Haciendo magia: Cómo evolucionó la música del cine fantástico

Melodías vagamente medievales, trompas, trombones y tubas profiriendo fuertes gritos, pasajes ominosos y potentes… y un poco de magia, son todos los apelativos que nos suelen venir a la mente cuando pensamos en la música del cine fantástico, la «música fantástica»… En el primer aniversario de CosmoVersus: Haciendo magia: cómo evolucionó la música del cine fantástico.

Haciendo magia

Pero, ¿de dónde viene esta concepción? Después de todo, el género fantástico viene originalmente de los relatos y los cuentos de hadas tradicionales, como los recogidos por los Hermanos Grimm, o en Las mil y una noches; lo normal sería que el cine fantástico nos retrotrajera igualmente a las melodías y canciones tradicionales, ¿no?

Pues bien, puesto que el cine, siendo un arte bastante joven, toma bastantes rasgos de sus otras compañeras, nos trasladaremos al pasado para hallar una explicación.

R. Wagner: «El oro del Rin» – 1. «Entrada de los dioses en el Valhalla».

…concretamente, al verano de 1876, cuando Richard Wagner estrena su imponente ciclo de cuatro óperas El anillo del Nibelungo. Estas obras duran la friolera de 15 horas y media (alrededor de 3 horas cada una), y representan la cumbre tanto musical como libretista de Wagner, que escribió ambas partes durante un riguroso proceso de veintiséis años.

La ópera

A estas mastodónticas óperas se las puede considerar un precursor del género fantástico en el arte en general, pues Wagner basó la trama en la épica mitología nórdica. La verdad es que, en esta época, no era extraño tomar historias populares y dramatizarlas; pero Wagner se distingue de sus contemporáneos y eleva el material otorgándole una complejidad a la historia y los personajes poco común, y colocando este ciclo entre los géneros de la Alta y Baja fantasía (no se olviden de estos términos, los reutilizaremos más adelante).

¿Y cómo suena esta epopeya fantástica, según Wagner? Pues con metales profundos y pesados, melodías complejas, que evolucionan junto a la psicología del personaje al que representan (lo que él llamaba leitmotifs), y sonidos que rompen y amplían los márgenes a los que la música podía llegar por aquel entonces.

«Tema de Excalibur» (Tomado de R. Wargner, «El Crepúsculo de los dioses» – Acto III, Escena 2: «Brünhilde, santa esposa»)

Innovación en el cine

Y todos estos rasgos… aparecen en prácticamente cualquier película, en realidad. La influencia de Wagner en toda la música posterior, pero especialmente en la cinematográfica, impregna las partituras, como es el caso de este tema de la película Excalibur (John Boorman, 1981), en el que se establece una melodía característica para determinadas situaciones, emociones o personajes (de hecho, este fragmento de la Banda Sonora directamente «toma prestada» la música de Wagner). Todavía hoy en día, Richard Wagner es uno de los autores usados para la temp music, es decir, la música que acompaña a las escenas de una película durante el montaje para ver «como queda» y dar una idea al compositor del sonido que busca la dirección.

Lo cierto es que, frente a los otros géneros, el cine fantástico presenta el handicap de no haber encontrado su propia voz (por lo menos, en Hollywood, que es donde nos centramos en este artículo), hasta la década de 1980.

Fantasía y ciencia ficción

No es hasta esta época que aparecen películas asentadas firmemente en este género; hasta entonces, este solía aparecer mezclado con la ciencia ficción (piénsese en «la fuerza» de La guerra de las galaxias), el terror, la aventura, e incluso la comedia costumbrista ─lo que ahora se llamaría «fantasía urbana»─. O, como mucho, aparece en forma de adaptaciones de cuentos de hadas (la llamada baja fantasía, en contraposición a la compleja y adulta alta fantasía; aunque ambos subgéneros, como con Wagner, pueden mezclarse).

Georges Auric – «Los corredores misteriosos»

Incluso en películas tan preciosistas y puramente fantásticas como La bella y la bestia (Jean Cocteau, 1946), la música no dista mucho de las bandas sonoras que ya se escuchaban en otras películas de otros géneros, sin tener un estilo particular. ¿Por qué cambió, entonces, precisamente hace 40 años?

El motivo exacto es difícil de encontrar; sí es cierto que los increíbles efectos especiales de películas como La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977), probablemente motivaran a otros estudios a abarcar este género poco explorado, ahora que la tecnología estaba a la altura de la imaginación. Por otra parte, el estreno de las adaptaciones a dibujos animados de El Hobbit (Jules Bass, Arthur Rankin, 1977), y de El señor de los anillos (Ralph Bakshy, 1978), unido a un movimiento literario reivindicativo, renovaron el interés por la Alta fantasía.

