‘Charla familiar’. Un relato de Edu Melero Verdú.

Tia, nuestra heroína (más o menos), se despierta una mañana para encontrarse a su madre, una famosa bruja, esperándola en el salón. ¿Qué querrá decirle…? Bueno, tú puedes saberlo si sigues leyendo Charla familiar, un relato de Edu Melero Verdú.

Como un yunque que por fin liberara su presión sobre su cuerpo, Tia se había zafado de las sábanas que la envolvían de un empujón. Solía levantarse así, aunque luego tuviera que recoger el desastre de su cuarto; si no lo hacía de esta manera, ya no iba a tomar más la iniciativa de levantarse. Como otras muchas mañanas, bajó a ver qué podía papear en la cocina; y como no muchas otras mañanas, su madre estaba esperándola en el sillón de mimbre. Y sabía que estaba esperándole, porque le indicó que se sentara en el sillón con un gesto de la mano.

─¿Qué pasa…?

Normalmente, su madre sólo quería hablar con ella cuando, efectivamente, había pasado algo (o algo tenía que pasar pronto). No esperaba que fuera a regañarla ni por volver tarde, ni por levantarse tarde, pues a lo primero sabía que su madre estaba como un tronco cuando llegó a casa, y a lo segundo, no podía ser muy tarde, pues el resto de inquilinos de su vieja y estrecha casa estaban también en pijama, siendo la única vestida Megghie Duquesne; claro que esta situación tampoco le aclaraba mucho qué hora era:
─No pasa nada. Sólo quería hablar.
Efectivamente, algo pasaba, pues cuando su madre «sólo quería hablar», es que algo, efectivamente, estaba pasando. Megghie debió ver el miedo dibujado en la cara de su hija adolescente, pues ella misma dibujó una sonrisa por debajo de su sombrero floreado:
─Tia, ¿has visto las noticias?
─Pues… no, no las he visto.
─Ah, no pasa nada. Esto no tiene nada que ver.

Este era el tipo de humor que a la bruja le gustaba; Tia ya estaba acostumbrada, tras toda la vida viviendo con ella. Pero entendía perfectamente a quienes no lo pillaban.
─Y entonces, ¿sobre qué quieres hablar?
─Bueno. ─Otra sonrisa sardónica. Megghie ya estaba lista para hincarle el diente… a su tema de conversación─. Hablemos. Tia, hija mía, ¿has pensado alguna vez qué harás una vez acabes de estudiar?
O sea que era eso. Como siempre, su madre daba mil rodeos antes que hablar directamente de algo. De todas formas, Tia no estaba esa mañana para rodeos, o para hablar siquiera, así que cortó a su madre con un:
─Pues no, ni pienso hacerlo. ¿Es eso todo lo que tenías que decirme?
─Tia. Espera. No, no era eso lo único. Siéntate, por favor.
El tono de Megghie no era estricto, pero sí impositivo.
─¿Qué más quieres, si puedo saberlo?
─Hm. Te hacía esta pregunta, Tia, porque ya es hora de que vayas pensando en el qué. Qué quieres ser, qué puedes ser y qué serás.
Qué será, será…
─Exacto. Me imagino, hija, que no tendrás una idea clara de todo esto.
─No va muy lejos tu imaginación de la verdad.
─…por eso te quería proponer un trabajo.

¿Un trabajo? Esto era nuevo. Normalmente, este tipo de conversación acababa con Tia levantándose para ir a hacer cualquier cosa y Megghie poniéndose a leer cualquier libro en su sillón; pero esta última frase había intrigado a Tia, que le dijo:
─¿Un trabajo? Normalmente, este tipo de conv…
─Así es. Quiero que aprendas el… negocio familiar, si es que se le puede llamar así.
─Oh… ¡oh! Pero, mamá, si sabes que yo no sé hacer nada. Como mucho puedo seguir una de tus recetas, como me enseñaste, o… o hablar con algún cliente… aunque no se qué le diría… bueno… si insistes…
Y Megghie sonrió, pues tramaba algo, estaba claro:
─¡No, no! No, mujer, ¿cómo vas a hacer nada de eso? Tú no sabes, cariño. Para poder hacer mi profesión necesitarías unos cuantos años sólo para explicarte todos los efectos de las pociones.
─Oh.
Y se hizo un corto silencio, que Tia se vio obligada a cortar.
─Entonces, ¿qué quieres que haga?
Ahora sí, incluso Tia comprendió que su madre tramaba algo más… como de costumbre, así que no debería haberse sorprendido. La ancha sonrisa, casi sardónica, que recorría los labios de Megghie se lo dijo:
─Vas a tener que… entregar un paquete.

©Eduardo Melero Verdú, 2020

Edu Melero es colaborador en CosmoVersus. En su haber puedes leer su ‘Análisis de Elemental, el primer disco de Loreena McKennitt (1985)’ y sus narraciónes cortas Esperando el Amanecer, La vecina, Ollantaytambo, Videojuegos, La Mazmorra, Malva oscuro (más bien, violeta), Migas de pan, La pianista, y Como un gato comiendo una raspa.

Tripulación CosmoVersus

Eduardo Melero
Eduardo Melero
Si fuera cuadro en vez de persona, sería algo así como esas acuarelas de paisajes tan ajadas y difuminadas que parecen una pintura fauvista (cuando es en realidad un lago con nenúfares). Podría parecer que esto es una desvaloración a mí mismo, pero todo lo contrario: me encantaría tener todos esos colores.

Soy un periodista que, mientras está en paro, enseña música. También soy un músico que, mientras no toca, escribe críticas, diálogos, o cualquier burrada que se me pasa por la cabeza. Si veis mi nombre y frases aquí, es gracias al creador de este blog. ¡Pero no le digáis que os lo he dicho!

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