberto García Gutiérrez.

Revisión y corrección del texto a cargo de Marcos A. Palacios.

Notas al pie: Grupo G&R.

ISBN: 978-84-18613-42-5

Tripulación CosmoVersus

Marcos A. Palacios
Marcos A. Palacios
Administro CosmoVersus y colaboro con la Editorial Gaspar & Rimbau, donde he publicado mi primera obra antológica 'Fantasía y terror de una mente equilibrada' y corregido y anotado los libros de los 'Viajes muy extraordinarios de Saturnino Farandoul', entre otras ocurrencias. Mis reseñas van más allá del mero apunte de si este o aquel libro me ha gustado mucho o no. Busco sorprender y animar a los lectores a leer y compartir mi experiencia personal con los libros, igual que los compañeros de CosmoVersus. Soy muy retro, y no por mi edad, pues a los 20 años ya estaba fuera de onda. Perdón por no evolucionar al ritmo de los tiempos, pero es que soy yo.

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