James Horner – «Elora Danan»

Espada y brujería

Surge entonces el género sword and sorcery, término despectivo para llamar a estas películas de fantasía ochenteras que, sin embargo, demostraron ser un éxito entre la audiencia, como atestigüan, por ejemplo, los 100 millones de dólares ─contra un presupuesto de 27─, recaudados por La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984).

Siendo una evolución (con un giro adulto y complejo), de la Baja fantasía, este cine se retrotrae a los escenarios y las historias habituales: la Edad Media, los héroes luchando contra toda adversidad, los monstruosos seres fantásticos… elementos compartidos con las historias que Wagner adaptó en sus óperas. Así que, obviamente, el siguiente paso era buscar inspiración en estas.

Indudablemente, en ninguna película se puede notar más esta influencia que en Willow (Ron Howard, 1988). La tierna banda sonora de esta igualmente tierna película no duda en tomar recursos e incluso sonidos wagnerianos para llevar al espectador a la fantástica época (más o menos), medieval que aparece en el filme. Un trabajo sublime de James Horner, sin duda.

Randy Edelman – «El último cazador de dragones» & «La cabalgata de Bowen»

Bandas sonoras épicas

El dramatismo y la potencia de Wagner fueron el molde sobre el que el cine posterior siguió poniendo música a las épicas aventuras, como en el caso de la música compuesta por Randy Edelman para Dragonheart (Rob Cohen, 1996). Sin embargo, ¿podemos decir que, treinta años después, esto sigue siendo cierto?

Se puede decir sin temor a equivocarse que, si el género fantástico fuese una actriz, la década del 2000 fue su revelación. La inmensa trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001-2003), cambió la perspectiva, no del público, sino de los estudios, que parecieron comprender por fin que este género podía ser absolutamente rentable, incluso en proyectos de gran presupuesto (ya se sabe que estos van siempre dos pasos por detrás de la sociedad).

Howard Shore – «La sombra del pasado»

Nuevas corrientes del siglo XXI

Si El señor de los anillos marca un gran giro para la Alta fantasía (adoptando el lenguaje de las grandes producciones hollywoodienses antes reservado para el género épico y de guerra), también su música precipita un cambio en las bandas sonoras: puede gustar más o menos, pero no se puede negar que Wagner, así como la música insipirada en él, tiene texturas muy densas y complejas (es decir, está compuesto por grandes barreras de sonido).

Si bien el trabajo de Howard Shore es realmente inolvidable, también se nota un profundo cambio respecto a las bandas sonoras anteriores, que no es más que la adaptación a nuestro género de la tendencia en todas las bandas sonoras post-1980: música más épica y accesible al espectador, más descriptiva aún y con textura más «espaciosa» y sencilla.

Javier Navarrete – «Nana de Mercedes»

No hay que ir muy lejos esta vez: en El laberinto del fauno (Álex de la Iglesia, 2006), la partitura de Javier Navarrete ya muestra rasgos de esta tendencia, que acerca la música del cine fantástico a la del resto de géneros.

¿Adónde nos dirigimos entonces?

Como en todo producto para una serie de espectadores, en el cine siempre cuesta predecir cuál será la próxima gran tendencia; pero, el hecho de que el género fantástico siga popularizándose cada vez más, con proyectos cada vez más grandes e impresionantes, puede que también permita darle alguna nueva vuelta al género y, como no, a su música.

Un buen ejemplo de lo siguiente que podría pasar sería la adaptación televisiva de Juego de Tronos (David Benioff, D.B. Weiss, 2011-2019), una excelente vuelta de tuerca al género fantástico mezclándolo con la literatura histórica (con la que comparte algunos rasgos sin serlo realmente), y la intriga política, fusión excelentemente reflejada en la banda sonora seria y sobria, centrada en instrumentos solistas como el violonchelo y el piano, de Ramin Djawadi.

¿Y, quién sabe? Con el gran avance del género fantástico, tal vez, algún día, el espíritu wagneriano sea recuperado. O, más probablemente, se cree algo completamente nuevo.

Ramin Djawadi – «Adiós, hermano»

Haciendo magia: cómo evolucionó la música del cine fantástico.

©Eduardo Melero Verdú, 2020

Edu Melero es colaborador en CosmoVersus. En su haber puedes leer su ‘Análisis de Elemental, el primer disco de Loreena McKennitt (1985)’ y sus narraciónes cortas Esperando el Amanecer, La vecina, Ollantaytambo, Videojuegos, La Mazmorra, Malva oscuro (más bien, violeta), La pianista, y Como un gato comiendo una raspa.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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